lunes, 18 de mayo de 2015

CÓMPLICES


Esto no es una crítica musical del último trabajo de tan gelatinoso dúo, entre otras cosas porque no sé si están vivos, dudo que sigan juntos y celebro que hace tiempo que no los oigo. No, no tengo ninguna intención de meterme con ellos y buscarme dos nuevas enemistades, el objetivo real de este comentario es enemistarme con mucha más gente, con millones de personas, con todos y cada uno de los que en las próximas elecciones van a meter en la urna la papeleta del PP.
Sé que ahora mismo muchos estaréis pensando que no soy demócrata y otros estaréis sorprendidos por mi descarada irrupción en la campaña electoral. Pues sí, como llevo haciendo durante estos años en el blog, suelo decir lo que me pasa por la cabeza y, aunque intento ser respetuoso con todo el mundo, por encima de todo esta la sinceridad e integridad. Dicho esto, reconozco estar en campaña y ser tan ingenuo que creo que puedo cambiar el sentido de algún voto con mis palabras.
Con respecto a mi mensaje a los votantes del PP, es sencillo, creo que su voto fiel, ciego o fanático es cómplice de la corrupción más absoluta. Votar a un partido que paga su sede en dinero negro, que tiene contabilidad B, que reparte sobres, que tiene a buena parte de sus dirigentes imputados en causas de corrupción, que tiene puente aéreo con Suiza, que amaña concursos públicos a cambio de comisiones y tantas y tantas indecencias políticas, supone dar el visto bueno a ese tipo de gestión, aceptar que se hagan esas prácticas y en definitiva, ser cómplice de la corrupción.
Sé que es duro lo que estoy diciendo, pero creo que hay que hacer algo para acabar con esta lacra y el primer paso debería ser el rechazo de todos los ciudadanos. No es un ataque a la democracia ni al ideario del partido y de sus votantes, al contrario, creo que la derecha española saldría muy reforzada si defendiera mayoritariamente su política liberal y sus ideas conservadoras fuera de esas manchadas siglas.
No entiendo que ninguno de los dirigentes del partido que tienen las manos limpias y que deben darse cabezazos con la pared cada vez que sale un nuevo episodio de corrupción, no salga de allí corriendo y ponga en marcha un nuevo proyecto limpio con la misma línea ideológica. Ahí radica el éxito de Ciudadanos que está recogiendo a los votantes desengañados, pero no es suficiente porque todavía hay muchos que votan los colores, con la misma fidelidad que se tiene con un equipo de fútbol.
Tampoco me vale la contestación habitual de “todos son igual” o de los ERE de Andalucía o la Venezuela de Podemos o el marido de la Carmena, NO, no hay nada igual al repertorio de casos de presuntos chorizos que Génova ha ido salpicando en el calendario de los últimos años. Hasta aquí hemos llegado, ahora las urnas (más rápidas y justas que los tribunales) son las que deben dictar justicia y ponerles en sus sitio. Ahora cada uno es libre de votar con la cabeza o con el duodeno y ser cómplice de unos u otros valores.

lunes, 11 de mayo de 2015

LA ARROGANCIA

Pues eso, la chulería. Es muy española, muy madrileña y aunque no lo parezca, muy traicionera. Esto es algo de lo que debería haber aprendido la clase política, pero que no hay forma de introducirles por el entrecejo. Al contrario, todo político que se precie debe entrenar y exagerar al máximo sus dotes de arrogancia y si sus niveles son bajos, ya aparecerá por ahí un asesor de imagen o jefe de gabinete (siempre quise tener un gabinete) para recomendarle que suba el tono de sus declaraciones y que refuerce su autoestima para no perder eso que se llama carisma (siempre quise tener carisma).
No sé de dónde se sacan que a los estúpidos votantes nos gusta que nuestros votados representantes sean unos chulos. Es más, yo diría que es al contrario, que cuando aparece alguien sencillo, sin extridencias, sin insultos, dialogante, razonador y razonable, a los votantes se nos hace el culo pesicola y decimos eso de "este es distinto". Pero na de na, al ratito de recibir palmadas en la espalda y sondeos favorables hasta el más mediocre corderito se convierte en un chuletilla cafre que reta a los rivales, sube el volumen del micro y minusvalora el ya de por sí bajo coeficiente intelectual de sus conciudadanos (lo que de otra forma se denomina ciudadanos de a pie).
Lo digo ahora que ya ha comenzado la campaña electoral y que ya estoy oyendo a todos y cada uno de los poco cándidos candidatos como desprecian a sus rivales, como presumen del tamaño de sus propuestas y como vaticinan que van a ganar las elecciones. Alguien debería explicarles que está empíricamente demostrado que no se gana ni un solo voto por gritar más alto en los mítines, ni por repetir una y otra vez eso de "¡vamos a ganar las elecciones!". Al contrario, cada vez que sacan a relucir su prepotente tono se les caen votos del bolsillo y cada vez que contratan una banderola en una farola tiran dinero y pierden papeletas. Los tiempos han cambiado o deberían. El discurso debe ser distinto y creíble. Lo que ha pasado en los últimos años debería dejar algún calado y si no, habremos merecido ser gobernados por un chulo o una chula. Ya sabéis mi voto: a quien menos arrogante sea.
Eso sí, en la noche electoral todos los chuletas habrán ganado... Ya les estoy oyendo.

domingo, 3 de mayo de 2015

LOS SUPERDEMÓCRATAS


He oído de refilón que un cuerpo de demócratas de élite ha constituido un valeroso equipo de súper héroes dispuestos a defender a capa y espada el más valioso de los valores inventados por el ser humano: la democracia. El grupo de superdemócratas ha conseguido poner de acuerdo a los grandes partidos, a todos sus medios afines (todos), e incluso han reclutado a los dos poderosos expresidentes para ponerse al frente de esta encomiable cruzada, dejando por unos días sus puestos de superconsejeros en multinacionales. Uno de ellos dijo un día que no quería ser jarrón roto, pero sus pedazos resquebrajados y esparcidos por el suelo no dejan de molestar.
También de soslayo he escuchado que la misión más acuciante para nuestros salvadores héroes está más allá del mar, en otro continente, en un país mediano que sufre las dramáticas consecuencias de eso que se llama una democracia de pacotilla o de chichinabo. Al parecer sus dirigentes han sido elegidos en las urnas, pero nadie duda de que bajo una corrupta manipulación, un tongo o pucherazo que vienen repitiendo año tras año. Y su jefe de gobierno, erigido en monarca absoluto que incluso se otorga poderes divinos como su antecesor en la dinastía, persigue sin compasión a sus opositores, metiéndoles en la cárcel y pisoteando cada día los más básicos derechos humanos. La presión sobre la prensa también es caciquil con una censura y persecución permanente. Incluso amenazan a los países extranjeros que osan entrometerse en sus asuntos y a menudo expulsan de sus aeropuertos a delegaciones de políticos y eurodiputados de países realmente demócratas que acuden para velar el cumplimiento de los más básicos derechos humanos.
No me cabía duda, ese país del que hablan y por el que están luchando con tanto fervor nuestros superdemócratas no puede ser otro que nuestro vecino Marruecos. Ya era hora de que todos los que defendemos estos valores de libertad y tolerancia nos unamos para hacer frente a los regímenes totalitarios maquillados bajo una urna de opaco metacrilato, pensé.
Mi gozo en un pozo, con Mohamed no se han atrevido, está demasiado cerca y nos puede afectar al bolsillo, hablan de Venezuela, que aunque esté más lejos y nos afecte menos, también pisotea buena parte de esos derechos. Me sorprende algo que se cree tanto revuelo y se erijan todos ellos en defensores de la democracia y empiecen su misión por Venezuela precisamente. Quiero pensar que no están haciendo todo este movimiento en clave electoral nacional intentando dañar más aún la maltrecha imagen de Podemos.
Sea como fuere, bendigo y doy la bienvenida a nuestros superdemócratas que supongo que pronto correrán a luchar por estos principios y valores al propio Marruecos y a Corea del Norte, Rusia, China, Guinea, Arabia Saudí, Siria y tantos otros lugares donde se pisotean de forma más cruda todavía los DDHH.
Sin embargo no entiendo como se les ha podido colar en el mismísimo Palacio de la Moncloa un tal Al Sisi de Egipto, que si no tengo muy mala memoria es presidente como consecuencia de un golpe de estado dado por los militares para quitar del poder a unos malignos islamistas que habían osado ganar unas elecciones. Aaaaaaah, que nos va a contratar el AVE de El Cairo a Luxor, haber empezado por ahí. Tranquis superhéroes, seguid en Venezuela, dadle duro a Maduro.

