martes, 29 de abril de 2014

NO ESTAMOS LOCOS

Esta entrada del blog puede considerarse un espacio publicitario, aunque no hayamos ingresado nada por ello. El único objetivo es recomendar a nuestros cuatro seguidores la lectura de un libro que me parece totalmente imprescindible en estos momentos: "No estamos locos", de El Gran Wyoming.
No es este un espacio dedicado a recomendaciones o peticiones del oyente y aunque en alguna ocasión hemos hablado de algún libro, nunca hemos pedido de forma tan descarada el "voto" para uno, pero en este caso me ha creado tal impacto personal que me siento totalmente obligado a hacer campaña para su difusión.
Mis allegados (forma fina de denominar a los que me aguantan día a día) estarán hartos de escuchar mis múltiples y exagerados elogios al ensayo de José Miguel Monzón, quien, por cierto, es un personaje bastante popular en este país y cuenta con infinidad de seguidores y otra tanta infinidad de detractores. Por eso mismo recomiendo el libro.
Para empezar he de reconocer que cuando lo vi publicado no me apetecía nada leerlo. Primero lo compré para regalárselo a un amigo y después, casualmente, otro amigo me lo regaló a mí. Pensé que ya conozco suficientemente al personaje, le sigo con fidelidad y sé muy bien cuáles son sus opiniones. También reconozco que cuando lo abrí no tenía muy claro si me apetecía leer unas cuestiones tan serias con el tinte irónico marca de la casa, pero bastaron unas cuantas páginas para caer en las garras de una de las mentes más clarividentes que he visto (por mucho que algunos le odiéis).
El libro es un recorrido por la historia de España para analizar nuestra sociedad con una contundencia brutal. Verdades como puños de las que nadie se atreve a decir, dichas con todos los argumentos, respaldadas por datos, complementadas con hemeroteca y despedazando sin ningún tipo de rubor la mentira política de este país o de parte de este país.
No hace falta que os diga que Wyoming no es militante del PP y que su tendencia política es abiertamente izquierdista. Por eso mismo el libro tiene tan buena aceptación entre los "rojeras" y nula entre los "fachillas". Sin embargo, él mismo se encarga de plantear todo este aburrido tema de las dos Españas con una claridad asombrosa y rompiendo todo tipo de prejuicios, tabús y lugares comunes sobre la política. La Guerra, la Transición, la Iglesia, la corrupción, el liberalismo y otros muchos asuntos candentes quedan diseccionados con precisión quirúrgica y llegando a esas conclusiones que a muchos nos pasan por la cabeza a diario, pero que no sabemos escribir tan bien, ni nos atrevemos.
Sinceramente creo que sería muy bueno para nuestro futuro que este libro lo leyeran todo tipo de personas, los de izquierdas, por supuesto, pero también los de derechas o de centro o apolíticos o lo que sea. Sé que no lo conseguiré, pero sería bueno. A mí me ha abierto la mente, por eso lo recomiendo. Y no estoy loco.

