domingo, 31 de marzo de 2013

QUERIDO ANASTASIADIS

Hombre, si hubiera cerrado el blog, me hubiera despedido, y además nunca os hubiera dejado con una última entrada tan poco edificante como la de “Chof”. Así que aquí seguimos y qué mejor asunto para volver que mi amigo Anastasiadis…
Aunque lo parezca por el nombre, no es el cirujano de Asterix y Obelix. Este desconocido personaje del que no se ha hablado nunca en ningún sitio de Europa, ni siquiera el día en que fue elegido en las urnas, ha dicho la frase que muchos llevamos pensando desde hace varios días: “Con Chipre están haciendo un experimento”. Qué verdad más absoluta. Si no fuera así, nadie estaría hablando de esa pequeña isla en el este del Mediterráneo.
Si le preguntas a cualquier español qué es Chipre, dónde está, cuál es su capital… Lo único que conseguirás es que alguno se acuerde de la broma de Martes y trece en la que hablaban de las grandes potencias mundiales y se referían a “Soria y Chipre…Chí, precisamente esa”. Es lógico, se trata de un país pequeño, lejano, con el que tenemos poco en común.
Pero de pronto los problemas económicos de esa islita hacen tambalearse de nuevo al Euro, pisotean los brotes verdes, asustan a los mercados, dan argumentos a los más torpes políticos para decir estupideces en ruedas de prensa en Bruselas y le permiten a la abuela feroz dar un nuevo golpe en la mesa para recordar a todo el mundo quién manda. Están hablando de cinco o diez mil millones, pecata minuta en el mundillo de los agujeros negros comunitarios, algo que perfectamente se podría haber manejado con un poco más de mano izquierda y con los focos apagados.
Sin embargo se elige otra estrategia. No sé si por torpeza y mediocridad, que hay mucha, o por intereses premeditados de los mercados de San Miguel y San Martín, o porque una vez más nos están manipulando. Apuntar con todos los focos hacia Nicosia y conseguir que todo el mundo mire hacia allí atemorizado, creando una nueva crisis de confianza global, metiendo miedo a los ciudadanos con el corralito para que no se piensen que sus ahorros están a salvo y dar una nueva imagen de debilidad europea frente a la soberanía alemana, no puede ser un hecho casual.
Nos dirán que es para terminar con los paraísos fiscales, con lo cuál suponemos que a continuación meterán mano a Luxemburgo, Andorra, Mónaco, Isla de Man… Pondrán a los ricachones rusos como los malos de la película que pagarán con su dinero negro de malas, malísimas, prácticas, pero los perjudicados volverán a ser los mismos.
Querido Anastasiadis, espero que tengas razón y que sea sólo un experimento, miedo me da que la teoría de la conspiración vuelva a ser cierta y que todo esto sea un movimiento de ajedrez para que unos cuantos se forren o unos países se fortalezcan frente a otros. O lo que es peor, quiero pensar que esto no es simplemente una torpeza de políticos mediocres, eso sí que me da pánico. En cualquier caso, vete preparando que llega otra vuelta de tuerca, y no será sólo en Chipre, también en Soria.
PD Mirad en el mapa como Chipre está pegado a Siria. Todos agobiados por el dinero de uno e indiferentes a los muertos del otro.

lunes, 18 de marzo de 2013

¡CHOF!

