jueves, 29 de enero de 2015

LA PRESIÓN DEL DINERO


Nunca he tenido la duda. El dinero manda en el mundo como manda en la mayoría de las vidas que estamos esparcidas por aquí. Desde siempre había atendido incrédulo a todas las teorías de la conspiración que sospechaban que detrás de cada decisión política y social había escondidas razones contables en fajos de billetes. Lo que ni por asomo podía imaginar es la desfachatez obscena con la que actúan últimamente los dueños de la pasta con sus presiones coacciones y burdos chantajes a los países y a los ciudadanos, sin el más mínimo disimulo. Lo hemos vivido recientemente en Grecia con los comentarios amenazadores de todas esas instituciones que hacen con sus habladurías en ruedas de prensa, pasillos o incluso retretes, que los mercados y las bolsas tiemblen en todo el mundo. Ante la posibilidad de que pueda gobernar un partido de los que ellos consideran peligrosos para sus intereses, su reacción es siempre la misma, amenazar con llevarse el Monopoly. En España también está a la orden del día y cada vez que Podemos despunta en una encuesta, aparece uno del Bundesbank, el FMI o el Banco Mundial enseñando los dientes y prometiendo tempestades. Lo que no se dan cuenta estos avaros es que cuanto más utilizan la estrategia del miedo, más movilizan a la población en su contra y en favor de esos benditos "populismos". 
Pero donde el repugnante poderío del dinero ha sobrepasado los límites morales es, una vez más, en Palestina, donde Israel tiene bloqueados 105 millones de impuestos que debe a los palestinos para evitar que la Autoridad Palestina ponga una denuncia contra Israel en la Corte Penal Internacional. Tiene guasa el asunto porque ya de por sí Israel está gestionando un dinero que no le pertenece , pero es que además la horrible amenaza palestina es someterse a un tribunal internacional de justicia reconocido por todos los países que se visten por los pies. Menos mal que Estados Unidos ha salido rápidamente a poner cordura e imparcialidad exigiendo a Palestina que no presente ninguna denuncia en la Corte Penal o se quedarán también sin los 400 millones de dólares que prestan a ese gobierno. Conclusión: nada vale, ni los tribunales, ni el derecho, ni la democracia, sólo la puta dictadura del dinero.

PD. Si me pagan bien podría retirar esta entrada y alguna otra ofensiva con el capital...

jueves, 22 de enero de 2015

CADENA PERPÉTUA

Será demagogia, pero no hay quien entienda las cosas de la justicia. Me da que este estamento está totalmente contagiado por el sistema caciquil, servil y clientelista tan extendido en nuestro país durante los últimos dos mil años. Además me sorprende la obscenidad y falta de escrúpulos con que hacen las cosas, sin el más mínimo remordimiento ni miedo al qué dirán. De tanto conchabar con las otras fuerzas vivas mandantes, políticos y religiosos, se les ha pegado la desfachatez, que maquillan con interpretaciones un tanto particulares de las leyes y de los procesos.
Por ser correcto diré que no son todos iguales y que habrá muchos jueces y juezastros muy profesionales e imparciales, pero lejos de hacer la habitual declaración formal de cualquier político, de respeto absoluto de las decisiones judiciales, un servidor se rebela en voz alta desde este insonoro blog ante tanto despropósito. Hay quien piensa que lo que hace la justicia es preservar las garantías y el principio de presunción de inocencia. Niego la mayor.
No entendí el linchamiento del Juez Garzón por merodear por las cloacas del PP y de la intocable memoria histórica; aluciné con el apaleamiento del Juez Silva por encarcelar a un personaje tan impresentable como Blesa; ahora ya tienen decidido también dónde se le da la patada a seguir al juez Ruz que tanto daño ha hecho al partido con sus inventivas... Vamos, todo síntomas de la más absoluta independencia de la clase jurídica frente a la política. Algo que sólo se veía antes en Italia y en el tercer mundo y que ahora sólo nos mejora Argentina con sus presuntos suicidios inducidos.
Sin intromisiones ningunas, no creo ni que hagan falta. Como para sacar a Matas de la cárcel antes de que empiecen los fríos, amparándose en la frívola afirmación de que tiene medios de subsistencia y posición social; lo que sabemos de siempre, si eres rico y enchufado, todo es más fácil. Parecidos son los argumentos para el gran Bárcenas. Como lo será para todos esos casos escandalosos de corrupción que van desgastándose con el paso del tiempo y la ejemplar agilidad judicial. Como lo ha sido para la amiga Espe, que es la única persona cuya palabra vale más que la de los agentes; probad cualquiera a hacer lo que hizo ella y pensar que os pasaría.
Eso sí, obviando todo esto, el principal objetivo del gobierno en las últimas semanas es dejar atado y bien atado el entramado de leyes y medidas represoras con su ley mordaza que parece diseñada por los mismísimos grises, con  la política de fronteras que hasta la UE califica de inmoral y con la última gran adquisición: la cadena perpetua. Como siempre han sabido encontrar los palabros adecuados para disfrazarla de prisión permanente revisable. ¡Que les practiquen sexo anal!

PD. Todo ello presuntamente, que estos son capaces de reducir paulatinamente mis constantes vitales hasta la inhumación de mi cuerpo.

lunes, 19 de enero de 2015

EL POSTUREO


A esa cierta edad en la que los grandes objetivos vitales están casi todos conseguidos y archivados, uno se permite el lujo de marcarse nueva metas un tanto más livianas o si queréis, estúpidas. Ahora, como ya os anticipé en un reciente post, estoy obsesionado con los selfies y he pensado que es fácil acabar con ellos y con toda la estupidez que les rodea.
No os estoy proponiendo que cuando veáis a un japonés armado de palo sujeta cámaras haciéndose una foto delante de Las Meninas le soltéis un bofetón y le metáis el palo por el rasca. Sería divertido, pero sugerirlo es apología de la violencia. Me basta con una fórmula mucho más efectiva: hagamos que se sientan pasados de moda, horteras y anticuados. Así son las modas y así se termina con ellas, como cuando todo el mundo empezó a usar la letra Comic Sans como original, fresca y casual y acabó siendo la firma del mal gusto en cualquier diseño gráfico. Como la pulsera magnética, la Blackberry o el vídeo de la ducha, de tanto manosearlos terminaron desgastados.
Pues eso tenemos que conseguir con los selfies, sacarlos de nuestras vidas, rechazar con cierta soberbia al que insiste con el palito, no darle al “me gusta” nunca y huir del postureo. Por cierto, otra cosa con la que debemos acabar es con la palabra postureo, porque no existe mayor postureo que utilizar la palabra postureo. Una nueva estupidez del hipsterismo ilustrado con la que hay que romper para no acabar todos tontos del pene.
Nuestra vida será mucho mejor sin cámaras atadas a palos fotografiando modernillos postureando. Vale que no es muy tolerante mi actitud, pero es que los viejos dicen lo que piensan y más después de leerme otro libro del amigo Bernhard, siempre orgulloso de ser molesto.