martes, 22 de abril de 2014

LUIS, EL IDIOTA


Pues no tenían razón Luis, no eras el cabrón, eras el idiota y ahora te estás ganando el mote con justicia. Pensaste que no te iban a dejar solo, eran muchos años de vivencias y connivencias en el partido, luchando por unos ideales, para que a la primera de cambio te dieran la espalda todos, pero así ha sido, eres un pringao. Te fiaste de ellos porque dijeron que te ayudarían, porque eliminaron al juez más peligroso, porque Mariano te mandaba mensajitos de ánimo en los momentos difíciles, porque te seguían pagando aunque fuese en diferido y simulado. Mientras estuvieses calladito estarías protegido, pero cuando se levanto el pastel y España entera se enteró de lo que teníais guardado debajo del felpudo de Génova, toda esa lealtad y amistad se fue al carajo y te has quedado más solo que la una, metido en el trullo, sin paseos ni patio, sin tu familia y sin tu dinero. Lo tuyo es uno de los ejemplos más bochornosos de lo que significa la palabra traición, pero no de ti hacia ellos, como piensan algunos, sino de ellos hacia ti.
Durante tantos años has estado comiéndote el marrón de llevar las cuentas con finura y disimulo para que nadie sospechase nada; tanto tiempo de dedicación al partido siendo el hombre más querido por todos porque generabas riqueza a la institución y de vez en cuando tenías algún sobre que repartir, y así te lo pagan, dándote la espalda de la forma más vil e insolidaria que podías imaginar.
No creo que quede ni una sola persona en este país que dude de los tejemanejes que os traíais, de que cobrabais donaciones ilegales para financiar al partido (supongo que a cambio de algún favorcillo a esos empresarios) y que os repartías el botín en sobresueldos en dinero negro. Todo el mundo da por hecho que Mariano y todos los que salen en esos papeles se llevaron la guita.
En aquellos primeros días la conmoción fue brutal, tembló Génova y La Moncloa. Todos pensamos que si caías tú caerían todos. Incluso algún bloguero cerró temporalmente su blog esperando esa sonada dimisión. Pero no, te traicionaron, miraron para otro lado, borraron tus ordenadores, quemaron tus agendas, apagaron los móviles, quitaron de en medio al periodista más peligroso y dieron por normalizada la situación. Con lo fácil que les resulta quitar y poner jueces, de ti pasaron. Consiguieron transformar al cabrón en el idiota.
Ese es el espíritu de compañerismo de tus amigos del partido, juntos han conseguido señalarte para que tú solo te lleves todo el marrón e incluso los votantes se ríen de ti por pringao y mala persona. Seguirán prietas las filas. Das pena, Luis.

domingo, 20 de abril de 2014

CARRERAS CON SALIDAS

 
Siempre he sido contrario a esa generalizada opinión paterna de que los hijos tienen que estudiar carreras que tengan salidas. Al principio pensé que se referían a la facilidad sexual de las jóvenes estudiantes y como padre de tres varones y, llevado por cierto machismo, pensé que no era mal plan, así que me uní al llamamiento para juntar a nuestros donceles con chiquillas salidorras. Luego al comprobar que lo único que se pretendía era elegir el futuro de los chavales desde el más pragmático materialismo, pensando exclusivamente en la salida profesional lo más digna, accesible y, sobre todo, bien pagada que hubiera, empecé a sentir sarpullidos.
Quizás es que tuve mala influencia y al ser hijo de artistas, el tipo de orientación que recibí fue absolutamente contrario. De entrada no trataron de influir en la elección de mi futuro y si lo hacían de forma disimulada era siempre para llevarme hacia el lado menos práctico e intentando despertar la escasa creatividad que habitaba en mi intelecto. Por eso cuando dudaba entre matricularme en Historia o en Periodismo, ellos barrían claramente hacia la menos práctica de las dos, la que podía aportar algo más de conocimiento abstracto, del que dicen que no sirve para nada, pero sirve para todo y más. Yo elegí la otra, pero no porque tuviera más salidas, que de eso nada, todas eran unas estrechas, sino porque simplemente me gustaba más. Ellos aceptaron, aunque seguían de cerca mis pasos para que no me fuese hacia el lado oscuro. Recuerdo muy bien el día que le dije a mi padre que me quería comprar un coche y él me dejó cortado con una sentencia que tardé varios años en entender: “Ya, y lo siguiente que me dirás es que quieres trabajar en un banco…”
Para él era lo peor, era venderse al dinero, entregarse a un sueldo, dar la espalda a la cultura y a otras formas de vida más constructivas, otras salidas. Y eso es lo que ahora se promueve desde nuestro sistema educativo y ese sistema mercantilista que se nos ha impuesto. Ahora ya no hay dudas, la crisis vuelve a ser excusa para cortar por lo sano cualquier atisbo de inquietud cultural o de disidencia; se estudia para trabajar, nunca para aprender, ni para saber, ni para ser más culto, ni mucho menos para ser más sensible. Por eso no queremos que nuestros hijos sean profesores, ni historiadores, ni artistas, ni periodistas y nos cegamos en un “cortoplacismo” pensando que si son diseñadores de aplicaciones digitales, ingenieros informáticos, webmasters o community manager tienen el camino allanado, cuando ni ellos ni nosotros sabemos hacia donde va a ir este mundo y cuáles son las profesiones del futuro.
Por eso ahora, rodeados todavía de oraciones subordinadas, logaritmos y listas periódicas y viendo lo coja que está nuestra educación de la otra parte menos práctica y más creativa, sólo me atrevo a darles un consejo: no os fiéis de las salidas... ni de las estrechas.