domingo, 26 de abril de 2015

GAUTIER

Gautier Paulin ganó las dos mangas del Motocross de las Naciones del año pasado y eso le llevó a fichar por el equipo oficial de Honda. Yo le estoy muy agradecido porque ha sido el protagonista de la última norma nemotécnica utilizada para que mi hijo se aprenda los detalles de la literatura del siglo XIX: el parnasianismo buscaba la perfección y su máximo representante es Gautier, así que el parnasianismo es Honda. La regla tiene sus riesgos, porque el chaval puede contestar en el examen que el autor se llama Paulin o incluso Bobryshev, que es su compañero de equipo.
Es una forma, no del todo mala, de adaptarse al temario de nuestra educación que está hecho para los momentos en los que no funciona el wifi, con un plan de estudios que sigue primando la memoria sobre el entendimiento. Y como el chiquillo tiene problemas de almacenamiento en el disco duro, entre otras cosas porque ya tiene metidos los nombres de todos los pilotos y sus motos, del campeonato del Mundo, el americano y el de Europa, hay que intentar que con la misma tecla le sirva para las dos cosas (aunque ahora mismo no tengo claro si prefiero que se sepa el Parnasianismo o la parrilla de salida del mundial de motocross).
Realmente no sé si es el sistema o son los colegios o incluso los profesores, para quienes siempre es más fácil educar en disciplina que en valores, aunque en su mayoría presumen de lo contrario. Siempre que voy al cole a media mañana y cruzo por delante de las aulas, desde fuera se oyen exabruptos, amenazas y gritos de enfurecidos profes tratando de hacerse con el mando. No les envidio, menuda papeleta, yo no sería capaz, pero una vez que estás allí y que se supone que tienes vocación, no entiendo el papel de esos, pocos, que les gusta ir de sheriff.
Hace unas semanas Martín le hizo una broma un poco pesada a un amigo y un profe que les vio decidió castigarle. Le pidió que sacara de su mochila el móvil y se lo retiró durante una semana. A media semana, por sugerencia mía, Martín fue a pedir perdón, a mostrar su arrepentimiento y solicitar que le devolviera el teléfono, pero el sheriff se negó en rotundo, le grito de forma humillante ante sus compañeros y le dijo aquello de que los castigos están para cumplirse.
A mí me hubiera gustado que el profe en cuestión hubiera tenido en cuenta el objetivo del castigo y que hubiese dialogado con él explicándole lo que se hace y lo que no, y que incluso hubiera cedido ante la muestra de arrepentimiento y perdón. Tolerancia, diálogo y reinserción, mejor que pulsos, ojo por ojo y cumplimiento de penas. Me hubiera parecido justo, pero no fue así. Martín me pedía encarecidamente que mediara ante el profe, pero yo no lo hice por no quitarle autoridad al cole y busque el lado positivo del asunto: también es bueno que los peques sepan que a veces hay situaciones injustas y que en la vida se van a cruzar con muchos sheriffs, por llamarlo de una forma diplomática. Sí, esta era una teoría positivista de mi padre, que cuando comía mal en un restaurante siempre decía que le había parecido una experiencia interesante, mala, pero interesante.
Lo jodido es que ahora tengo que explicarle al mayor que suspender tres veces el examen de conducir es una experiencia interesante.


lunes, 13 de abril de 2015

NUESTRA BURBUJA

Kapuscinski comentaba siempre que la importancia de la actualidad informativa se reduce al ámbito geográfico en el que estés y que lo que para unos es de una importancia enorme, para otros, lejanos en kilómetros, es inexistente. Según viajas por el mundo y coges un periódico te das cuenta de que la palabra local, nacional o extranjero tiene un contenido muy distinto. Ese es el verdadero shock cuando recorres muchos kilómetros y te trasladas a una civilización bien distinta, cuando sales de tu burbuja. En la India no se habla nunca de España, ni aunque empate el Barça, ni aunque González Pons diga un improperio, y en España nunca se habla de la India, aunque una tormenta de granizo mate a treinta agricultores, ni aunque jueguen el Mundial de cricket y casi ganen a Australia, ni aunque el presidente se esté planteando una reforma agraria.
 La India realmente solo nos importa si vamos a viajar a ella o si ocurre una de esas catástrofes de la naturaleza que siempre golpean en sitios débiles y que a nosotros nos amargan el telediario de la cena hasta que mandamos "ayuda" al 4455. Es normal.
Durante los últimos días este blog os ha acercado un poquito más a aquella inmensa nación de naciones o país de estados o como queráis llamarlo. Ya sé que estoy pesadito con la India, pero es que mi mujer me sugirió que el blog era la mejor manera de tener un buen recuerdo del viaje y yo soy muy bien mandado.
Ahora, ya de regreso y con más de tres mil fotos que ordenar (porque es mentira que el ordenador las ordene), ya sin los olores, los sabores y los retortijones voy recordando el caótico orden que rige el país, un caos ordenado que mata cada día a cuatrocientas personas en accidente de tráfico (más de 160.000 al año). Lo entendemos porque en cada kilómetro que recorres tienes ya varias ocasiones de reencarnarte y porque ya hace mucho tiempo que se demostró que la moto sin casco, la autopista en dirección contraria o el móvil en la mano son recomendados por 9 de cada 10 tanatorios. De cualquier modo, lo que a nosotros realmente nos importa no son todos esos indios, sino los 2.500 muertos en nuestras carreteras. Es normal.
Y para terminar de comprender tanta incomprensible sensación y emoción, nada mejor que tragarnos en la tarde del domingo la peli de Gandhi y recordar nuestro paseo más místico por el templo de Ranakpur llevados por una audio-guía con acento uruguayo que con pausado ritmo explicaba cada rincón del templo. Al terminar coincidimos en que esa voz era la mismita que nuestro admirado Eduardo Galeano. Allí, con el dios Brahma, la voz de un tipo excepcional, de un ser humano de los pies a la cabeza, de valores irrenunciables y compromiso firme con los más débiles, todo un referente.