domingo, 11 de enero de 2015

EL 65%

Gali, nuestro hijo saharaui, en uno de sus geniales comentarios, el otro día confesó su nivel de adicción al Islam: "Yo creo en Alá al 65 por ciento". Obviamente nosotros soltamos una carcajada porque nunca habíamos escuchado ese tipo de matizaciones matemáticas en cuestiones de dioses y religiones. Preguntado por el motivo de esa reserva del 35 por ciento, él supo explicarse rápidamente: "Es que lo de no comer cerdo, no lo tengo muy claro, con lo rico que está el jamón..."
Él, aunque sólo sea con su 65%, es uno de los 1.600.000.000 (mil seiscientos millones) de musulmanes que hay en el mundo. Una cifra que va en aumento y que pronto puede acercarse a esos dos mil millones de cristianos. Conozco personalmente a varios centenares de musulmanes, la mayoría gente excepcional, inteligente, generosa, amable y cariñosa; algún que otro capullo. También conozco a muchos más "cienes" de cristianos, la mayoría gente excepcional, inteligente, generosa, amable y cariñosa; algún que otro capullo e incluso algún hijo de puta.
El otro día, en Francia, unos mal nacidos, asesinos sin cerebro, desquiciados y sin la mínima categoría humana realizaron un brutal y abominable crimen por el que pagaron con sus vidas. Estos exaltados terroristas dementes y repudiables son un peligroso fenómeno en ascenso en algunas partes del mundo donde el radicalismo islamista está levantándose contra lo que consideran la opresión de Occidente. Dicen hablar en nombre de Alá, pero realmente son sólo vengadores de una situación social injusta en la que creen estar y que enmascaran con una ciega argumentación religiosa.
En la misma semana Boko Haram ha matado a más de 2.000 personas en Nigeria, con incomprensibles razones de locos asesinos poseídos por la sin razón evangelizadora. En Siria los rebeldes, transformados en Estado Islámico siguen masacrando a los civiles con las armas que Occidente les dio para luchar contra El Asad. En Pakistan, aquel país lejano situado entre Afganistán e India, la otra semana reventaron las vidas de decenas de niños que cometían el imperdonable delito de estudiar en la escuela.
El mundo ha perdido el norte, el radicalismo islamista pretende contagiar al máximo número de militantes extremistas capaces de luchar por una causa no refrendada ni por la historia ni por sus propios libros sagrados. Las grandes potencias no saben como evitarlo y están más perdidas que nunca, tras los últimos traspies bajo el eslogan "peor remedio que enfermedad". Sin embargo, ante tanta barbarie, los afortunados occidentales deberíamos reaccionar con el sentido común del que ellos carecen, evitando generalizaciones, impidiendo que se criminalice a toda una religión, seguida por tantos millones de gente pacífica, imponiendo la educación, la pedagogía y el diálogo frente a quienes sólo saben hablar con la fuerza y las armas. La barbarie no se combate con controles en los aeropuertos ni con represión y sospecha sobre todos los musulmanes, la forma de combatirla es consiguiendo que ellos sean uno más de los nuestros, que no se sientan rechazados, que tengan los mismos derechos y que no sean señalados como permanentes sospechosos, porque al final terminan por convertirse en lo que creemos que son.
Viendo las noticias tras el atentado de Charlie Hebdo, mi hijo español dijo: "Puto Islam" y yo rápidamente corrí a explicarle todos estos argumentos y muchos más para evitar ese choque de civilizaciones que es estúpido y no nos conviene. Por más que tantos lo promuevan, de un lado y de otro.

viernes, 2 de enero de 2015

EL MUNDO ES INJUSTO


Mi hijo, como el tuyo, de vez en cuando reivindica algún mínimo derecho con un “no es justo” y los papás les decimos, cargados de razón, que se aguante porque el mundo no es justo. Oigo a madres decir que putea a sus hijos para que vayan sabiendo lo duro que les va a tratar el mundo. Que si les ponemos las cosas fáciles de pequeños, luego puede ocurrir que se lo coman los tiburones
Que el mundo no es justo es una perogrullada, ya lo sabemos todos. De entrada es desigual desde el mismo momento en que asomas la cabeza entre las piernas de tu madre, te asomas y dices: “Bien, La Moraleja” o “Qué putada, Bamako”
El mundo no es justo, lo tenemos todos claro ¿no?, pues cambiémoslo. Hace poco vi un reportaje en la 2 sobre corresponsales de guerra hablando de las crudezas de su profesión, de las animaladas de las que era capaz el ser humano por defender causas no siempre defendibles. Hablaban de cómo perdían la razón todos los implicados en las guerras, tuvieran o no tuvieran razón. Por allí pasaban tipos con enorme sentido común y sensibilidad como Gervasio Sánchez, explicando la parte humana de los conflictos, que suele relucir siempre en el lado de las víctimas, más que en el de los Kalasnikovs que son algo más, digamos, inhumanos. Al final me quedé con una declaración de Arturo Pérez Reverte, que no es santo de mi devoción como escritor estrella, pero sí me resulta creíble como periodista testigo de guerras; él afirmaba que en las guerras todos pierden sus argumentos y llegaba a una deprimente y escéptica declaración digna de Hobbes (el hombre es un lobo para el hombre) que afirmaba que el ser humano es el más malo y cruel de los animales que habita el planeta. Eso no hace más que redundar en el hecho que decía Lucito: “el mundo no es justo”.
El mundo, (y más ahora sin Pedro J), no es ni justo ni injusto, lo hacemos nosotros, los papás de todo el mundo. Y si seguimos preparando hijos para un mundo injusto este lo seguirá siendo. La única esperanza de que eso cambie es la educación, así que no tengo claro si debemos tener esperanza…