Pie de foto: Esto es lo que para mí ha sido siempre una buena salida de una carrera.

martes, 8 de abril de 2014

VIAJE A LA ALCARRIA

Varios pueblos de Catalunya amanecieron la semana pasada cubiertos por una considerable capa de arena anaranjada. Toneladas de tierra del desierto del Sahara, levantadas por una fuerte tormenta de viento, habían subido a varios miles de metros de altura y, metidas en corrientes térmicas, vendavales anticiclónicos e isobaras concéntricas habían viajado a la nación catalana (esto es sólo para provocar un poco) para caer en forma de chaparrón de barro.
Me sorprendió tanto la noticia que la estuve comentando con los chicos, camino del cole, y volvimos a sacar una vieja discusión física que no hemos aclarado: Si un helicóptero subiese a una cierta altura y se estuviese totalmente parado durante unas ocho horas, al bajar ¿estaría en España o en América?
Tampoco hemos tenido nunca claro por qué un avión tarda menos de Nueva York a Madrid que del Adolfo Suárez al John F. Kennedy, cuando la distancia es la misma; entiendo que es por los vientos o por el giro de la tierra o por las dos cosas. También les conté que los aviones, cuando tienen que hacer un aterrizaje de emergencia tiran casi todo el combustible en el aire y se evapora. Ahí les tengo investigando.
Y como todas estas cosas siempre vienen juntas, como por casualidad o mensaje divino, el fin de semana cayó del cielo sobre nuestra casa en el pueblo, el esperpéntico personaje que aparece en la fotografía. Sus iniciales son HK y tras una ardua investigación he llegado a varias conclusiones. La hipótesis más creíble es que Lucca, un chavalillo de Casalpusterlengo, acudió a Bolonia a pasar la tarde del domingo y su madre le compró un globo, este en concreto; cuando volvían a casa con prisas para cenar e irse a dormir porque mañana hay colegio, el bueno de Lucca soltó el globo para abrir la puerta del coche y el padre, aunque saltó, no llegó a coger la cuerda. Lucca lloró desconsoladamente ante la desesperación de su padre y sólo paró cuando su madre le prometió que le compraría otro.
A esto llegué por mi experiencia viendo niños llorar por pérdida de globo, por mi obsesión por quedarme mirando hacia arriba al puto globo hasta que se pierde en el infinito y porque en el globo había instrucciones de uso en italiano y un letrerito que decía "Made in Italy". Espía que es uno.
Reconoced que todos habéis mirado melancólicamente como un globo se perdía en el espacio y os habéis hecho mil preguntas sobre su destino; que si llegará a la estratosfera como Baumgartner, que si se chocará con un avión, que si se derretirá con el sol, que dónde coño irá a parar. Pues ya lo sabemos, los italianos llegan a la Alcarria en un viaje mucho más rocambolesco que el de Cela porque es posible que antes pasen por media Europa dando vueltas. Lo que daría por saber su recorrido exacto. Igual me llevo un chasco y su origen es la Feria de Sigüenza y sólo ha volado unos pocos kilómetros, pero en ese caso, el vendedor habría traído los globos de contrabando porque no tiene instrucciones en español y la ley obliga a poner las instrucciones en nuestro idioma. Qué estupidez de ley que obliga a ponerle instrucciones a un globo, ¿no?. Además, en ese caso, el niño se llamaría Paco y mola mucho menos que Lucca.