No es muy original decir que no me gustan los "reality shows". En verdad, no puedo juzgarlo objetivamente porque nunca he seguido ninguno y el mando de mi tele tiene un resorte que cambia inmediatamente de canal cuando detecta cualquier tipo de concurso de jóvenes desvergonzados intentando hacerse famosos a cualquier precio, ante un jurado de famosetes histriónicos encantados de hacer el ridículo por un puñado de euros. Es lo que todo el mundo reconoce como telebasura, pero una buena parte de los españoles consume con gusto.
Siento cierta vergüenza de un país o un mundo, cuyas personalidades más ilustres son aquellos que más gritan, más insultan y menos rubor tienen ante la cámara. Gente que, lejos de pasar desapercibida, presume de los valores más repudiables en una sociedad medianamente civilizada. Personajes famosos, cuyos méritos se limitan a ser hijo de, exmarido de, viuda de o exladrón, excorrupto, exdeportista fracasado o simplemente payasete... pero que matarían por mantenerse de por vida en esa putrefacta alfombra roja que les aporta dividendos por hacer el tonto.
Pero ellos, en el fondo no tienen la culpa, porque al fin y al cabo, están aprovechándose de el mediocre negocio de la tele-tonta, la tele-imbécil que sólo se guía por audiencias y desoyendo de su responsabilidad como gran medio de masas, frivoliza con la capacidad intelectual del espectador. Vamos, que nos llaman idiotas con todas las letras y nosotros lo aceptamos. Esos gigantes mediáticos que después se ponen muy dignos a la hora de juzgar, exigir a los políticos y hacer periodismo de investigación de gran altura, son los mismos que nos envenenan, echándonos en el plato repugnantes dosis de Faletes, Olvidos Hormigos, Jesulines y Álvaros Bultós.
Como además carecen de excesiva creatividad y valentía, su línea de trabajo es siempre la misma, mirar de reojo al de al lado y copiar, copiar y requetecopiar. De ahí que por casualidad surjan a la vez dos programas sobre algo tan interesante y trascendental como son los saltos de trampolín. He visto sólo las promos de ambos y he quedado absolutamente alucinado con la estupidez humana. Nada nos puede hacer más felices que ver a alguien poco agraciado físicamente haciendo el más sonoro ridículo saltando torpemente al agua, siguiendo la histórica tradición hispana de los esperpentos.
Pero es como la política, pueden hacer lo que les dé la gana porque luego llegamos los españolitos y los refrendamos, ya sea en las urnas o con el mando a distancia. Y si mañana nos ofrecen el nuevo show multipantalla "mira quién caga..." ahí estaremos todos para reventar el medidor de audiencias comparando las heces de Julián Muñoz con las de Guti o incluso de Belén Esteban. Tiempo al tiempo.

miércoles, 13 de marzo de 2013

EL PAPA BOLUDO

Ratzinger era difícil de pronunciar y se puso el mote de "Benedicto XVI" que no había forma de recordar. Bergoglio es igual de difícil de decir sin hacer gárgaras, pero por lo menos se ha puesto el mote de "Paco". Eso sí, los dos comparten un pasado con alguna que otra sombra. Pero tranquilos, que no vengo hoy a hablar mal de la S.I.C., aunque desde que he oído que el Papa es argentino, no he parado de cantar la canción de Violeta Parra "Qué dirá el Santo Padre..."
Vamos a darle un tiempo de cortesía a Jorge Mario (coño, se llama igual que dos de mis "cuñaos", otro punto flaco). Lo que quiero contar es que me lo he pasado muy bien durante estos dos días con el ritual medieval de elección del Pontífice y el desafío de la iglesia al siglo XXI y a toda su tecnología, con un método tradicional lleno de magia y encanto. He oído muchas críticas a la iglesia por no adaptarse a los tiempos que corren en este asunto y sinceramente no las comparto. Si hay algo bonito y rico en la iglesia católica es su legado artístico y cultural y el respeto a las tradiciones en las formas. Me encanta el "Extra omnes", la Capilla Sixtina cerrada a cal y canto, la chimenea cutre y el humo hecho con azufre (que le compran al mismo Satanás). Otra cosa es que ese respeto al pasado e inmovilismo no se limite sólo a las formas y quede también plasmado en el fondo, sin dar el giro de acercamiento a la realidad, al pueblo y al verdadero mensaje igualitario y justo que debería promover y predicar la religión más "consumida" del mundo.
Pero también me lo he pasado muy bien por los comentarios de mi hijo Lucio, que a sus seis años ya sabe bastante: "El Papa es el nuevo señor que van a cambiar porque el otro es muy viejo y se cansa mucho de viejo y lo elige el jefe de la iglesia (...) el Papa es el que está en las iglesias, que son como castillos de los caballeros, pero más pequeñas y sin caballeros. Las iglesias son para llevar a los muertos y el Papa es el que dice quién se ha muerto y cuando nació el que se ha muerto. Los muertos luego los llevan al cementerio que es donde está Dios, que no sé quién es, pero que se murió hace mucho".
Como podéis ver, el chavalillo ha heredado el mal rollito de su papá (con tilde en la segunda "a") por los asuntos fúnebres o por lo menos su humor negro. O quizás al ver el humo se le ha subido a la cabeza, porque después de tan sabia disertación se ha dirigido a su madre al grito de "¡Messi, traeme agua!"... Ay, que nos colonizan los argentinos, ¡boludo!