lunes, 29 de diciembre de 2014

REGRESO AL MUNDO REAL

Vivimos en un mundo de mentira. Lo sabemos y presumimos de ello. Lo virtual se impone a lo real. Quien no está conectado a la revolución digital es considerado un ermitaño negacionista del progreso y peligroso para la sociedad. Alguien a quien esquivar y denigrar. Todos los círculos, familiares, profesionales, amistades... pasan a ser un permanente concurso de innovación y tecnología en los que presumir de estar al día del último gadget, la penúltima aplicación o la novísima red social. Si no estás no eres y casi siempre llegas tarde. Todo está inventado y millones de personas están a cada momento pensando lo mismo que tú. Pero nadie da un paso atrás y nadie se atreve a criticarlo por miedo a ser tildado de anticuado.
Los chavales quieren ser desarrolladores de aplicaciones, los niños sueñan con ser youtubers de mayor, los quinceañeros buscan el pelotazo en el mundo del gaming y el tejido empresarial cambia por la aparición de un gigantesco enjambre de hambrientas y voraces Startups en busca de dinero fácil y rápido. El efecto pelotazo ya no está soportado por ladrillo sino por código nativo android. Un bloguero es ya algo del pasado, casi un juglar con su pergamino. ¡Cómo me identifico con el méster de juglaría!.
Las relaciones sociales también sufren un dramático terremoto que permuta el calor de la amistad, de las sonrisas, las expresiones y las palabras, por la frialdad de los clics, los whatsaps, los "me gusta" y los emoticonos. No lo critico y además lo practico compulsivamente, pero siendo consciente de que el rumbo que le estamos poniendo al mundo no es el apropiado. La vanidad, el ego y el exhibicionismo han sobrepasado los límites de la vergüenza y el ridículo para ser todo un espectáculo, en muchas ocasiones deleznable. El selfismo, los vines, instagram y el monologuismo youtuber son escaparate donde romper con la timidez o exponer la desvergüenza para que los demás, cuantos más mejor, mejores tus números de la fidelidad. Uno vale por sus "me gusta".
Mentira, todo es una gran mentira, y a menudo me planteo cómo va a evolucionar este universo digital. Incluso dudo si bajarme provisional o definitivamente y pasar a ser un negacionista proscrito. El vértigo me lo impide, pero cada día que pasa estoy más convencido de que el siguiente movimiento que está a punto de llegar es la contrarrevolución, en la que se pondrán de moda los cafés sin wifi, se prohibirá entrar con móvil a los conciertos, los mapas recobrarán el terreno perdido y las tertulias no serán por whatsapp sino alrededor de una ración de bravas.
Entonces la creatividad se plasmará en cuadros, en novelas, en pelis y en discos. Habrá vuelto la cordura y no será ídolo de nadie un imbecil que se graba vídeos haciendo el imbécil, ni seremos esclavos del puto móvil, ni se matará la gente en el coche por contestar el whatsapp de su cuñao sobre el Pequeño Nicolás, ni tendremos tantos amigos que nunca hemos visto ni conocemos sus caras,
pero que jalean nuestras ocurrencias con generosos "likes".
Ahora o nunca, salvemos al mundo del calentamiento global, de las injusticias sociales, de las salvajadas humanas y de la estupidez general en la que estamos sumidos por la mala utilización de la revolución tecnológica.

domingo, 21 de diciembre de 2014

NÚMEROS Y LETRAS

Lucio, ocho años, orgulloso comentaba sus éxitos en su materia preferida: "Me gustan mucho las matemáticas, son mi asignatura favorita". Martín, quince años, con rechazo y cierta indignación le reprendía: "Eso es porque tus matemáticas sólo tienen números, ya verás cuando les pongan letras como no molan tanto". Tenía toda la razón del mundo el chiquillo, a quién se le ocurriría llenar las operaciones de cálculo de X ó Y para volver locos a todos los chavales.
A partir de ahí me he ido dando cuenta de que uno de los principales problemas del mundo en el que vivimos es que en la otrora igualada pugna entre letras y números, han salido ganando de forma aplastante estos últimos. Ya nadie duda que los buenos estudiantes son los que optan por ciencias y los vaguetes los que se van a letras; el propio sistema de ingreso en las universidades es numérico y establece que las carreras premium son las de ciencias, mientras se abarata el acceso a cualquier titulación relacionada con letras o humanidades. He llegado a oír a chavales ironizar sobre el tema e insultar con el término "letrasado".
Eso lleva como consecuencia que un buen bancario sea mucho más reputado que un buen profesor, que un currículum de administrativo es mejor valorado que uno de periodista o historiador; en definitiva que el Excel ha derrotado al Word. Y pensaréis que es otra paranoia anecdótica de las mías, pero el caso es mucho más profundo de lo que parece.
La derrota de las humanidades es obvia en un mundo donde escuchar una ópera, escribir un relato, leer una poesía o pintar un cuadro son actividades y actitudes trasnochadas e improductivas dignas de gente obsoleta sin futuro. Ante eso, el planteamiento educacional exige estudios de materias productivas, que vayan a servir en un futuro para ganar dinero, cuanto más mejor y cuanto más rápido, mejor todavía.
Hace poco observé aterrado como un padre me contaba con cierto sentimiento de culpa, algo de vergüenza y una enorme sensación de fracaso, que su hija estaba estudiando periodismo. Casi tuve que darle el pésame y un abrazo para animarle porque la pobre chica había escogido un camino profesional bonito como pocos, abierto a la creatividad, al compromiso y de gran servicio a la sociedad. Posiblemente la chica no se iba a forrar a corto plazo, pero podría ser muy feliz y muy útil. Supongo que ese mismo padre sería feliz si su hija hubiese hecho económicas y hubiese terminado llevando la gestión de compras de terminales de cualquier multinacional sonada; un trabajo mucho más alienante y feo.
Seguimos viviendo en la titulitis, pero también en un mundo en el que lo cuantitativo se ha impuesto a lo cualitativo, los rendimientos a los valores, los beneficios a los principios y los mercados a los museos. Tenía razón Martín, a las matemáticas les sobran letras y en la cultura no pintan nada los números (los del IVA tampoco). Y a este planeta le hace falta una buena dosis de filosofía existencial frente a tanto pragmatismo economicista, por no decir capitalista. Vivan las letras!!!

miércoles, 17 de diciembre de 2014

POR SIGLAS MOSCAS


Tengo un problema, he hecho una foto en RAW y la quiero pasar a JPEG, pero me han dicho que pruebe mejor con un PNG o un BMP porque si lo que al final voy a hacer es subirla a la FTP en un PDF, me valdría con un GIF, pero como la tengo en la CPU del PC, me ocupa mucha RAM, con lo que o lo grabo en un CD o en un DVD o lo envío por SMS o partiendo de su RSS desarrollo una APP o lo paso a HTML utilizando la GPU y lo cuelgo en una URL desde mi IP, compartiéndolo en RRSS, ya sea FB o TW, pero dependo del EFI y el SMC del MAC por no hacerlo en IPV4 ni usar una SSL para guardar en el CRM. Si fuera vídeo lo pondría en MOV o en AVI o en MVI,  aunque si encuentro el adaptador de AC-DC del TDT me ahorro el IVA del IRPF como hace el PP y hago un XLS con el IPC estimado por el FMI y la CEE que es distinto al de la OCDE y la CNMV, pero he oído en RNE que te piden el DNI como cuando coges el AVE o pagas el IBI para ver si tienes el VIH o eres de ETA o tener datos de tu ADN y es que sin duda detrás de esto está el CNI o la CIA o hasta la KGB y o lo para la ONU o la OMS o vamos directos al KO a velocidad de DRS, pasados de RPM, por haber dicho OK por culpa del IBEX y de la CEOE y ahora estamos en la UVI. Esa es la preocupación que os transmite http//, agente de la TIA.
PD. Con lo que a mí me gustaba viajar en el Tren Articulado Ligero Goicoechea Oriol de la Red Nacional de Ferrocarriles Españoles...