PD. Es obvio que esta entrada se me ocurrió en un momento de globo, pero ni alcarreño ni italiano... Riojano.


lunes, 7 de abril de 2014

TODOS CON AGUIRRE

Durante los últimos días hemos asistido al linchamiento mediático y social de una ciudadana madrileña ejemplar y discreta que ha sido víctima de una clamorosa injusticia. En solidaridad con esta amiga que está pasando por malos momentos, escribo estas líneas.
Amiga Esperanza, no sabes cuanto te entiendo, porque yo también he sido maltratado en muchas ocasiones por los desmanes del poder. Sin ir más lejos, la semana pasada me quitaron dos puntos y doscientos euros por circular a 121 km/h en una ancha y segura recta de Guadalajara que algún iluminado limitó a una velocidad de 90 km/h. Los muy mal intencionados estaban escondidos con el radar debajo de una encina. Además, el poli, un chuleta repeinado con gafas Ray Ban de imitación, me tuvo media hora esperando comprobaciones y supongo que buscando en Google si exceso llevaba la X en la primera, la segunda o la tercera sílaba. Pensé por un momento en marcharme, pero me dio miedo que me dispararan o que me detuvieran después; a nadie le gusta pasar la noche en el cuartelillo. Tuviste mucha suerte el otro día de que no te detuvieran, la verdad.
Ya ves, las cosas están chungas. Antes podías aparcar en Serrano en doble fila, entrar en el centro sin problemas y ahora esto es un caos. Desde que Gallardón se gastó la pasta suya y de los veintiocho siguientes alcaldes en soterrar la M-30, han llenado la ciudad de parquímetros y de “gusanos” que te fríen a multas si te pasas cinco minutos. Además han puesto coches pequeñajos que recorren el carril bus con cámaras y en cuanto te pillan dentro, te empapelan. Ahora la Botella ha ido a más en su represión y ha puesto cámaras en los autobuses. También hay cámaras en las calles del centro y en cuanto entras, te llega la receta a casa con una fotico del culo de tu coche. Yo hago la cole (del mío). Del IBI, la recogida de basuras, el paso de carruajes y los otros impuestos ni te hablo por no amargarte las torrijas de la Semana Santa.
También hay que tener cuidado porque en cuanto sales y te tomas dos cañas te encuentras luego un control de alcoholemia, te hacen soplar y te soplan cuatro puntos y una pasta. Tuviste mucha suerte el otro día de que no te hicieran el control, la verdad.
Además, ya sabes como son los polis por lo general, poco dialogantes y algo chuletas; yo al principio me enfrentaba a ellos, pero con los años he aprendido que lo mejor es llevarles la corriente con el clásico “sí, señor agente”, porque si no te pedirán la fotocopia compulsada del seguro y las bujías de recambio. Doy fe que los mendas estos de la movilidad son unos machistas rencorosos de ser mandados por tanta mujer y aparcan súper mal las motos, con lo cual cualquier ciudadano de bien en tu situación hubiera hecho lo mismo.
Ya ves, amiga Espe, esto es un sin vivir, no se puede fumar en ningún restaurante y si sales a la calle está llena de mendigos, el carril bus está separado por barreras de plástico, aparcar sale carísimo, no tenemos Juegos Olímpicos ni ganas, el Madrid ha dicho adios a la Liga… Los madrileños tenemos que estar muy al loro para no caer en las garras de este entramado del mal. Un consejo amiga, vuelve a la política, que se vive mejor.