miércoles, 8 de abril de 2015

CREENCIAS

Un amigo que conoce bien la India nos había avisado de dos sitios que nunca debes visitar en tus viajes por aquel gigante país: las cocinas y los servicios públicos. No le hicimos caso. Para ir al baño nuestro conductor hacía lo posible por llevarnos siempre a áreas de servicio de carretera específicas para turistas, lugares anodinos y sin gracia en los que tienes que pagar por entrar a mear y donde te intentan tangar vendiéndote unos chicles a cinco euros. A pesar de que eran los retretes públicos más limpios del país, no os podéis imaginar ni os voy a deleitar con la descripción de las instalaciones de arte abstracto y performances que hemos encontrado en alguno de ellos.
En cuanto a las cocinas hemos hecho por no asomarnos a las de los hoteles, de las de los puestos de la calle tengo que decir que no solían tener el carnet de manipulador de alimentos y en la única casa que visitamos, encontramos ratas lamiendo los restos de las sartenes.
Lo que no nos dijo nuestro amigo es que lo de entrar a los templos descalzo no siempre es del todo agradable. Uno lo hace por respeto y obligación e intenta dejar en occidente todos sus prejuicios y "asquerositismos", pero aún así, no puedo negar que en el templo de las ratas, cuando hay algo de sangre por el suelo, mezclado con leche y excrementos, uno siente algo de debilidad. También pasa en otros más limpios donde, simplemente un fiel ha tenido a bien escupir su lapillo. Ayer, como despedida ya del viaje, visitamos el templo Sikhista de Dehli y tuvimos un plante familiar cuando los chicos decidieron que aquello estaba pasando de castaño oscuro. Después de ataviarnos con un pañuelo amarillo para la cabeza, nos llevaron por todo el templo justo cuando estaban empezando a limpiarlo y corría agua mugrienta por todas partes, entre chapoteo y chapoteo nos llevaron a unas inmensas cocinas donde decenas de voluntarios cocinan los alimentos que la gente dona a los dioses y que después sirven para que coman los fieles. El espectáculo era maravilloso, parecían las cavernas del demonio con fogones y grandes guisos y con todo el suelo lleno de un barrillo de aceite, harina y mierda, muy apropiado para pisar descalzo.
Todo eso sirvió para abrir un entretenido debate sobre las religiones como conclusión del viaje a la India. Diego, el más crispado con los hongos, herpes o infecciones que le amenazaban, fue el más crítico y escéptico: "El mundo no cambiará hasta que no desaparezcan todas las religiones o por lo menos tengan un papel irrelevante". Tengo que reconocer que estaba totalmente de acuerdo, pero por aquello de discutir con tu hijo, le llevé un poco la contraria pidiéndole respeto a las distintas creencias y tuvo que ser nuestro guía quien zanjase la polémica con otro contundente: "Todas son válidas en los libros, pero ninguna cumple lo que dicen los libros". El caso es que entre las noticias horribles que leíamos del islamismo más radical, las esperpénticas representaciones de la Semana Santa española que veíamos en la tele y las disparatadas y algo infantiles variantes del induismo, terminamos llegando a la conclusión de que lo que tienen en común todas esas creencias es que hace falta mucha imaginación para creerlas. A eso hay que añadir que a la gente pobre y desharrapada, la religión termina siempre siendo su gran esperanza y de ello se aprovechan los que prefieren que sigan en el agujero.
Y de esa forma llegamos al final de nuestra ruta por el Rajasthan, con sus marajás, sus templos, sus fuertes, sus desiertos, sus motos, sus tuc-tucs, sus vacas, sus monos, sus castas, sus havelis, sus pavos reales y un pequeño palacete que nos enseñaron el último día y que se llama Taj Mahal, un cacharraco por el que uno podría llegar a creer. No ha estado mal.



lunes, 6 de abril de 2015

NO TRATES DE ENTENDER...

Una vez que hemos conseguido los tres grandes objetivos del viaje podemos ir haciendo balance de esta maravillosa experiencia. La primera e importante conclusión es que en una moto caben seis personas bastante cómodas; la segunda es que donde caben diez, caben 20 y así sucesivamente; si juntamos las dos anteriores teorías, el resultado es un absoluto caos permanente de personas y, sobre todo de motos.
Lo dijimos nada más llegar, la India se parece bastante a muchos lugares de África, por paisajes, por cultura, por tradiciones y por tipo de gente. Obviamente las diferencias también son enormes, de raza, de religión, de cultura... Sin entrar en prejuicios, los indios me han parecido muy trabajadores en general, aunque menos amables que los árabes. Salvo en las zonas muy turísticas, no son excesivamente pesados e insistentes con sus ofertas, pero tampoco son muy dados a la conversación y eso que hablan inglés, la mayoría. La miseria está latente y la mierda patente por donde vayas y ese es el gran choque emocional y sensorial para cualquier occidental que visita el país. No ya por los turistas, sino por ellos mismos, se debería hacer muchísimo más de lo que hacen en este sentido y las autoridades deberían poner fin a ciertas situaciones intolerables desde el punto de vista meramente humano.
El agua está siempre mal canalizada y menospreciada como bien indispensable o en su defecto el peor de los elementos transmisores de enfermedades fatales, la basura se tira al libre albedrío, las canalizaciones casi no existen o están obstruidas... La religión y las vacas tienen mucho que ver en este asunto y con todo el respeto a las creencias, sería posible regular un poco su presencia en ciertos sitios, incluso por el bien de los propios animales que malviven en medio de los atascos teniendo cerca praderas donde pastar. Su educación, su tradición y sus dificultades para sobrevivir les impiden afrontar estas "nimiedades", pero alguien de arriba debería abrir los ojos de la gente y forzar a que eso cambie por su bienestar. Y ojo, que no estoy hablando de la contaminación del aire, ni del peligro en las carreteras, ni del reciclaje, eso ya vendrá cuando tenga que venir.

Otra gran cuestión de estado que requiere tratamiento y educación es la discriminación de la mujer. Todos hemos leído espantados esas horribles noticias de violaciones en autobuses en este país, casos aislados, dicen, pero no es sólo eso, en todo el viaje sólo hemos podido ver a mujeres trabajando en los puestos más duros de la agricultura o la construcción, como auténticas "mozas de carga". Al volante apenas hemos visto media docena en ciclomotores y es que no se puede olvidar que hasta hace pocas décadas en algunas zonas existía una tradición religiosa que obligaba a las mujeres, por respeto eterno, a quemarse vivas en la pira de cremación de su marido fallecido. Todavía hoy en día los matrimonios son arreglados por los padres y sin ninguna relación prematrimonial, con lo cual se entiende que tengan representaciones del Kamasutra en los templos.
De su época inglesa heredaron una puntualidad inusual en países de esta índole y una muy buena red de educación, pero según cuentan, a cambio de expoliarles la riqueza del país.
De una forma más subjetiva y como valoración del viaje podemos recomendaros que nunca vengáis sin ciprofloxacino y suero oral, que en general se vive bastante bien sin la DGT, que la ITV es innecesaria, que no es fácil dormir sin tapones y que la escobilla de WC es un invento siniestro y estos tipos, que no brillan por su pulcritud, se han inventado algo tan sencillito como una manguerita al lado del retrete que acaba con cualquier tipo de derrape. El penúltimo consejo es que si venís con niños, no vayáis de puristas y traigáis un poco de jamón ibérico y bien de Ipads, Iphones o lo que sea, que son muchas horas de coche y eso que los nuestros han sido unos santos.
Y el último consejo es de tipo filosófico: "En la India no trates de entender lo que no entiendes".
Por cierto los tres grandes objetivos eran que Lucio disparara a un mono con un rifle de balines, que Martín comprase una bocina psicodélica de camión para instalar en el coche de Montse y que los Diegos encontrásemos el escudo del Espanyol en la puerta de algún restaurante... Prueba conseguida.