martes, 12 de marzo de 2013

LA HUELGA

Cómo mola pegarte el madrugón, llegar al aeropuerto y que te digan que tu vuelo está cancelado y que te busques la vida porque no tienen ninguna alternativa para ti. El otro día fuimos unos de los damnificados de la huelga de personal de Iberia, que afectaba a otras compañías como Vueling y lo único que nos ofrecieron fue comprar un nuevo billete para otro vuelo y reclamar a través de internet la devolución del billete anulado... Vamos un "Dios te lo pagará, pero cuando acabe el cónclave".
Respeto y defiendo el derecho a la huelga frente a los atropellos de algunas empresas o administraciones que cambian con enorme facilidad las normas del juego y los contratos pactados y firmados entre dos partes. Entiendo a los trabajadores de Iberia que ven como vuelven a ser la pieza más frágil en una fusión en la que unos pocos se van a forrar a costa de dejar en la calle a muchos currantes.
Sin embargo hay algo que nunca he comprendido y que me crea cierto ardor de estómago: la desigualdad de las personas ante la huelga. Si consideramos la huelga como un derecho universal de defensa de los trabajadores, no me parece justo que esta herramienta sea muy útil para algunos y totalmente inútil para otros. Cuando los trabajadores deciden paralizar aviones, trenes o gasolineras, su posición de fuerza es enorme porque su rehén es toda la sociedad. El ejemplo lo tenemos latente con otro conflicto actual, el de los trabajadores de Roca, que por mucho que se declaren en huelga, no van a conseguir que la gente deje de cagar o que lo haga en el campo. Tampoco pasa nada cuando los periodistas de El País, a modo de protesta por el ERE deciden no firmar sus artículos. Y mucho menos cuando los empleados de Telemadrid nos dejan la pantalla negra durante varios días, eso casi lo agradecemos.
Es cierto, la mayoría de los ciudadanos estamos indefensos ante este sistema reivindicativo porque sufrimos las consecuencias de las huelgas de los servicios imprescindibles y de poco nos sirve el derecho de huelga en profesiones sin las cuales el mundo puede sobrevivir. Nada pasa si mañana se ponen en huelga los organizadores de eventos, ni las agencias de publicidad, ni los laboratorios fotográficos, ni los fabricantes de lentes de contacto, ni los pasteleros de IKEA, ni los limpiacristales de rascacielos, ni los mecánicos de aspiradoras, ni los fresadores de rodamientos, ni los productores de zumo, ni los repartidores de pizza.
En cambio hay una serie de trabajadores que tienen cogidos por los cataplines a sus patrones y a toda la sociedad, porque si se paran ellos, se para el mundo. Es el caso de los transportes, de los médicos, de la funerarias, de los testaferros y por supuesto, de los futbolistas y/o árbitros... Hasta ahí podíamos llegar.