PD. Lo único que no me gustó de tu aventura urbana e irreverente es que volvieras a utilizar, una vez más, el terrorismo de ETA para tu propio beneficio. Eso estuvo feo, lo demás…

jueves, 3 de abril de 2014

DR JEKYLL...

Todos somos un poco bipolares. Quien más y quien menos tiene su lado Andrés Iniesta y su lado Diego Costa; un día eres Papa Francisco y al día siguiente, Rouco; ángel o diablo; humilde o madridista; rojo o facha; borde o asquerosamente encantador; currante o vago redomado... Somos dicotómicos o contradichos, que viene a ser lo mismo.
Esta reflexión viene dada por el coñazo que me han dado mis amigos, conocidos, compañeros y alguna cajera del Carrefour a raíz de mi barba. He estado un mes sin afeitarme y eso ha creado un revuelo a nivel mundial de dimensiones insospechadas. Unos eran partidarios de que me afeitara de inmediato, porque me hace más viejo, porque estoy más feo, porque parece que tengo tiña, porque es poco higiénico, porque parezco un talibán... Con amigos así no hacen falta enemigos. Otros, más hipócritas, pero políticamente correctos, me decían que me hacía más interesante, que estoy más guapo, que parezco un intelectual...
Y luego vienen los parecidos razonables, esa afición tan nuestra de la que también he sido víctima: que si Chanquete, que si Sean Connery en Octubre Rojo, que si Briattore o Richard Gere o Andrés Pajares o Fernando Esteso. El caso es que al final, como soy bimenstrual, he decidido dar gusto a todos y todas y que cada uno se quede con mi lado preferido. Además he patentado el corte de barba para ver si se pone de moda en el mundo hipster y me forro. Dependiendo de los "me gusta" que obtenga en Facebook me quedaré así o me afeitaré entero (el rostro) o me dejaré barba aunque quede más tupida en un lado que en otro. Eso es lo que es mi barba, tupida, es túpida. Cómo me gusta reírme de mí, lo cual no significa que me guste que los demás se rían de mí, ¡eh!

PD. La elección de afeitarme el lado derecho y dejar barba en el izquierdo fue totalmente ajetreada e intrínseca, así que no busquéis extrañas explicaciones, no seáis tan rebuscaos...

martes, 1 de abril de 2014

SOLDADO ROUCO

Qué ganas tengo de perderte de vista, de que desaparezcas de nuestras vidas y nos dejes en paz... La paz os dejo mi paz os doy. Manda narices que el epicentro de mayor generación de conflicto termine siendo este personajillo que en teoría debería ser el embajador de la paz. Estoy indignado con los últimos rebuznos (así era como mi tío llamaba a los sermones de los curas) del amigo Rouco. Es lamentable como este obsoleto predicador se crece ante el micrófono y aprovecha de manera indigna y obscena cualquier ocasión para dictar sus categóricos y amenazantes mensajes teñidos de rancia ideología.
Soldado Rouco, la ley le permite votar en las elecciones y puede hacerlo a quién usted quiera. La ley le permite afiliarse a un partido o crear el suyo propio y presentarse a las elecciones para que los españoles le votemos. Pero lo que no es de buen recibo ética y moralmente es que se aproveche de su condición de oficiante de funerales de Estado para lanzar mensajes escondidos en papel transparente con sus creencias políticas y sus arrojadizos miedos.
Me pareció un insulto a las víctimas del 11 M que cuando se habían conseguido apagar las voces de la discrepancia y crear cierto consenso en torno a ellos, salió el curilla a airear de nuevo las más demoniacas teorías de la conspiración; le faltó decir lo de "los terroristas no se esconden en lejanas montañas..."
Y me volvió a parecer un insulto a la familia Suárez y a la inteligencia que, de nuevo, en el funeral del político más elogiado por todos, el adalid del consenso, este gris vendedor de biblias recriminara a diestro y siniestro las actitudes políticas, denunciara las reivindicaciones nacionalistas y pusiera sobre la mesa la patata caliente de la Guerra Civil. No habíamos quedado en que la memoria de aquellos años había que superarla y mirar hacia adelante, que no siguiéramos rebuscando en las cunetas, que beatificáramos, eso sí, a los mártires de la iglesia y pasásemos página.
Tío torpe, cómo te metes en estos berenjenales, si el pobre Suárez te brindaba en bandeja todo el guión para el sermón y te hubiera quedado precioso. Si Adolfo es consenso, unión y buenas palabras de todos. Si Adolfo son los mundos de Yupi. A santo de qué te metes en el fregado de la Guerra Cívil, que es lo contrario y que abre heridas no cerradas y te pone contra las cuerdas porque abre otras preguntas sobre el papel de la iglesia en aquellos históricos momentos o en los cuarenta años posteriores. Qué oportunidad has vuelto a perder para acercar la iglesia a todos y no seguir buscando enfrentamiento y rechazo. Hubieras hablado de la pobreza, de la desigualdad, de la corrupción o incluso haber hecho un resumen de tus highlights con los homosexuales y el aborto o haber pedido la X en la declaración de la renta, pero no...
Escribo esto con todo mi respeto a católicos creyentes y practicantes que sé que no se ven representados por esta fantasmagórica figura.
Pie de foto: ...O no.