domingo, 5 de abril de 2015

PAQUIDERMITIS

Lo de la tormenta no acabó bien. Al dios Brahma, fiel seguidor de este blog, no debieron gustarle algunos de los comentarios un tanto irónicos sobre su religión, así que decidió castigarme con todo su poder. El caso es que llevo dos días en los que me he arrepentido de los escrito y del destino elegido para este viaje, maravilloso por cierto. La brahmo-bacteria se ha alojado en mi estómago y tengo un malestar general tan chungo que no recuerdo nada igual desde aquella mítica noche con Eduardo Madina. Supongo que tengo fiebre y que algo se está comiendo mi páncreas porque noto retortijones de parto, dolor de cabeza de vino cosechero y la vomitona ha sido tal que ha salido hasta el último roscón de Reyes, con sorpresa y todo.
Entre deliración y deliración (ya sé que no se dice así, pero cuando deliras todos los tiempos son regulares) me han asistido todo tipo de dudas existenciales. Sobre Brahma, Shiva, Saraswati y todos sus secuaces, debido a la sobredosis de templos que llevamos, pero también sobre Alá porque cuando peor lo estaba pasando, abrazado al señor Roca, ha empezado a sonar a todo trapo la megafonía de la ciudad llamando al rezo a la comunidad musulmana, y por si fuera poco me ha venido a la mente la película de Santa Teresa de Jesús que amablemente me ofrecieron anoche en TVE internacional, para recordarme que estamos en Semana Santa. El cacao, sin duda se transformó en fiebre y en idas y venidas al cuarto de baño hasta conseguir dormirme después de los fuegos artificiales que les dio por tirar con motivo de la luna llena.
Lo malo es que me he despertado con los riñones ardiendo, tanto que he pensado que ya me habían facturado y estaba junto al Ganges empezando el proceso crematorio, pero, conociendo lo poco meticulosos que son estos tipos, he pensado que el Ganges puede esperar, he dado un salto de la cama, y me he ido a tomar un delicioso desayuno de antibióticos con suero.
Cuando ya me disponía a volver a la cama a reencontrame con los dioses, ha aparecido en la cafetería el pequeño Lucio, todo sonriente, diciendo: "Papi, por fin, hoy es el día de los elefantes", así que aquí estoy subido en un paquidermo rumbo al Amber Fort...
Podría contaros que hemos visto monos, serpientes, murciélagos, camellos, caballos, elefantes y todo tipo de pajarracos. También os podría decir que hemos llegado a Jaipur, la ciudad rosa, donde está todo patas arriba porque están construyendo el metro. También os podría hablar de la maravillosa y próspera India que sale en los periódicos y en las televisiones, pero de la cual no hemos encontrado ni el más mínimo reflejo en la calle, llena de inmensas bellezas envueltas en miseria y podredumbre. Pero he preferido hablaros de mis otras inquietudes, ahora más acuciantes. Y yo con mi elefante como un gilipollas...






viernes, 3 de abril de 2015

ASÍ QUE PASEN CIEN AÑOS...

La mezcla entre progreso y tradición no siempre combina bien. En la India los contrastes son continuos con escenas que perfectamente podrían estar fechadas hace varios siglos si no fuera por la presencia en ellas de algún elemento invasor de nueva tecnología. No quiero decir que no tengan derecho al móvil, a las motos o al wifi, cuando algunas de estas cosas las fabrican ellos mismos, pero bien es cierto que no es lo mismo un monje jainista meditando o cantando himnos que "whatsapeando"; ni tienen la misma magia las callejuelas de las ciudades con sus puestos de verduras, sus intocables y sus vacas, que cuando le ponemos como aderezo ochocientas mil motos con un infinito repertorio de estridentes bocinas.
La tradición está tan presente que no puede estar más, con sus marajás todavía dominando ciertos aspectos de la vida pública y de la economía. Nuestro guía nos habla siempre de su Maharaya preferido y yo siento ganas de explicarle que la mía era la Duquesa de Alba, pero la ha cascado. Esta clase de multimillonaria nobleza monárquica tan característica de este país y todavía respetada por sus ciudadanos es la guinda de un alienante sistema de castas, legalmente abolido, pero todavía latente en la sociedad, en la economía, en los apellidos y en los prejuicios de la gente. Aquí entiendes bien el significado de la manida palabra "casta".
Obviamente la religión es otro vínculo a ese pasado tan presente en la India. Todos los que viajamos a este tipo de países en Asia o África, terminamos por caer en la afirmación, casi un tópico, de que están varios siglos por detrás y que hasta que no pasen más de cien años, difícilmente superarán ese brutal choque de civilizaciones que hoy nos separa. Cuando una sociedad está acostumbrada a vivir, literalmente, en cuclillas, cuesta mucho pretender que se levanten con todo lo que eso significa. Aquí no hay fregona, ni escoba, ni carretillas y los sustituyen por personas de casta baja arrodilladas pasando un trapo o un escobón de paja o recogiendo piedras en un pequeño barreño.
Las ciudades están divididas por gremios como en la edad media, el medio ambiente no es ni siquiera utopía y los derechos de los niños o de las mujeres tendrán que esperar.
Ellos están felices o por lo menos defienden el Indian life style con orgullo, con sus creencias, sus infinitos templos, sus atascos, sus animales reencarnados cagando por doquier y su carácter aparentemente tranquilo tratando de transmitir esos valores del karma y la meditación, pero enfermizamente adictos a los motores y los megabytes. Los móviles, aunque suene mal decirlo, han cambiado su calidad de vida.
Nosotros también estamos a gusto, nos paran por la calle para hacerse fotos con "gente blanca" y ya hemos superado buena parte de los peligros que nos agobiaban los primeros días. Tres de nosotros hemos superado ya el mal de Moctezuma tras varios días agarraditos al retrete (los teenagers aguantan bien), los sustos de la carretera son ya pecata minuta, sobre todo tras haber cambiado la rueda rajada de la furgoneta y después de haber sufrido esta mañana una leve colisión en tuc-tuc. Además, Montse ha salvado el tipo después de ser embestida en el mercado de Pushkar por un peazo Miura. Esta noche, sin embargo promete ser divertida con luna llena y tormenta en el lago sagrado del dios Brahma. Se ha ido la luz y sólo se ven los relámpagos sobre el agua y se oyen los truenos entre cánticos de monjes y portazos provocados por el viento. Qué Brahma nos proteja...


miércoles, 1 de abril de 2015

EL TEMPLO DE LA MOTO

En la India hay motos con ruedines. La moto es el vehículo familiar por antonomasia. Sin saber las cifras, no me cabe duda de que este es uno de los países con más motos del mundo. Todas son de pequeña cilindrada, muy baratas y resulta difícil cruzar una calle sin ser atropellado por una de ellas. También hay puestos callejeros que venden cascos; deben estar en la más absoluta ruina...
La circulación ya os he comentado que no es fácil: se conduce por la izquierda, con el volante a la derecha y el móvil siempre en la mano. Las reglas no existen y a pesar de los comentarios de nuestro conductor, que insiste en que no hay ningún peligro, no conseguimos pasar dos minutos sin un espasmo, ya sea por la vaca que cambia su dirección, por el coche en sentido contrario o por el intocable que pasea por el arcén. Las rotondas tienen normas distintas a las occidentales: cuando llegas a ella te incorporas en función de la salida que quieras tomar, es decir si vas a la izquierda haces la rotonda hacia la izquierda y si vas a la derecha, con dos cojones, y por supuesto sin frenar, basta con tocar el claxon repetidamente.