domingo, 14 de diciembre de 2014

EL EXORCISTA

Soy de los pocos seres que nunca jamás ha visto El Exorcista. Tiene explicación: si la veo me cago en los pantalones y eso es molesto y muy poco estético. A lo más que he llegado es a entrar en la casa del terror del Parque de Atracciones, donde había una recreación de la habitación con la niña poseída; entré agarrado al de delante y la de detrás y cuando la niña se levantó, grité compulsivamente y a punto estuve de soltarle un puñetazo. Evidentemente, me cagué en los pantacas.
Así es, no me gusta el cine de terror porque me da miedo. Prefiero el de humor, que me hace reír. Simplón que soy. Aunque por encima de todo me gusta la realidad, más que la ficción. Sin embargo, leyendo la información fechada recientemente en Burgos, uno no alcanza a distinguir si estamos ante una narración de pánico, cachondeo o durísima realidad.
Resulta que los juzgados están dirimiendo posibles responsabilidades por la práctica de un exorcismo a una joven anoréxica que se había intentado suicidar, a quien sometían a largas sesiones purgatorias, atada y con varios crucifijos en su cabeza, mientras el sacerdote autorizado como exorcista, rezaba oraciones y trataba de expulsar al demonio de su cuerpo. No te rías que va en serio, no me lo invento.
El exorcismo sigue vigente en la iglesia católica del siglo XXI, es reconocido por El Vaticano, que concede los títulos oficiales de exorcista, y justificado por todos los obispados, arzobispados, diócesis, archidiócesis y archidiocisiete. Leo en el periódico declaraciones de un exorcista que dice que los poseídos tienen síntomas muy parecidos a los esquizofrénicos; ¡pobres! De verdad, no es broma, es realidad.
Es verdad, al igual que es cierto que el Obispo de Córdoba está intentando cambiar la historia y hacernos pasar a todos por tontos diciendo que la Mezquita siempre fue, es y será un templo católico y cambia su nombre para llamarla Catedral de Córdoba. Un gesto que sólo puedo entender como beligerante, qué necesidad tendrá, si ya es el único beneficiario de todo el negocio que genera. Le va a costar que todos dejemos de llamar Mezquita de Córdoba a la Mezquita de Córdoba. Me río.
Y lo que es más triste de todo y no tiene ni puta gracia son las reincidentes historias de acosos, pederastia y otras aberraciones a las que parte de ese colectivo nos tiene acostumbrados, con la connivencia de buena parte de sus jerifantes. Tiene trabajo Francisco para poner al día a esta institución anacrónica, ventajista, dominante y medieval. Miedo, mucho miedo es el que siento cuando pienso en la Iglesia como institución y en todos estos disparates. Mucho más miedo que si durmiera cada día con la niña del exorcista.
Pie de foto: Mirad la pancarta que hay en la iglesia de al lado de casa. Yo, por si las moscas, prefiero aliviarme solo.

viernes, 12 de diciembre de 2014

SINFINES

Soy un apasionado de los sinfines y toda clase de derivados. Es todo un mundo, algo que se lleva dentro, una filosofía de vida, diría... No tengo ni repanjotera idea de lo que realmente es un sinfín y no quiero comprobarlo porque ya de por sí la palabra me da mucho miedo o quizás vértigo. Algo sin fin sería infinito o incluso infinito doble. Sin embargo los sinfines y derivados que fabrica el tío Espilete se han cruzado en mi camino hasta tal punto de meterse de rondón en este distinguido espacio.
Resulta que hace unos días procedía a ordenar unas estanterías repletas de material donado para llevar al Sahara cuando encontré una caja llena de camisetas regaladas por corredores populares; no voy a entrar a describir el olor ácido y turbio que desprendía la ropa cuando abrí la caja porque ya lo he hecho. Entre las generosas donaciones encontré numerosas joyas del nivel de calcetines tomateros, camisetas de manga larga convertidas en manga corta de manera artesanal y otras muchas. Pero por encima de todo destacaba una camiseta de algodón, de 70 gramos o menos, en blanco que son más baratas y con el logotipo de la compañía que todos conocéis: Espilete, sinfines y derivados.
Por deformación profesional me intenté poner en la mente de Espilete o de su director de marketing, que supongo que es su cuñado, para entender cómo habían llegado a la conclusión de que ese nombre, ese logotipo y sobre todo esa campaña de merchandising, les iba a llevar al éxito. Puedo entender el nombre por motivos familiares y de apellidos; puedo entender el logo porque se supone que eso que representa es un sinfín; pero lo que no me entra en la cabeza es que se gasten la pasta en una camiseta con semejante diseño. ¿Quién es el inconsciente que se enfunda ese cacho algodón y sale a correr la carrera de su pueblo de esa guisa?
Mi siguiente análisis fue químico, porque la camisetilla llevaba unas sospechosas manchas amarillentas en los sobacos y si te arrimabas un poco todavía podías olisquear cierto tufo a vendimia castellano manchega o a meta de la milla urbana conquense. Por último me adentré en el estudio social y psicológico para tratar de entender la mente de ese corredor que estaba donando su apreciada y sudada camiseta de Espilete S.L. para ayudar a ese pobre africano que nunca ha visto un sinfín y tampoco ninguno de sus derivados.
Recordé entonces ese gran documental de hace poco en TVE2 en el que un trabajador social en Ghana rogaba encarecidamente al mundo que dejasen de enviarles ordenadores estropeados. Su petición era algo así como: "la brecha digital entre los países subdesarrollados y Occidente es enorme y seguirá creciendo mientras nos sigan mandando la basura que ustedes no quieren para nada". Entonces recordé una máxima del mundo de la ayuda humanitaria que todo el mundo debería aprenderse: solidaridad es compartir lo que tienes, no deshacerte de lo que te sobra.

lunes, 8 de diciembre de 2014

"LO SIGUIENTE"