domingo, 30 de marzo de 2014

LOS PADRES

Creo que la foto ya la había publicado en algún blog y ya me habíais despedazado, pero como no me acuerdo, la pongo de nuevo. Realmente la he colgado antes en Facebook para recordar que hoy se han cumplido tres años de la muerte de mi madre. Es otra de las cosas buenas que tienen las redes sociales, son un buen escaparate para el reconocimiento y agradecimiento a los antepasados, sobre todo a los padres. El otro día vi como un amigo celebraba su cumpleaños con una foto de sus padres antes de haberle concebido y me pareció emocionante y recomfortante.
Por eso he elegido esta bonita foto tomada en Torrelodones para recordar a mi madre en tan triste aniversario. Podía haber cogido una de las habituales, de las que salen en sus catálogos o alguna en su estudio, trabajando, o quizás una más reciente, pero en las que la enfermedad ya le había borrado la sonrisa. No, definitivamente quería una de esas que te recuerdan los mejores años vividos en familia, en la casa de la sierra o en la de Madrid, o en Santa Cruz o en Mojacar o en París... Donde sea pero con esa sonrisa, esa risa a carcajadas y ese cariño tan intenso que nuestra madre supo darnos. Era cuando ella se llamaba Mami, antes de pasar a ser Mamá,  Mother, luego "Jefa" y más adelante "Labuela". En este momento y viendo esta foto y otras muchas del álbum, uno no puede ser más que agradecido a todo lo recibido, heredado o no, los valores y el cariño de unos padres como estos marcan para siempre. Ya entonces parecía estar agradecido, a juzgar por mi cara de complicidad ante el fotógrafo, que por supuesto era mi padre, y ahora lo estoy mucho más. Y si lo digo en este momento, aunque ya no están, es en reconocimiento y también en reivindicación del papel, de ese difícil papel, de padre o madre. Espero que mis hijos lean esto y tomen nota, je, je.
Una vez puestos los padres en su sitio, tenéis todo el tiempo del mundo para descojonaros de las sandalias con calcetines, del bañador ajustado, de la camisa abrochada hasta el pescuezo o del corte de pelo... Elige.