De cualquier modo, lo peor son las curvas ciegas o los cambios de rasante, donde ellos adelantan sin preocuparse de la visibilidad y de las altísimas probabilidades de que venga alguien de frente. Normalmente siempre viene alguien, pero lo resuelven con un volantazo mutuo en el último momento para así evitar la colisión. Nuestro miedo no es que venga un coche o un camión, sino que aparezcan otros dos camiones o autobuses de frente haciendo esta emocionante práctica del adelantamiento a ciegas... para tantos no hay sitio.
Algo así le debió de pasar a este pobre hombre cuyo rostro podéis adivinar entre las llamas y que falleció en un accidente a las afueras de Jodhpur. Aquí perdió la vida al chocar cuando viajaba en su fastuosa Royal Enfield 350 c.c. Tengo que reconocer que, como propietario de una de estas maravillosas motos indias, me he emocionado al escuchar la historia. Cuentan que tras retirar el cadáver, llevaron la moto a un desguace, pero a la mañana siguiente la volvieron a encontrar en el sitio del accidente y volvieron a retirarla y la llevaron más lejos todavía, pero durante la noche ella volvía al punto en el que había estado con su conductor por última vez. Desde entonces existe en esta carretera un curioso templo con la imagen del malogrado piloto, las campanas, el fuego, los músicos y toda la parafernalia habitual de un templo, pero en este caso con la particularidad de que lo que ellos veneran no es ni un animal, ni un espíritu, ni un dios, es una Royal Enfield tres y medio.
Después de haber visitado varios templos jainistas, induistas, "self made" y alguno un tanto estrafalario como el de Karni Mata de adoración a las ratas, como seres humanos reencarnados que dicen que son, no nos ha parecido tan disparatado lo de la moto y nos hemos dejado pintar el punto naranja en la frente, poner una pulserita como las de Aznar y hemos respirado el incienso de la pira, por cierto de cuatro tiempos. Además, este es uno de los pocos templos en los que no nos han obligado a vestirnos con una especie de pijama que tienen para los turistas que vienen enseñando demasiadas carnes.
En el templo de Ranakpur hemos charlado con un joven monje cuyos antepasados de las anteriores 16 generaciones han sido monjes jainistas y cuyo hijo, de la edad de Lucio, ya hace vida en el templo. Le hemos ofrecido al canijo quedarse, pero no ha estado por la labor.
Así que, como no queremos perpetuarnos aquí, convertidos en templo de peregrinación, hemos optado por negociar con el conductor ciertas medidas de precaución y gritar ¡no! cada vez que empieza a adelantar sin visibilidad.

lunes, 30 de marzo de 2015

DEMAGOGIA INDIA

Ayer había boda en el hotel, (estos tíos se casan muchísimo), pero tuvimos suerte de que nuestra habitación diera hacia el otro lado y no nos enteramos de nada. Eso sí, el despertador ha sido un pelín más desagradable que los pavos reales del otro día: seis cazas volando raso y emitiendo un estruendo tan fuerte que hemos saltado de la cama dispuestos a morir cuan pinchos morunos en cuanto uno de ellos atravesara el muro del hotel. Es lo que tiene estar cerca de Pakistán en un país que vive en tensión con su vecino. A lo largo del día hemos ido de sobresalto en sobresalto con los malditos avioncitos haciendo demostraciones de poderío ante sus súbditos. Tanto que Montse y yo hemos coincidido en la misma apreciación, por muy demagógica que pueda parecer: con lo que han gastado estos tíos en los vuelos de hoy podían haber dado de comer a todos los intocables de Jaisalmer durante un mes o podrían haber canalizado las aguas fecales de esta maravillosa ciudad del desierto, conocida como ciudad dorada, pero con un tufillo a mierda realmente traumático.
Jaisalmer se parece bastante a Marrakech, en lo bueno y en lo malo. Es, si cabe, más bonita en cuanto al continente, con sus fastuosos palacios tallados, sus místicos templos y el increíble fuerte. También tiene una vida comercial cuasi medieval que impacta, sin llegar a tener esa atmósfera mágica que posee la plaza de Djemaa El-Fna. En pestilencia y basura por la calle la supera, gracias a las caquitas de las vacas, que serán sagradas, pero ¡joder cómo cagan!.
Pues sí, estos necesitan un tanto de demagogia o populismo, de los que están tan de moda para intentar cambiar el rumbo de un país tan maravilloso. Menos gastos megalómanos y más resolver las cosas de la gente. El primer ministro Modi no va mal porque acaba de proponer a todos los ricos que renuncien al subsidio que reciben todos los ciudadanos para la compra del gas para así poder invertirlo en los más necesitados. Como si en nuestro país propusieran que los que tenemos ya seguro médico privado renunciemos a nuestro derecho sanitario en la Seguridad Social o algo así; no me parece mal, toma nota Pablo Iglesias.
No sé mucho de la India y no voy a hablar gratuitamente, pero lo que sí que digo por la experiencia de cuatro días es que este gigantesco país, del que sólo he visto una pequeña parte que no es ni mucho menos la más pobre, necesita un plan de choque brutal, como cuando Indira Ghandi decidió sembrar árboles en el desierto esparciendo semillas con helicópteros o llevar agua a los pueblos más secos a través de canales o, sobre todo, como hacen cada día las organizaciones como la de Vicente Ferrer y tantas otras suplantando el papel de los ineptos gobernantes y logrando importantes avances locales.
Esto te lo dicen a gritos los niños que ves por la calle, ellos son el futuro y merecen algo más que un retrete en la cuneta. Esto de usar a los niños para estos mensajes también es demagogia y también lo sería si empezase a hacer las comparaciones entre la vida que les ha tocado vivir a mis hijos y la que tienen la gran mayoría de los que cada día nos saludan y sonríen para la foto. En el fondo, para eso les hemos traído, para que algo de lo que están viendo se les quede metido en la conciencia para siempre.
Eso sí, el desierto como tal, es mucho más feo que el Sahara, aunque, con tanto verde los camellos están felices, pero no más que Lucito saltando en las dunas.
PD. Si mañana me vuelven a despertar los aviones os daré nuevas ideas demagógicas para invertir ese dinero.




