Además los medios suelen ser bastante corporativistas y no aguantan críticas externas, de las que se defienden de inmediato ondeando la bandera de la libertad de expresión. Sí, los periodistas son libres para contar lo que quieran, pero los lectores no son libres para saber la verdad.
Desde que llevamos metidos en las aguas pantanosas de la puñetera crisis, uno asiste boquiabierto a numerosas "maniobras suicidas" periodísticas. Bien es cierto que la situación es ideal para ejercer el periodismo, con noticias que se van solapando, con sorpresa tras sorpresa y con asuntos cargados de polémica, que son los que dan vidilla a los medios. Es curioso comprobar con que facilidad hacen titulares a cinco columnas para cualquier noticia negativa y como pasan por encima del más mínimo brote verde. Las bajadas de la bolsa abren las portadas, mientras que las subidas hay que encontrarlas en la sección de economía.
Pero lo que me lleva a escribir esta entrada es ese momento de enorme irresponsabilidad, de falta de sentido de Estado, de inconsciencia, que demuestran en algunos casos, dando excesivo seguimiento a noticias que por sí sólas son peligrosas. Por ejemplo, es obvio que hay un pacto no escrito para hablar poco de las muertes por suicidio, lo aplaudo; pero deberían hacer lo mismo con asuntos económicos como el "corralito" o la fuga de capital de España, que ayer llenó tantos noticiarios. Por Dios, no se dan cuenta de que esas situaciones están provocadas por el pánico, que tienen una enorme carga psicológica y que lo habitual es que su publicación genere un efecto dominó. Señor periodista, señor director, acompañe su libertad de expresión de un poquito de ética responsable, que si se va todo a la mierda se va usted también.
Y reconozco que soy el primero que incumplo esa pressponsabilidad porque al fin y al cabo, también aquí, estoy hablando de lo que no se debe hablar... Pero vosotros sois cuatro gatos.