La RAE se encarga de ir actualizando el idioma español de acuerdo con sus usos domésticos; a medida que los españolitos vamos desarrollando el lenguaje en la calle y nos vamos inventando palabros, la Real Academia procede a admitir esas palabras o expresiones que a base de tanto uso ya son parte de nuestra lengua. Vamos, las que ya no les quedan más cojones que aceptar.
Cada nueva adaptación crea polémica porque siempre salen los puristas que se niegan a la adopción de nuevos vocablos y los modernillos que reivindican otros que se han quedado fuera. Por eso te encuentras con un nuevo diccionario que incluye a los cansinos hipster, los indefinidos frikis y las dudosas pilinguis.
Sin embargo siempre hay expresiones populares difíciles de domar y definir para que pasen a ser normas aceptadas del castellano. Dos de esas formas de expresión que están tremendamente extendidas me traen por la calle de la amargura hasta tal punto que estoy a punto de crear un partido político para su erradicación. La primera de ellas es “lo siguiente” y la segunda “entre comillas”: las desarrollo.
Lo siguiente es la expresión más utilizada en nuestros días y sirve para un roto y un descosido, un enorme cajón de sastre al que recurrir en cualquier narración. Algunos ejemplos: “No hacía calor, lo siguiente”, “aquel tío no era idiota sino lo siguiente”,  “No es que esté cansado, es lo siguiente”… y ahí queda eso, es nuestra imaginación, los demás tenemos que deducir qué es lo siguiente a calor, idiota o cansancio y no siempre es fácil.
La otra, “entre comillas” es difícilmente aceptable por la Academia porque además de la expresión incluye de forma ineludible un gesto manual que pinta con cuatro deditos unas comillas en el aire. Es una expresión muy útil porque sirve para decir cualquier soplapollez, mientras la soportes con el correspondiente “entre comillas” y los deditos que se abren y cierran como garras de ratoncillo. Voy a decir una “tontería” y la dices moviendo los deditos y todo el mundo la acepta como tal, como una gran tontería. Una vez vi a Javier Cansado haciendo una parodia sobre este tipo de expresión gestual y desde entonces no soporto a todos los que usan ese recurso en cada reunión, en cada conversación. Y eso que el que aquí firmante ha sido un gran consumidor de ambas expresiones; no es que fuese adicto, era lo siguiente, pero ahora ya me estoy, entre comillas, desintoxicando.

domingo, 30 de noviembre de 2014

EXPRIMIR EL TIEMPO

La vida es el espacio de tiempo del que eres dueño desde que vacías un lavaplatos hasta que lo vuelves a llenar. En ese escaso periodo, que medimos en minutos, ratos o pispases, ocurren cosas, como diría Mariano. Lo malo es que esas cosas ocurren demasiado rápidas, las disfrutas o las sufres, pero cuando quieres volver a saborearlas ya se han ido. Tranquilos, que aunque el tiempo lluvioso otoñal inspire a ello, no voy a iniciar ninguna reflexión filosófica sobre el paso del tiempo (lluvioso y otoñal). Me suena que algún que otro escritor, filósofo, logopeda o cantamañanas ya ha escrito algunas cosillas al respecto, con lo cual me voy a abstener de contaros eso de que nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar, que es el morir.
Sin embargo sí que me obsesiona la práctica utilización del tiempo y la forma de exprimirlo, economizando hasta el último segundo de tu vida, no sea que el Miele vuelva a pitar. Esta obsesión obsesiva, como todas las obsesiones obsesivas, empeora con la edad y cuando uno ha pasado ya del medio maratón empieza a oír pisadas detrás suyo y corre a aprovechar cada segundo del futuro. Realmente lo que consumes es siempre presente, pero hace un rato era futuro y cuando lo sueltas de la mano ya es pasado. No, si al final le hago la competencia al Schopenhauer ese.
Y en esa obsesiva obsesión a mí me da por desarrollar la teoría del camionero, que dicho en términos técnicos sería la optimización del tiempo y de los trayectos. Me explico. Un camión viene de Suecia cargado de galletas de Ikea y no puede regresar de vacío porque el precio se duplicaría, además de haber desperdiciado tiempo, espacio y neumáticos, con lo cual vuelve cargado de preservativos de sabores (creo que ya han sacado uno con sabor a pene) y los reparte en Francia, donde le cargan centenares de cajas de vino Beaujolais que se beberán los infelices suecos hasta caerse redondos (todos menos al que le toca hoy conducir).
Pues eso hago yo, de camionero sueco. Recojo un plato de la mesa, lo llevo al lavaplatos y regreso con los cacharros limpios a colocarlos en el armario, encuentro unas migas que llevo a la basura, donde compruebo que está lleno el cubo y saco la bolsa a la calle, pero para no volver de vacío, cojo las cartas del buzón, las abro mientras ando y tiro los sobres y la publicidad de Media Markt al cubo del papel, que está también lleno, así que vuelvo a salir a la calle, lo vacío en el contenedor y recojo los cartones que el cerdo de mi vecino pijo de en frente ha tirado (qué cerdos y que pijos son siempre los vecinos, y cuanto más pijos más cerdos). Regreso hacia dentro pero cogiendo un par de troncos de leña para la estufa, los meto en el fuego pero se apaga, así que voy por el mechero que está junto al lavaplatos, con lo cual puedo coger un par de vasos y tres tenedores y dejarlos en la maquinita, regreso con el encendedor y prendo la fogata. Las peonzas del enano están por el suelo y alguien se va a matar, las recojo no sea que ese alguien sea yo, las dejo en la mesa del comedor donde quedan más vasos, que llevo al... Así hasta que dos horas después he recogido el lavaplatos y media casa.
Este sistema lo aplico en muchas facetas, incluso en el trabajo y a veces llega a ser agobiante porque tienes demasiados frentes abiertos y tardas mucho en cerrar asuntos, pero pocas veces tienes la sensación de perder el tiempo, salvo cuando lo pierdes porque te da la gana, es decir porque te sale de los huevos llevar el camión vacío.

sábado, 22 de noviembre de 2014

LA CARA "B" DEL ANUNCIO

Sé que para estar en onda y ser medianamente transgresor hay que criticar el anuncio de Loterías por su ñoñez o por su utopía. Pues bien, uno que es ñoño y utópico, no sólo no lo critica, sino que reconoce que cada vez que lo ve se le caen las lágrimas y el moquillo. Es cierto que tengo facilidad para el llanto y que basta con que me mencionen a mis hijos o a mis padres en una conversación, para que me empiecen a brillar los ojos. No voy casi al cine porque empapo las butacas, ya sea la peli dramática, terrorífica o desternillante, yo lloro. Por eso la historia del Bar Manolo, con todo el repelús que me puede dar ese rollito navideño y casposo que conlleva el sorteo de la Lotería con sus niños de San Ildefonso, sus reintegros, su salud y sus bombos, me ha parecido entrañable por lo que encierra de solidaridad y final feliz. Tanto que ya tenía decidido comprar un décimo en cada bar que pisara de aquí al 22 D.
Sin embargo, desde que lo vi la primera vez, llevo dándole vueltas a la situación hasta tal punto que apenas puedo dormir. Hay una variable que me inquieta y oprime el alma. Alguien se ha parado a pensar en la situación tan tensa que se hubiera creado en el bar si no hubiese tocado el gordo, cuando el pobrecillo menda, tan desarrapado y tan guapetón hubiese llegado al bar a tomarse su cafecito:
-Manolo, dime que te debo.
-Veintiún euros.
-¿Veintiun euros por un café?
-No hombre, un euro del café y 20 de esto.
-Manolo... Te dije que este año no quería lotería.
-Ya, pero yo por si las moscas te la cogí.
-Pues no pienso pagártela.
-Qué listo, porque no ha tocado ¿verdad? y si hubiese tocado, ¿a que sí lo pagarías?
-Ni de coña. Manolo, coge el billete y métetelo por donde te quepa, que yo no lo pago.
-Una picha, o me pagas ahora mismo o no vuelves a entrar a mi bar.
-Ni ganas que tengo de volver a que me times en esta mierda de bar. Toma tu euro, tu billete y tu café repugnante lleno de posos.
-Y tú ve saliendo por la puerta antes de que te parta los morros, mamaracho.
-Eso lo serás tú y tu puta madre.
-Con mi puta madre y la tuya te vas a ir ahora mismo de la hostia que te voy a meter, cabronazo ¡Fuera!
Evidentemente esta situación es ficticia, pero la primera también lo era y tirando de eso que se llama sentido común y que está sabiamente respaldado por la estadística, he llegado a la inteligente conclusión de que esta escena es mucho más posible que la primera, con lo cual no pienso comprar ni un puñetero décimo. Me conformaré con la salud y con no encender la tele ese día. Eso sí, el anuncio mola.