domingo, 29 de marzo de 2015

EL RAJPUTA

Aunque pueda parecer que me estoy refiriendo a alguno de los conductores que nos hemos cruzado estos días y de cuya madre me he acordado cariñosamente, rajputa es el gentilicio del Rajasthan, la zona de la India que estamos recorriendo. Los rahputas, como la mayoría de los indios (de la India), son fanáticos seguidores del bollywood, el cricket y la religión, las tres drogas duras que les hacen olvidar muchos de sus males. El bollywood les tiene ensimismados y está tan de moda que cada año se hacen más de 500 películas sobre el tema; el cricket es el deporte nacional y hace dos días India perdió la semifinal de la Copa del Mundo contra Australia; los niños lo juegan en cualquier calle y es todo un gustazo juntarte con chavales sin que te hablen de Messi o Ronaldo; y la religión, como en tantos otros sitios, es el opio del pueblo que les mantiene adormecidos y conformistas, con sus millones de dioses y templos de veneración a increíbles imágenes o símbolos.
Son una potencia económica mundial en base a la gran clase media que vive en las metrópolis y que son el motor del país en los rankings del Banco Mundial, el Fondo Monetario y esos otros estamentos tan importantes, pero cuando sales a las calles o a las carreteras, lo que te encuentras es la otra cara de la India, tremendamente pobre y mísera. Las desigualdades dicen que son enormes, pero realmente todavía no hemos conseguido ver a nadie de los que tienen mucha pasta y sí a miles y miles de parias.
Como es habitual, me gusta informarme y he realizado un estudio sociológico basado en una encuesta bastante fiable con un margen de error del 1% tras consultar a un total de una personas baja. Según la encuesta, uno de cada un indios cree que el primer problema de la India es la Corrupción; os suena ¿verdad? pues se trata de todo un tejido corrupto que va desde arriba de la clase política hasta la parte más baja de la sociedad. En fin, nada que envidiar a la nuestra, salvo que aquí puedes quitarte las multas sacando la cartera cuando te para un poli, aunque no seas familia de Espe ni nada. El segundo problema que preocupa al indio (nunca mejor dicho) es la enorme población; resulta muy difícil manejar un país que, por grande que sea, tiene 1.200 millones de personas y en numerosas áreas la densidad de población es seis veces mayor a la de España. La tercera preocupación, también de carácter social, son al mismo nivel la religión y las castas, que tienen atenazado al país impidiéndole avanzar por su formato e inmovilismo de siglos atrás.

El encuestado es un tipo inteligente y formado y ha basado sus respuestas en estos puntos que de alguna forma pueden aunarse en uno solo, la miseria, pero que es consecuencia de sumar los otros conceptos. Tampoco ha mencionado nada el encuestado del medio ambiente o la cuestión sanitaria, porque ha reconocido haberse acostumbrado a vivir en esas condiciones y considera muy complicado cambiar ese mal endémico a corto plazo (otro día me extenderé sobre este tema). En cambio sí ha reconocido que no se cree ni le interesa ese sentimiento patrio que tratan de transmitir todos los gobiernos buscando un enemigo externo para que su pueblo se olvide de sus problemas internos. En este caso siempre se intenta tener bien presente el peligro del enemigo Pakistán y más aún en la zona del Oeste en la que estamos ahora mismo. "First the people, always the mission", dicen los anuncios por las calles con una foto de un caza indio, pero me da que las autoridades no hacen mucho por cumplir la primera parte del eslogan.

sábado, 28 de marzo de 2015

NOCHE DE BODAS

Seguimos aquí, muy a pesar del egoísmo solidario y del piloto y copiloto que rigen nuestro destino y que parecen empeñados en vernos cuanto antes reencarnados en cualquier otro animal. Hoy hemos descubierto otras sabias teorías del código de circulación indio. Una muy obvia es que todo se resume a la expresión "there are no rules" y la otra es que no han entendido muy bien el concepto de velocidad media porque nuestro pilotillo de Force India nos dijo que haríamos una media de 60 km/h y lo cumple a rajatabla, el muy capullo va siempre a sesenta, aunque haya vacas, camellos, bicis o camiones en medio de un pueblo o aunque encontremos una autopista recién construida y despejada. He pensado en explicarle como funciona lo de la media con el ejemplo del pollo consumido o los polvos consumados al año, pero creo que no va a entender mi lógica, así que seguiré perdiendo vidas en las zonas chungas y durmiéndome en las fáciles.
Bueno, dormir no me vendría mal porque la última noche fue un absoluto martirio. La cosa no es lo que parece, aunque pintaba bien el nidito de amor que nos habían preparado para nuestra segunda jornada en la India, en un Haveli o antiguo palacio de los comerciantes de la ruta de la seda, la noche resultó un tanto sonada. Tras la habitual bronca a los chicos para que acabasen su concurso de pinos amontonados en el retrete (prefiero no explicar el reglamento) y apagasen sus electronic devices, nos fuimos a dormir, Montse con tapones en los oídos y yo sin ellos. A los cinco minutos comenzó a sonar una megafonía a todo trapo con los grandes éxitos del bollywood, seguidos por una actuación en directo de la banda fiestera del Rajasthan; había una boda en el pueblo y hasta las tres de la mañana fue imposible pegar ojo. Hice el imbécil porque estuve dudando si levantarme e ir a ver cómo es una boda india, que me despierta curiosidad, más aún después de la conversación con Verinder, nuestro guía, quien nos contó que él se casó con su mujer sin conocerla, como hacen el 97% de los indios. Los padres arreglan entre sí el matrimonio de sus hijos por conveniencia y pensando que pueden llevarse bien entre ellos, por ser de la misma casta y por los datos suyos que conocen. A su boda fueron 800 invitados y tras casarse pudo ver por fin a la que ahora es su mujer y madre de su hija. Parece feliz y lo ve todo muy normal, incluso nos ha dicho que lo que peor lleva del matrimonio son los suegros... Qué gente más rara estos indios.
Pues eso, que tanta curiosidad me despertó el tema y la música que no pude dormir y cuando ya lo conseguí, me despertó la hija de mis queridos suegros porque tenía calor y no encontraba el mando del ventilador. Hice de buen marido, encendí el cacharro y volví a dormirme bajo el vendaval, pero por poco tiempo, porque con las primeras luces del día empezaron a chillar como gatos en celo, sobre el tejado de la habitación, media docena de pavos reales enloquecidos. Qué bucólico suena, pero que desagradable es el jodido graznido.  
Total, que hoy pensaba dormir durante el trayecto en la furgoneta, pero ya os he contado que no me fío nada ni del piloto ni del copiloto ni del egoísmo solidario y después de visitar el templo de las ratas que tanto nos han recomendado nuestros amigos Berta y Jose... prefiero no creer en la reencarnación.
Lo peor del tema es que en el trayecto hemos podido cruzarnos con más de diez o doce coches de novios, espero poder dormir algo hoy.