martes, 25 de marzo de 2014

OBSCENIDADES

Casualmente en el día de la felicidad, en el que este blog hablaba de la suprema felicidad social, me topé en el periódico con distintas versiones de felicidad y sin quererlo fui hilvanando unas con otras, como el juego de las palabras encadenadas. La primera la protagonizaban un grupo de los llamados subsaharianos, un grupo de negritos, probablemente de Mali, Niger o Costa de Marfil, que habían conseguido su objetivo vital y estaban en Melilla, el comienzo de su idolatrado paraíso. La imagen no tenía el dramatismo de los días anteriores, estaban vestidos, duchados, sin sangre y sonreían de oreja a oreja mientras esperaban en la puerta de la comisaría para conseguir una orden de expulsión, una ansiada orden de expulsión que se convierte en su pasaporte para convertirse en un “sin papeles” y moverse por España y/o Europa con cierta libertad y con un futuro indigno, pero mucho más digno del que dejan atrás. El que hace la ley hace la trampa y nuestras fronteras con muros, vallas con cuchillas y policías disparando inofensivas bolas de goma tienen un inmenso agujero legal y burocrático que llena de esperanza a estos jóvenes que se equivocaron de país al nacer.
Dos páginas después veo la cara sonriente de un tal Wilders, cuyo curriculum presenta como racista a secas y que está feliz porque cada vez encuentra mayor respaldo en Holanda, como Le Pen en Francia, a sus teorías xenófobas. El populismo mal entendido favorece a estos cantamañanas que calcan en sus declaraciones y línea de pensamiento a un tal Adolf que hace 75 años consiguió el respaldo popular para cometer el episodio más aberrante y vergonzoso de la humanidad. A Marie Le Pen la escuché hace poco en una entrevista en la que daba argumentos demagógicos para defender su inhumana actitud: “¿Usted metería en su casa a alguno de estos?”-preguntó-, a lo que la entrevistadora, desafiante, contestó que sí. No creo que esa sea la pregunta ni la contestación. Yo también hubiera dicho que sí y sobre todo me hubiera negado a seguir con este hipócrita sistema que los atrae para después despreciarlos y humillarlos y que nunca afronta el problema desde los países de origen.
Sigo pasando páginas en busca de más felicidad y encuentro una nueva imagen de sonrientes caballeros; son Pablo Isla, César Alierta y Francisco González riendo a carcajadas a la salida de alguna reunión, puede que indigna. La fotografía sirve para ilustrar el ranking de los ejecutivos mejor pagados de nuestro país, un ranking malévolo que se publica cada año para su desgracia y el odio y/o envidia de sus conciudadanos. Supongo que la mayoría de ellos ha hecho méritos más que suficientes para estar donde están y para tener salarios astronómicos, pero eso no quita que su publicación a escasas páginas de las otras informaciones resulta un tanto obsceno o poco estético y, en este caso, sí que la demagogia está más justificada.
Yo, como lector, soy feliz viendo tanta cara feliz, aunque si escribo esto es porque es una felicidad un tanto atormentada.