domingo, 10 de marzo de 2013

PERDIDO EN LA CASA DE CAMPO

Creía que conocía la Casa de Campo como el pasillo de mi casa, pero no, sólo estoy familiarizado con un trocito, el que recorrimos una y mil veces diseñando circuitos para carreras de mountain bike, durante más de quince años. El caso es que recientemente estoy volviendo al lugar de los hechos para que sean mis hijos los que recorran senderos y caminos con las bicis. Y me alegro, porque los madrileños nos olvidamos muy pronto de que la Casa de Campo está ahí y de la suerte que tenemos de tener un espacio así, integrado en la misma ciudad.
El sábado, mientras Dieguillo y Luis recorrían el "pulmón de Madrid", desde Garabitas hasta el Lago, entre el Zoo y la bajada de la muerte, yo disfruté como un enano dando un largo paseo por los embarrados senderos cercanos a la tapia. Estuve a punto de irme a caminar por las urbanizaciones cercanas o incluso por algún centro comercial, por aquello de que soy más urbanita que campestre, más antropólogo que biólogo, pero finalmente me armé con el periódico y eché a andar senda abajo.
No es fácil caminar y leer a la vez, pero si te gusta meter los pies en los charcos y tropezarte de vez en cuando con alguna raíz, es entretenido y dicen que sano. Lo de andar, para el corazón; lo de leer, para la mente.
Al principio opto por pistas anchas para no tener que fijarme en el suelo y poder concentrarme en el funeral de Chávez, pienso un chiste de mal gusto con el cadáver y el nombre de su sucesor; paso pagina, a la sucesión de Ratzinger, y se me atraganta la primera subida y la enmarañada información sobre la curia, los curas, el cónclave, los cardenales y la chimenea. Qué bonita la historia del humo, lo que le gustaría a mi hijo ser el encargado de hacer la fogata. Una madre gritando a su hija por meter el pie en el barro me saca del periódico, miro para arriba y encuentro miles de pinos verdes sobre frondosa hierba; si cambiase las bicis por vacas y los runners por pastores, pensaría que estaba en Asturias o incluso en Suiza.
Me vuelvo a meter en el barro, fango, terreno pantanoso, el del papel del diario: la Infanta Cristina, el ayuntamiento de Ponferrada, Rato en Bankia y ¿cómo no? mi gran amigo "Luis el cabrón", que no tiene nada que ver con el que está montando en bici con mi hijo, pero sí con los paisajes suizos. Me retiro de los caminos anchos porque están llenos de bicis que me pasan rozando y decido ir campo a través o por senderos estrechos, la auténtica esencia del mountain bike y que ninguno de los "globerillos" se atreve a coger. Hago una larga y enriquecedora bajada con Goytisolo y con Muñoz Molina, pero al final de un barranco empiezo a sentir que me he perdido y cambio de rumbo, subo una empinada rampa hacia el sur con Soraya, echando el bofe, con los "presuntos" impresentables del Madrid Arena y con el riñón de Javier Solana. Corono la cuesta con ese agobiante sabor a sangre en la garganta y empiezo a quitarme ropa porque el sol pega fuerte, justo en el momento en que aparece el blandorro Adelson y su instructivo proyecto cultural, Eurovegas; según lo leo me sigo quitando ropa y aparece detrás de un arbusto una de las fieras autóctonas de la Casa de Campo, una despampanante rubia en tanga... Pero qué imaginación tenéis, pervertidos...