lunes, 17 de noviembre de 2014

EL ASESOR

De mayor quiero ser asesor o consultor. Como mola, llegas a la panadería de en frente y le dices al panadero lo que tiene que hacer para mejorar su negocio. Es muy fácil, vas y le preguntas que cuáles son los días que más vende; los sábados y los domingos, te contesta. También consultas cuál es el tipo de barra más consumido; la baguette, te dirá. A partir de hay preparas una detallada presentación en Power Point repleta de anglicismos para explicarle al señor panadero que el feed back del market research que le has hecho concluye que debe diversificar el target de su negocio, modificando la periodicidad e impulsando el desarrollo de new projects. Vamos, que tiene que vender más los demás días de la semana y que a ser posible hay que intentar vender la barra de leña y el pan artesano. En un mundo real, el panadero debería coger la barra más dura que tenga y correrte a gorrazos de su tienda.
Este es el maravilloso mundo de la consultoría, señor panadero, un boyante negocio por el cual unos cuantos muchos listos cobran un pastizal por decirnos obviedades a los tontos. Suelen ser un par de colegas que le ponen el nombre a la empresa, véase Ernesto y Joven o Precio y Casa del Agua y a partir de ahí van convenciendo a sus amiguetes en las grandes empresas para que se gasten millonadas en concienzudos informes que apenas consiguen el objetivo de salvar el culo del directivo que se lo ha encargado. Resulta curioso que es un sector con bastante puerta giratoria en el que el consultor a veces termina contratado en la empresa asesorada y viceversa.
Os parecerá que el ejemplo del panadero es exagerado, pero en todos los estudios de este tipo que he vivido en este mogollón de años que llevo haciendo que trabajo, me he sentido como él. De hecho ahora mismo estoy inmerso en dos procesos similares con singing-mornings de este tipo que hablan mucho, divagan más y no consiguen bajar a la tierra ni uno solo de sus filosóficos conceptos. Ellos defienden sus argumentos con cierta agresividad para evitar que les manden a la mierda por ir dando lecciones de lo que no saben; se escudan en el "a nadie le gusta que le digan lo que hace mal", pero el problema es cuando te lo dice alguno que no tiene ni puta idea y sólo sabe de técnicas de selling donkeys.
Los últimos consejos que he oído para mejorar algunas áreas de negocio os pueden resultar bastante útiles y por eso los comparto. Uno de ellos nos ha hecho una presentación de 90 diapositivas para decir que si ampliamos la facturación ampliaremos beneficios y el otro me ha tenido cuatro horas de reunión para concluir que si tratas bien al cliente este te seguirá comprando. Pues eso, a conseguir que la gente compre dos barras en lugar de una y seguir viviendo en este mundo de mentira.

lunes, 10 de noviembre de 2014

EL GUIRIGAY

Un profesor de mis hijos es especialista en expresiones decimonónicas. Cada vez que hay un poco de jaleo en clase, es decir cada día, les dice cosas como "esto es un guirigay", "esto parece un mercado persa", "dejaos de rifirafes", "menudo galimatías"... Y yo, que también soy del siglo pasado, me acuerdo muy a menudo de ellas y las repito en mitad de las discusiones familiares o los sábados por la noche cuando presencio los instructivos espectáculos televisivos que varios canales nos ofrecen.
Me gusta el periodismo y me gusta la política, así que es fácil que me enganche a cualquier debate, tertulia o programa relacionado con la actualidad. Sin embargo, el show del prime time de los sábados es digno de estudio por su mal gusto y su indigna explotación comercial de la polémica.
Los jerifantes de las cadenas televisivas saben bien que las broncas, las discusiones y la sangre les dan audiencia y por subir eso que ellos llaman el share, son capaces de las más atroces indignidades. Esas tertulias enfrentan en la pantalla a los más beligerantes representantes de izquierda y derecha, con un moderador que lejos de apaciguar ánimos o conciliar posiciones, alimenta la polémica y va introduciendo temas escabrosos para que el programa tenga un ritmo trepidante, para que no falte ni un segundo de discusión, si puede ser con gritos, con insultos e improperios, cuanto peor, mejor. Lo tienen comprobado, el sistema funciona porque el que lo ve un segundo se queda enganchado y cuesta mucho escuchar a uno de esos "distinguidos" personajes sin esperar la contestación del de en frente. Por eso la audiencia sube y estos programas, teóricamente de política, tienen unas inusitadas audiencias y están dando grandes beneficios a las compañías que los emiten. Buena muestra de que esto funciona es que los propios partidos políticos no dejan pasar la oportunidad de tener su cuota de pantalla en esas emisiones, convencidos de que el que no está ahí, no existe.
A mí me genera taquicardia, me pongo súper nervioso, me muerdo las uñas y me subo por las paredes; quiero contestar por ellos, estoy a punto de escupir sobre la pantalla y me pongo frenético. Pensaba que eran sensaciones personales, pero hablando con muchos amigos me han dicho que les ocurre exactamente lo mismo. Buscando esa reacción que crea dependencia, las teles buscan la máxima polémica invitando a personalidades del calibre de Miguel Ángel Rodríguez, Pilar Rahola o Jorge Verstrynge y llevando a periodistas tan ecuánimes e imparciales como Inda o Marhuenda.
Pero si escribo esto es porque me preocupa enormemente que el periodismo se haya pervertido hasta tal punto y juegue en su propio interés con cosas tan importantes y cruciales como la estabilidad de un país o la convivencia de sus ciudadanos. Estoy seguro de que los directivos alientan la confrontación y disfrutan con las peleas. Serían felices con el estallido de una guerra civil si esa noche tienen más audiencia que el resto de teclas del mando.
Pie de foto: Esto es lo más parecido que he encontrado a un guiri-gay... Perdón.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