viernes, 27 de marzo de 2015

EL EGOÍSMO SOLIDARIO

Un día en la India ha servido para perder el miedo al avión. Definitivamente hay cosas mucho más peligrosas en la vida. Cualquiera de los tropecientos adelantamientos realizados en el día de hoy servirían en nuestro país para largas batallitas de sobremesa. El jugo que podría dar eso de "al tomar la curva nos encontramos de frente un autobús que adelantaba a un camión que había invadido la calzada contraria porque en la suya había una vaca comiéndose la mercancía de un motocarro que había volcado..." Te dirían que estás exagerando, como hacéis todos cuando contáis vuestras batallitas, pero no, en este caso te estarías quedando corto. Todo lo que os cuente es poco.
Cuatro tipos en una moto y el que conduce va hablando por el móvil; un camión de plátanos volcado en la autopista; centenares de motocarros repletos de carga y de personas; un autobús escolar empotrado contra una tapia de barro; una furgoneta en dirección contraria por el carril central de la autovía; la carretera cortada mientras dos amigos se saludan con los coches detenidos; vacas pastando en la mediana; baches profundos, charcos pestilentes; camellos tirando de carros de heno; tuc-tuc o ricksaw con más de quince personas dentro; rebaños de bueyes cortando los dos sentidos; mujeres cruzando con la compra en la cabeza; procesión de veneración a no sé qué santo... Esto es la India, el caos más absoluto que puedas imaginar en una carretera.
Y después de eso uno puede preguntarse cómo estamos vivos y a qué dios le debemos el milagro. Igual es que no lo estamos y realmente no somos nosotros mismos sino nuestra reencarnación en otro ser que ya descubriréis cuando volvamos.
El caso es que después de varias horas analizando los movimientos de nuestro conductor he llegado a varias conclusiones: la primera es que el insoportable y cansino uso del claxon tiene su utilidad porque no se utiliza a modo recriminatorio como en nuestra tierra, sino a modo de aviso para que los demás vehículos sepan de tu existencia; el piiiiii que en España suele ir acompañado de ¡coño! o ¡Hijoputa!, aquí va seguido de ¡cuidado!. Por eso los camiones llevan detrás unos grandes carteles "Horn please" solicitando que toques el claxon para avisarles si quieres adelantar. El resultado no es malo para el tráfico aunque horrible para el dolor de cabeza. La otra conclusión filosófica sobre la conducción en este país-continente es que la circulación se rige por el espíritu egoísta solidario. Lo explico: "voy a pasar por cojones, pero haré todo lo posible para que pases tú también". Curioso sistema que permite agilizar este caos con menos accidentes de los que en buena lógica deberían tener, en base a ensanchar las carreteras hasta el límite de las uñas de los tenderos que bordean la calzada, a reducir las distancias entre vehículos hasta medirlas con milímetros y a tener claro el orden del sistema de castas (camión, bus, coche, tuc tuc, moto, bici, peatón...).
Os seguiremos informando desde este fascinante mundo, si es que seguimos en él...

jueves, 26 de marzo de 2015

VOLANDO VOY


Volar un día después del dramático accidente de los Alpes no es nada fácil. Más que nada porque el aluvión de información que te rodea solo hace que ahondar en la herida y buscar morbosos y lacrimógenos argumentos. El presidente de la Asociación de hosteleros de Benavente da su pésame al President Mas y los tertulianos sabelotodo demuestran no tener ni puta idea tampoco de aeronáutica.
Y yo, que me cago en los pantalones en cuanto huelo el queroseno, me tranquilizo con todos los argumentos del sentido común escuchados a los expertos entre lágrima y lágrima e imágenes del fuselaje del Airbus descerrajado. Cada dos segundos despega en el mundo un avión como el del accidente; cada año son casi 50 millones los aviones que vuelan sobre nuestras cabezas; las posibilidades de morir en un accidente aéreo son menores a las de que te caiga un rayo y, sobre todo, y ya que tiramos de estadística, las probabilidades de que haya otro accidente al día siguiente son prácticamente nulas. Así que, ¡yuppie!, a volar.
A pesar de todo, nada consigue que la mente desconecte ni un solo momento del luctuoso incidente. En cada turbulencia, en cada bache, en cada niño que llora o en cada adolescente que chilla, uno se acuerda de esas inocentes víctimas. Y de las anécdotas como la del que cambió su vuelo en el último momento y cuando llegamos a Londres con retraso y perdemos la conexión con Dehli, empiezas a pensar si serás el afortunado que se ha bajado en el último momento del avión siniestrado o si por el contrario, serás el desgraciado que se ha subido en el último momento. Me anima que el nuevo vuelo es ahora de Virgin, todo colorido y profesionalidad. Vuelvo a hacer un esfuerzo de desconexión, sobrevolamos Brandeburgo, donde los conciertos, después Berlín, donde el muro, y más tarde Varsovia, donde los pactos, pero no sirve de nada porque pronto aparece en el mapa Ukrania, Rusia y su disputada frontera sobre la que surcamos el aire a más de 11.000 metros de altura para intentar que no nos envíen algún recadito en forma de misil. La sombra del temor vuelve a aparecer con fuerza y más porque tras esa zona de conflicto llega otra y uno duda si el avión tirará por el sur hacia Irak o por el este hacia Afganistán y Pakistán. Mi único temor entonces es que tengamos un aterrizaje de emergencia y le dé a alguien por regalarnos un pijama naranja.
Al final, después de catorce horas de viaje, estamos en New Dehli, agotados físicamente y con pocas fuerzas para afrontar psicológicamente el contraste de este país, que es una de las primeras economías del mundo y a su vez es líder en mugrienta miseria. Una primera impresión nos recuerda a una mezcla de Casablanca, Dakar y otras ciudades africanas, aunque con más motos y sin poder haber sentido aún la magia tranquila indú.
Vamos a descansar.

PD. Evidentemente cuando volamos no sabíamos la verdadera causa del accidente de los Alpes. Ahora además de controlar la calidad y antigüedad del avión, habrá que ir atento a las caras de psicópatas de la tripulación.

viernes, 20 de marzo de 2015

EL REMEDIO O LA ENFERMEDAD


Cuando la policía detecta que hay uno o varios asesinos en un estadio repleto hasta la bandera, lo último que se le ocurre hacer es anunciarlo en megafonía, porque con eso provocaría una estampida con las consiguientes avalanchas y amontonamientos: una tragedia. El sentido común es el que debe regir en cualquier situación de crisis, donde todo buen profesional sabe que lo primero que hay que evitar es que el remedio sea peor que la enfermedad.

Estoy hablando de eventos y de deportes, donde tengo cierta experiencia, pero creo que esto es aplicable a otros ámbitos, como la economía, de los que admito que no tengo ni repajotera idea.

Y desde ese desconocimiento, me atrevo a juzgar lo ocurrido en los últimos días con el Banco de Madrid como una soberana chapuza nacional digna de Pepe Gotera y Otilio. Las autoridades detectan irregularidades en un banco, tienen constancia de que la entidad está ayudando a ciertos clientes a blanquear dinero procedente de asuntos turbios. Lo lógico me hubiera parecido actuar sigilosamente, investigar policialmente, detectar a los delincuentes y a sus cómplices y detenerlos, evitando así males mayores. Sin embargo lo que se ha hecho ha sido todo lo contrario, encender los focos, poner la megafonía a tope, llamar a la prensa y montar el show sin predecir las consecuencias. Y el resultado es que sin remediar nada, porque no consta que se haya detenido a ningún responsable ni a ninguno de los narcos o delincuentes, lo que sí se ha conseguido es agravar hasta la muerte la enfermedad del banco y que paguen justos por pecadores.

Sí, porque no sabemos si terminarán enchironando a peligrosos mafiosos y haciendo pagar a los usureros directivos del banco, pero lo que sí es ya un hecho es que los muchísimos ciudadanos de a pie, más o menos ricos, igual da, sin tener nada que ver, van a perder buena parte de su dinero y que los empleados se van a ir a la calle.

No había que ser muy avispado para saber que en el mismísimo momento en que anunciaban la intervención, centenares de titulares iban a vaciar sus cuentas por precaución y que eso iba a llevar al banco a la suspensión de pagos y a la absoluta pérdida de credibilidad y de futuro. Pero debe ser que alguno del Banco de España o del ministerio tiene menos repajotera idea que un servidor.