jueves, 7 de marzo de 2013

TOCA MUDARSE

Que padezco el mal de Diógenes es algo de sobra conocido, pero este trastorno suele estar oculto en la profundidad de los armarios hasta que llega el momento, enternecedor momento, de una mudanza. Durante esta semana me ha tocado adentrarme en las profundidades de mi despacho para sacar esas cosas tan útiles que llevaban allí guardadas desde hace más de veinte años y que, por supuesto, seguirán guardadas en el mismo armario durante los próximos equis años, hasta el momento en que me echen o me saquen con los pies por delante y os toque a vosotros limpiar mi mierda.
Como terapia de choque me he obligado a tirar por lo menos un 30% de mis pertenencias y lo he conseguido. A decir verdad, me lo han puesto muy fácil las propias cosas o es que alguien hubiera tenido interés en mantener en un cajón el dossier del campeonato iberoamericano de atletismo de Huelva o de un equipo de balonmano de segunda división o de un torneo de ajedrez en México o el recorrido de la Vuelta ciclista del 94 o nueve ediciones de la agenda de la comunicación o un libro de poemas relacionados con el fútbol o un listado de empresas suecas afincadas en España... Menudo potingue se habrá preparado en la planta de reciclaje de papel.
Sin en cambio, hay otros enseres que han pasado el primer corte y han conseguido llegar hasta el nuevo despacho, a pesar de su escasa utilidad. Es el caso de decenas de proyectos inacabados o fracasados, una carpeta con cartas de clientes diciendo que "NO" (¡qué majetes!), kilos y kilos de dossiers o recopilatorios de prensa, un folleto que hicimos y repartimos por toda España sin darnos cuenta de que habíamos escrito Srite en lugar de Sprite, una postal enviada por Edurne Pasabán desde lo alto del Kanchenjunga (el cartero sí que era un gran escalador...), una revista Interviu con "interesantísimos" reportajes y una crónica del Sahara Marathon, varias pegatinas pidiendo la libertad de Bradley Manning, algunas fotos "dedicadas" de prostitutas de Las Vegas, un Sagrado Corazón de plástico y centenares de tarjetas con contactos inservibles porque, en casi todos los casos, han cambiado las direcciones, los teléfonos o las personas.
De todas formas y aunque da pereza, una mudanza es un ejercicio muy sano, en lo físico y en los psíquico, porque sirve para poner en orden tu vida, dejar atrás malos rollos y refrescar un poquito la memoria. Es curioso, pero en los criterios de selección para salvar o condenar documentos, la antigüedad es un grado y las cosas de los noventa tienen solera y cuesta mucho tirarlas, por estúpidas que sean; una vez pasado el 2.000 parece como que ya es moderno y sin interés y de los últimos años, apenas encuentras información porque está todo en ordenadores.
Para quienes no lo habéis visto, no os perdáis el vídeo que hemos hecho de la mudanza. Por cierto, yo soy el saharaui y las chicas, mi harem.
PD. Los cuadros que se ven al fondo del despacho son de Montserrat Gómez-Osuna y Lucio Muñoz Avia, dos grandes pintores.

lunes, 4 de marzo de 2013

NEGRO SOBRE BLANCO

Últimas novedades del caso malgache. Nuestro invitado procedente de la isla más grande de África continua en casa, pero apenas ha aprendido tres o cuatro palabras de español. Eso sí, como se trata de un intercambio, el pequeño Lucio ya sabe decir cuatro palabras en francés: "Oui, arret, canard et poulet", lo que le garantiza la supervivencia en caso de perderse en Francia. No me preguntéis cómo ha llegado a esas palabras, que no lo sé. También le ha servido al canijo para hacer una sabia y profunda reflexión sobre los colores: "Papá, todas las personas tienen el cerebro rosa, yo lo tengo rosa, los de Madagascar lo tienen rosa y hasta los chinos lo tienen rosa". Esta transcendente teoría la dedujo mientras yo fracasaba en mi búsqueda de liendres y piojos en su mollera.
La otra lectura que uno hace después de tener un chaval subsahariano en casa, es que nuestro país, por mucho que presumamos de lo contrario, todavía no está acostumbrado a convivir con otras razas. Un negro sigue siendo alguien extraño en nuestra sociedad y si lo sacas del contexto habitual en el que estás acostumbrado a verlo, la gente suele reaccionar con extrañeza. En el colegio, en la tienda, en el restaurante, en la oficina, en todas las partes donde he entrado acompañado por este amigo de mi hijo, la gente ha reaccionado con espontánea extrañeza, seguida de hipócrita y desmesurada simpatía. De hecho, la semana próxima viene a casa otro chaval americano, pero de origen indio y prometo seguir con el estudio sociológico y compararlo con la reacción anodina y de absoluta normalidad que este verano vivimos cuando paseábamos por todo Madrid con otro yankee, pero más blanquito y rubito.
Y como si de una casualidad se tratara, los deberes de Martín para el fin de semana consistían en escribir una redacción sobre el racismo, sobre el diferente trato a las personas en función de su raza. Redacción que tuvo que hacer a escondidas porque le resultaba violento hablar del tema delante del  invitado, por si se daba por aludido.
Dieguillo, que ya está acostumbrado al mestizaje, puso todo su empeño en que el chaval aprendiera a montar en moto y llegó a acusarme de racista porque yo no era partidario, no fuese que tuviéramos que ir al hospital a dar explicaciones difíciles de entender: Chico de Madagascar en intercambio se rompe la crisma en pueblo alcarreño aprendiendo a montar en moto con señor mayor de pelo blanco. Al final, como siempre, cedí a la cabezonería de mis hijos y le dí una clase magistral al malgache, que por cierto, no es precisamente James Stewart. Lo dejo que esta entradita está empezando a ser racista...
PD. Stewart, ídolo de mis hijos, es el primer piloto negro que ha ganado el campeonato americano de supercross.