EL APAGÓN


Una vecina del pueblo ha venido a pedirme auxilio con una urgencia en la que su marido era incapaz de ayudarle… no penséis mal salidorros. Se trataba de un problema tecnológico o más bien digital, su aparato de TDT había dejado de estar operativo con el apagón digital de la semana pasada y su estabilidad matrimonial empezaba a correr peligro. Sin televisión y en un pueblo sin bares, se enfrentaba a una durísima tarde en la que ella no iba a poder ver “Gente” o “Sálvame” y su esposo se iba a quedar sin la corrida que cada fin de semana emiten en el canal autonómico de Castilla La Mancha. Entendí de inmediato que estaba ante un asunto de máxima prioridad y sacando todo mi lado solidario acudí a la llamada, del mismo modo que lo hice cuando mis hijos cayeron en profunda depresión el día que en casa se cayó el wifi y los chicos quedaron desorientados porque durante unas horas no pudieron disfrutar de sus vídeos favoritos de gatitos chocándose contra la pantalla de la cámara o de idiotas dejándose la rabadilla en inexplicables saltos desde la cama elástica.

Imaginé la velada de mi vecina hablando de lo largo que había sido este verano, que todavía estaban brotando tomates en las tomateras a pesar de estar metidos en plena temporada de setas, mientras su marido le recriminaba alguno de los últimos incidentes protagonizados por el cafre de su cuñado, que, por cierto, sí que es bastante cafre, y decidí actuar de inmediato. Con esa agilidad tecnológica que me caracteriza y ayudado por un bote del inefable Loctite, conseguí poner en orden el aparato en cuestión e incluso llegué, yo solito, a resintonizar todas las cadenas y colocarlas en orden en el menú del televisor. No es difícil porque pones la primera en el canal 1, la segunda en el canal 2, Antena 3 en el 3, la Cuatro en el 4 y así hasta que llegas a la 7 y pones lo que te sale de la punta del miembro viril, como hace todo el mundo ¿no?

Una vez resuelto tan dramático episodio, me quedé pensativo tras comprobar la enorme dependencia que mis vecinos tenían de la caja tonta, muy similar a la que mis hijos y yo mismo, tenemos de la caja imbécil. Me di cuenta de cuales eran sus prioridades vitales y de que no tenían ni la menor idea de quién era Granados, ni Blesa, ni Ruz, ni sabían donde está Siria, ni Burkina Faso, ni Ukrania… Igualito que mis hijos, tan distintos y tan iguales. Y me acordé de esa frase tan manida en el franquismo y en la transición que resumía ese bienestar social generalizado: “Pan y fútbol”. Ahora hemos evolucionado con la revolución digital, ahora al pueblo le basta con “tele y wifi”.

domingo, 2 de noviembre de 2014

SAVALL Y EL PORNO


Jordi Savall, un músico, desconocido para la gran masa, pero admirado por el mundo de la cultura, ha dado una de sus mejores lecciones magistrales la semana pasada al rechazar el Premio Nacional de Música que reconocía sus méritos con la viola y su ferviente defensa de la tradición musical. Savall despreciaba el galardón como reivindicación por el menosprecio que los gobernantes tienen día a día al mundo de la cultura y en concreto a la música.
Justo en el mismo día del desplante del premiado, una compañía teatral presentaba un curioso proyecto en Madrid: en su próxima función en la capital no cobrarán entradas como tales, sino que venderán revistas pornográficas al precio de 16 euros y a los compradores de ese distinguido artículo literario les regalarán unos folios con versos de Góngora y una representación de su última obra, en el escenario. No es que estos chicos sean partidarios de la masturbación colectiva en el patio de butacas, que por otro lado sería bastante divertido y original, sino que han encontrado un curioso recoveco para escapar del IVA cultural del 21%. Ante los desmanes de un gobierno supuestamente tecnócrata y economicista, la cultura saca toda su creatividad, que es mucha, para gritar contra quienes quieren apagar su voz.
En ninguna mente bien amueblada, aunque sea en el Ikea, se puede entender que las autoridades elegidas democráticamente ataquen a conciencia a los verdaderos pilares del futuro de una sociedad, la educación, la ciencia y la cultura. Por mucho que basen sus argumentos en el PIB, la deuda, la prima de riesgo y la rentabilidad económica, nuestro país ha demostrado a través de la historia que si hay un campo en el que podemos destacar e incluso rentabilizar económicamente es el de la cultura. Claro que esto no interesa demasiado porque educación y cultura enseñan a pensar y en épocas como estas vale más la pena que la gente esté distraída con otras cosas.
No he revisado bien el listado, pero no me suena que entre los artículos consumidos por los “tarjeteros” de Cajamadrid hubiera muchos abonos para la ópera o el auditorio de Madrid, entradas del Teatro Español o visitas al Reina Sofía o al Thyssen… ellos son más de puticlub y en su defecto de revista porno. Tiene su lógica pues que esos artículos de primera necesidad para el bienestar social y de la tan protegida familia española sólo tengan un 4% de IVA. Iré al teatro a consumir mi dosis de porno y aplaudiré a Savall cuando tenga ocasión.