Y lo que me sorprende del tema es que nadie diga nada, que los ministros responsables estén escondidos, que nadie sepa quién es el culpable de este desaguisado, que los periodistas no hinquen el diente y que la gente no salga a la calle a pedir cuentas. A Bankia hubo que salvarlo con veintitantos mil millones públicos porque no se podían poner en juego los ahorros de los ciudadanos (eso decían), pero en este caso, como es un banco más pequeño… que les den a los ciudadanos y a los empleados, difundimos la imagen de que todo está podrido y nadie dirá nada.

No tengo ni tenía dinero en el Banco de Madrid, pero por desgracia sí tengo algún familiar duramente perjudicado y me parece que volvemos a estar ante una de esas situaciones en las que no todos somos iguales ante la ley y donde los que pagan el pato siempre siguen siendo los mismos. Y mi pregunta incómoda, ¿qué pasaría si se detectase alguna situación irregular como estas en el Santander o el BBVA?

domingo, 15 de marzo de 2015

LA DESPEDIDA

Ahora que estoy en condiciones de dar clases particulares de literatura y en concreto de la Generación del 98, tengo que reconocer que mi cerebro se encuentra cláramente marcado por las teorías de este insigne grupo. Las tres semanas que llevo repasando con mi hijo han dejado secuelas en mi interior y, de tanto insistirle a él, he terminado por ser un militante existencialista, desengañado y melancólico que trata de resolver todas sus dudas interiores sobre el sentido trágico de la vida.
No es que esté depresivo ni nostálgico, simplemente que las teorías de toda esta generación de escépticos han calado y respaldo la pérdida de fe de Unamuno, el derrotismo de Baroja ante el poco humano ser humano, la distorsionada realidad de Valle Inclán o la bucólica tristeza de Machado. Los párrafos de San Manuel Bueno Mártir hablando desesperado de que estamos en este mundo para morir y nada más y que los creyentes son afortunados por poder contar con una esperanza, por falsa que sea, son el perfecto resumen de ese sentimiento... Del sentido trágico de la vida.
Lo viví en persona hace unos días con una escena que quedará grabada en mi memoria para siempre, (lo que tampoco es demasiado). Quedaban dos plazas del avión al Sahara sin ocupar y un amigo saharaui me llamó de urgencia con un compromiso: "Diego necesito que lleves a dos personas, me tienes que guardar esas dos plazas para la ida, a la vuelta sólo volverá uno, la otra plaza vuelve vacía". Dicho y hecho, lo que me pida este amigo va a misa.
Una vez en el aeropuerto y en medio del lío por el embarque de todo el charter, se presentó ante mí uno de los viajeros enviados por mi amigo, un chaval joven que iba a viajar con su abuela. Facturaron su equipaje y se fueron a una esquina del aeropuerto rodeados por cinco o seis familiares que hacían corro alrededor de la abuela, sentada en una silla de ruedas. Yo seguía atendiendo a viajeros y resolviendo imprevistos, pero por el rabillo del ojo observaba la conmovedora escena; uno a uno se iban arrodillando ante la mujer, débil y enferma, y tras acariciarle con ternura las manos y la cara, rompían a llorar desconsoladamente. Poco a poco fui deduciendo quién era quien en el grupo familiar, un hermano, un par de hijos y varios nietos daban su último adiós a su abuela en una dolorosísima estampa entre maletas y carros metálicos. Lo del último adiós se suele aplicar para los muertos, pero en este caso la buena mujer estaba allí, viva y consciente de lo que esas caricias significaban.
Me vino a la mente una petición de mi padre cuando se enteró de su fatal enfermedad: "sólo os pido no saber nunca que no hay esperanza, no puedo imaginar la horrible sensación de saber que está todo perdido" y pensé que aquella mujer y sus allegados estaban viviendo en ese momento y en ese frío aeropuerto, esa horrible sensación.
Durante todo el vuelo no hablé con casi nadie y permanecí en mi asiento reflexionando sobre algo tan normal para ellos como irse a morir a su tierra y sobre el dolor de la despedida, la verdadera, la última, la trágica. Entendí entonces lo de "a la vuelta una plaza vuelve vacía" y me quedé dormido imaginando el momento en que mi plaza vuelva vacía.

PD. No está mal para un lunes, ¿verdad?... y además mi hijo suspendió el trágico examen.

miércoles, 11 de marzo de 2015

CAPITAL DE ESPAÑA

Madrid es la capital de España, te lo cuento por si no te has enterado o no has visto la nueva decoración de los coches de Policía Municipal de la villa y corte. Deberíamos estar orgullosos de ser capitalinos porque eso significa que no somos provincianos, que no somos paletos y que como buenos madrileños somos chulapos, chulapones, y estamos encantados de conocernos, pero...
...Pero día tras día nuestra ciudad y nuestra comunidad autónoma uniprovincial sirve de escarnio, vergüenza y ejemplo del caciquismo más casposo que puedas imaginar, de la corrupción más mezquina y miserable envolviendo a todas las instituciones locales. La lista de casos de prevaricación, amiguismo, robo, corrupción en general, en nuestro querido Madrid es absolutamente lamentable, solo equiparable con la de Valencia, pero además aquí lo aderezamos todo con ese toque sobrado y chulesco que encima tienen nuestros personajillos. Los Blesa, González, Granados, Aguirre y compañía no se caracterizan precisamente por su humildad y modestia y además de sus cuestionables actos siempre tienen ese puntito perdonavidas que tanto sobra en el carácter "madridista".
Sin esa chulería no se entendería esa inexplicable decisión decorativa de diseñar un nuevo escudo para embellecer los coches de la poli, con la leyenda de "Madrid, capital de España". No lo entiendo. Pero además de no entenderlo, me parece una provocación. Los madrileños sabemos muy bien que esta ciudad que amamos y sufrimos indistintamente, es desde hace siglos la capital del Estado español y podemos o no, estar orgullosos de ello, pero no tenemos ninguna necesidad de restregárselo a nadie. Al resto, a los que nos visitan desde otra comunidades, no hay que recordarles cuál es la capital, lo saben perfectamente y sufren sus consecuencias. Digamos que no es un atributo del que presumir y hacerlo, me parece una paletada de tamaño descomunal.
Pero lo que me ha llevado a escribir esto con indignación no es esto sino los anuncios que a cada minuto oigo en la radio durante estos días, en los que en plena precampaña electoral se nos venden los éxitos y virtudes de la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid como si fuésemos imbéciles. He llegado a contar y la tercera parte de las cuñas que emiten estos días son de ambos organismos. Las de la Comunidad son de gran utilidad informativa, con una sobre la calidad de los colegios que hay en Madrid, otra sobre la eficacia del servicio de urgencias 112 y una tercera más irrisoria todavía sobre la reducción de impuestos. La del ayuntamiento es simplemente una cuña de turismo de Madrid emitida en Madrid, para que la oigamos todos los madrileños y viajemos a la capital.
El asunto es absolutamente vergonzoso y demuestra que los políticos no han entendido nada de lo que la sociedad les ha dicho durante los últimos años y nos siguen tratando como imbéciles. Juegan con nuestro dinero, lo malgastan en su propio beneficio, nos tratan de manipular y acallan a los medios informativos dándoles migajas que ellos aceptan con obsceno y cómplice servilismo. Claro, que nos tratan como imbéciles porque actuamos como imbéciles. Tiempo al tiempo: 24M.