viernes, 1 de marzo de 2013

EL CHELI

El Cheli habla en saldañés. Ya le pueden cuidar en Saldaña por su trabajo en la difusión de la cultura palentina. Con su idioma trastabillado y su estilo campechano llegó a Madrid hace cincuenta años y se metió de lleno, sin pasar ningún tipo de selectividad ni máster, en la exigente labor de periodista de motor. Su Cuñado Enrique Hernández Luike, le abrió la puerta de una oficina y él entró para quedarse allí para siempre. Para ser uno de esos ejemplos de trabajador hecho a sí mismo, de directivo que llega a lo más alto después de haber conocido todos los rincones de la casa. Para ser durante muchos años la persona más influyente del motociclismo español, a base de trabajo, cabezonería y una inigualable pasión por el mundo de la moto.
Ayer nos reunimos un nutrido grupo de periodistas (algunos ex), moteros y amigos para homenajear a Javier Herrero por sus 50 años en la profesión. En torno al maestro nos juntamos muchos de los que hemos pasado por la redacción de Motociclismo o de alguna de las publicaciones que él ha liderado; periodistas que trabajamos en un equipo super ilusionado y que aprendimos muchísimo de motos, pilotos y filosofía periodística bajo la batuta de "El Cheli", esa batuta que a veces se enrojece, se acelera y expulsa exabruptos para luego volver a la tranquilidad recordando una nueva anécdota sobre dos ruedas. También estaba el nombre más ilustre de nuestro deporte, Ángel Nieto, los directivos de algunas marcas, muchas caras conocidas del periodismo del motor del pasado, presente y futuro, e incluso su más dura competencia, Jaime Alguersuari.
Todos ellos envolviendo a Javier en un cariñoso abrazo y llenando de emoción una noche que daría para escribir tomos y tomos de la historia de la moto. No había tiempo para saltar de corrillo en corrillo y zambullirte en una jugosa anécdota: de cuando El Cheli cogió por el cuello al ingeniero de Doohan, de cuando le pegó un comisario en un circuito, de cuando Valentín Requena era fotógrafo de carrerillas de motocross, de cuando Virgilio Hernández fue el único periodista en ver ganar a Nieto su primer Gran Premio, de cuando Alguersuari se llevó a Sito y Cardús a Daytona, de los compañeros que se fueron (demasiados), de las historias del Dakar de Juan Hernández, del enduro de Pepe López, de los scooters de Cuadra, de las clásicas de Nacho Medina, de las pruebas de Augusto, de los viajes de Cuervo, de las fotos de Jaime Olivares y los hermanos Herranz, de los Grandes Premios de Pecino y Mela, de los cierres de Ilde, Mike y otros tantos, de las chifladuras de Dennis...
Todos y cada uno teníamos un largo repertorio de historietas y batallitas "cebollescas" que contar, pero quedaban siempre minimizadas por el enorme peso de la enciclopedia andante de la moto que es El Cheli. Muchos le hemos pedido que escriba un libro, pero como periodista que es, le cuesta repetirse, porque todo eso ya lo ha escrito. Yo tuve la suerte de estar en la cena y de ser uno de los afortunados que me sometí durante varios años a la tutela de Javier, fue mi director y mi maestro; le sufrí mucho, aprendí más y supe entender ese peculiar liderazgo. Tanto, que cuando decidí cambiar de profesión, se entristeció y llegó a ofrecerme un puesto muy alto para que me quedase. No me arrepiento, claro está, pero de vez en cuando tengo remordimientos por haberle dicho que no a mi maestro: Javier Herrero.
PD Para los que no le conocéis, El Cheli es el que está en la foto justo debajo mío y yo soy el que sale justo encima de Javier. El Cheli y Javier son la misma persona.