jueves, 30 de octubre de 2014

PÉGAME MÁS FUERTE

No es que Pablo Iglesias sea masoquista, pero debe estar deseando que le sigan pegando con la dureza con que lo hacen sus rivales. Lo que está ocurriendo en el panorama político español en estos momentos será estudiado en el futuro en todas las universidades de márketing como un ejemplo de éxito comercial con inversión publicitaria pagada por tu propia competencia.
El asunto, que es muy serio, tiene su guasa, porque todo lo que le ocurre de bueno a la nueva formación política viene derivado de los desmanes y batacazos de los partidos tradicionales, más que de sus propios méritos. Por un lado porque cada día que pasa, el PP se va hundiendo más en el lodo de su podrida estructura, contaminada por la marabunta de corruptos que hay en sus filas y porque el PSOE, que debía tirarle de las orejas con el discurso de la honradez, tampoco está limpio como para poder dar lecciones. Como dice Wyoming, todo el mérito del aumento de las audiencias de programas como el suyo hay que dárselo a los gobernantes y en concreto a toda esta panda de chorizuelos.
Pero al margen de todas estas operaciones y del desfile de politicuchos por los juzgados, la fuerza de Podemos se alimenta con su propio linchamiento. Desde que irrumpieron en el escenario con su sorprendente resultado en las Europeas, todo el aparato mediático y todos los líderes de lo que ellos llaman "casta" cometieron al unísono uno de los más garrafales errores estratégicos que se puedan imaginar, salir en masa a desprestigiarles, ridiculizarles, vapulearles, insultarles y, lo que es peor, menospreciar a todos sus votantes.
El discurso siempre es el mismo, que si son populistas, bolivarianos, chavistas, proetarras, utópicos, antisistema y según van alimentando a su fantasma este va creciendo más y más hasta devorarles. Y uno puede llegar a entender que ese mensaje lo manden desde el PP, pero que el PSOE o IU, que han visto como se les escapaba una millonada de votos por la izquierda, hayan arremetido contra ellos en lugar de buscar cierta complicidad, no ha hecho más que separarles más de sus exvotantes e incitar a otros muchos de sus seguidores a irse con Pablo Iglesias que realmente hace más honor a su nombre que los propios dirigentes del partido que su homónimo fundó.
Según están las cosas no es difícil que la gente comulgue con la coherencia y sencillez de la mayoría de argumentos de Podemos. Bien es cierto que a muchos les da miedo que puedan llegar a gobernar. También es verdad que algunas cosas a mí no terminan de convencerme, como su maquillada democracia interna o algunos mensajes demasiado radicales o esa pamplina de que no son de izquierdas sino transversales, pero es evidente que ante tanto escepticismo y la escasa capacidad de reacción y de autocrítica del resto de partidos, que no han querido escuchar lo que decía la calle, ahora mismo son la principal fuerza política del país.
El próximo sondeo del CIS dice que es el partido con mayor intención de voto y eso que la encuesta está hecha antes de estas cosillas de Granados y sus amigos. Ahora los demás partidos deberán decidir si son un poco inteligentes o si le siguen alimentando y pegando. Ellos, desternillados de risa, pensarán: "Pégame fuerte, más fuerte..."

domingo, 26 de octubre de 2014

CORRUPCIÓN DESENFOCADA


España entera ríe la gracia de su pícaro del momento. Apenas he oído adjetivos recriminatorios o inculpatorios dedicados a este mequetrefe. Incluso los medios aprovechan lo anecdótico del caso para hacer crónicas de sus excesos como si estuvieran hablando de las fechorías de cualquier vividor de prensa amarilla.

 Sí, ya que no lo oigo, seré yo el que lo diga, el pequeño Nicolás es un ser repugnante, de aspecto, de valores, de principios y de hecho…R-E-P-U-G-N-A-N-T-E. Aunque sea sólo un chaval y posiblemente una víctima de un entorno o una educación mal llevada, no puedo más que menospreciar y despreciar lo que ese personaje artificial supone y significa. No nos dejemos manipular por la parte graciosa y esperpéntica de la información, impidamos que una vez más los episodios de corrupción queden desenfocados para que veamos a un sujeto y no captemos el fondo.

En los sobres que Bárcenas daba a Rajoy y compañía, lo de menos es saber si estos los declaraban o no en su IRPF; en los millonazos no declarados por los Pujol preocupa más la procedencia que el pago a Hacienda; en el pastizal que el PP pago por la reforma de su oficina, poco importa que sea dinero B escapado del fisco; y en el caso de niñato FAES igual me da si se hacía selfies con los políticos o se colaba en las galas. Lo realmente grave de toda la corruptela en la que estamos inmersos no es su aspecto formal sino su fondo, el verdadero porqué de todas esas operaciones, la procedencia del dinero B y para qué se pagaba.

El dinero de los sobres o el de Oleguer, Jordi y compañía, el de la sede de Génova o el del chalet del Viso viene siempre de oscuras aportaciones de empresas, constructoras en su mayoría, que compran políticos a cambio de concesiones. Ahí es donde los jueces deben tirar del hilo, no en si pagaron o no impuestos (que también), y empezar a desenterrar contratos, concursos amañados, comisiones multimillonarias, amiguismos bien pagados. Porque el global de los mortales tiene muy clarito que los sobres, las cuentas de Andorra y las oficinas de los corruptos son el pago de favores inconfesables.

Por eso todo el fenómeno del niñato Nicolás no sólo no me hace gracia sino que me provoca asco y nauseas porque resume ese estilo de país podrido que tenemos en el que unos cuantos se hacen de oro a costa de esa virtud no estudiada en ninguna universidad de rodearse de politicuchos con bolsillos grandes. Enfoquemos la realidad.

lunes, 20 de octubre de 2014

VALIENTES

La semana pasada recibí un mail que me dejó impactado y que todavía me provoca cierto escozor de conciencia. Venía de Avaaz, la organización internacional que muchos conocéis y que desde hace tiempo sigo. En su última campaña de sensibilización y movilización a través de la red, lejos de reivindicar derechos o exigir acciones de los gobernantes, llamaban a sus seguidores, en un dramático mail, a parar el ébola de forma activa, apuntándose de voluntarios para viajar a Liberia o Sierra Leona y combatir directamente la pandemia.
En su llamamiento, encabezado por varios de los responsables de Avaaz, con nombres y apellidos, pedían, en primer lugar, médicos o asistentes sanitarios voluntarios, pero también cualquier persona con un mínimo de voluntad y fortaleza psíquica para ayudar a cualquier labor logística. También pedían saber inglés. Doy los detalles para tranquilizar las conciencias de los que no son médicos, no son fuertes o no saben inglés.
 Con los conocimientos básicos de un consumidor de ébola a través de los medios informativos, me acojoné, en primer lugar, y después me rendí ante la valentía de esa gente, ellos sí que son solidarios. ¡Vaya huevos!, yo soy incapaz y, aunque quisiera, sería una irresponsabilidad frente a los míos (esa es una buena excusa ¿verdad?). Después hice un seguimiento del tema con cierto escepticismo y volví a creer en la raza humana cuando me enteré de que ya se habían apuntado casi 4.000 personas, con más de 200 médicos entre ellos e incluso supe de un conocido que ya estaba rumbo a África para ayudar.
Cuando aquí estamos a punto de pasar página de este episodio para seguir hablando ya de otras noticias más frescas, porque la enferma se nos ha curado, no hay nuevos contagios, el perro ya es historia y no ha habido la más mínima dimisión, en el mundo sigue habiendo gente con lo que hay que tener y, sobre todo, con verdadero aprecio a sus congéneres hasta el punto de poner en riesgo su vida por salvar la de los demás, porque no creo que la mayoría de ellos lo haga por el egoísmo de evitar que esto nos alcance.
A raíz de ese shock pensé que había llegado el momento de hacer algo, aunque sólo fuera idear algún tipo de acción para recaudar fondos o tratar de ayudar, pero en ese momento me llamaron para una reunión de trabajo y después me fui a recoger a los niños y a cenar con unos amigos, lo normal. Y con esto ni me fustigo por no ir, ni acuso a nadie por no atreverse, simplemente hago un reconocimiento, sombrero en mano y en genuflexión, en agradecimiento a esos valientes altruistas.
Después recordé la frase que tanto me gusta y que siempre olvidamos: "Solidaridad es compartir lo que tienes, no lo que te sobra". Aunque sea la vida misma...