lunes, 24 de marzo de 2014

EL DESHOLLINADOR

Vuelvo de viaje, entro en casa, dejo las maletas, abro el buzón y cojo las cartas. ¡Mierda!, el cartero ha traído una carta certificada mientras estábamos fuera y, lo peor de todo, es una notificación certificada de la Agencia Tributaria. Es tarde y ya no puedo ir a recogerla, mañana me pasaré. Duermo mal, me agobio, ¿qué coño será lo que me notifica Hacienda?, ¿qué he hecho ahora mal?, espero que no sea ningún susto importante. Realmente soy un ciudadano bastante ejemplar y cívico, creo yo, pero eso no quita que, como todos,  prefiera que Hacienda no se acuerde de mí ni para felicitarme el cumpleaños.
A la mañana siguiente me subo a la moto y voy raudo a Correos. Entrego el papelito y veo la fatídica carta grandota con todos los sellos y colores de la Agencia Tributaria. Tiemblo. La amable señorita mira mi DNI y retira el sobre: “no puedo entregárselo, la carta no está a su nombre, sino al de Herederos de su padre, necesito un documento que acredite que usted es heredero.” Le enseño el reverso del DNI donde está el nombre de mi padre, le digo la fecha de nacimiento y de fallecimiento, le demuestro que el domicilio es el mismo y hasta saco una invitación a la inauguración del jueves en la Galería Marlborough. Sonríe simpática y piadosa, pero con estricta profesionalidad guarda la carta y me pide una copia del testamento. No suelo llevarla encima.
Me voy a trabajar, llamo a mi hermano, se agobia como yo, me envía un PDF con el testamento, añoro a mis padres mientras lo leo, sigo trabajando hasta la tarde y después cojo de nuevo la moto y regreso a Correos. Allí otra mujer bastante amable también, aunque más gorda, me entrega la carta y se queda con el testamento la muy cotilla. Salgo deprisa a la calle y abro nervioso el certificado, rompo el sobre, me corto la yema de un dedo y empiezo a leer los diez folios, por las dos caras, de ese idioma tan estúpidamente enrevesado que utilizan en la Tributaria; no hay que ser muy lince para intuir que vienen a por mí y a por mi dinero porque leo varias veces la palabra "apremio" y unas cuantas más, la amenazante "embargo". Estoy perdido, acojonado y desconcertado porque no entiendo nada. Me tranquilizo y vuelvo a empezar, leo despacio, intento entender y según voy avanzando mi miedo se transforma en cabreo, empiezo a echar espuma por la boca y a acordarme de toda la familia de Montoro. Se trata de una notificación por la que me informan de que el deshollinador que contratamos hace un montón de años tiene deudas con Hacienda y si nosotros volvemos a contratarle o si por un casual le debemos algo de dinero, debemos pagárselo directamente a Cristóbal y su gente. Manda huevos, me limpian la chimenea, pago y después vienen estos a pedirme explicaciones porque este tipo les debe dinero. Hay que tener caradura, si te deben dinero denúnciale, llama al cobrador del frac o contrata un sicario, pero déjanos en paz al resto de contribuyentes y ten sensibilidad para no mandar este tipo de cartas amedrentando y amenazando al personal.
Y una última reflexión para Montoro y sus secuaces: no creo que vayas a conseguir demasiado persiguiendo a deshollinadores que, por cierto, son un oficio que cuenta con toda la autoridad moral del mundo para tener dinero negro ¿no?
PD. Leo que los diez folios de la notificación proceden de bosques gestionados de forma sostenible para preservar su ecosistema natural. Gracias Monty por cuidar el planeta... Los reciclaré, porque si los quemo igual se atasca la chimenea y...

jueves, 20 de marzo de 2014

HABER ELEGIDO ZUZTO

Mi hijo Lucio suele vacilarme con el jueguecito de ¿susto o muerte?, aunque él realmente dice ¿zuzto o muete?... Obviamente siempre elijo "Zuzto", lo que implica sufrir un inocente y esperado susto, seguido de una carcajada contagiosa y un "...haber elegido muete". Ayer, sin embargo, pensé que había elegido "muete" porque unos minutos después de jugar con el enano y mandarle a dormir, sentí que la muerte podía estar cerca. Sé que muchos vais a pensar que exagero, pero lo cuento como lo sentí. Ayer pensé que moría en medio de una avalancha humana.
Fue en Valencia, en las Fallas, donde por un casual me vi "obligado" a estar. Intentaba llegar a mi hotel junto a unos amigos, pero según avanzábamos por la plaza del ayuntamiento, cada vez el paso era más complicado por la marabunta de gente que tomaba posiciones para ver la "cremá". Nosotros seguíamos una oleada de bastante gente que avanzaba en una dirección, pero de pronto nos vimos bloqueados porque de frente venía otra oleada de decenas de personas que intentaban ir en dirección contraria; en medio estaban cientos de espectadores posicionados para ver la falla y nadie cedía ni un centímetro al prójimo.
Al principio nos reíamos, pero pronto perdimos contacto unos con otros y la situación se tornó angustiosa y casi dramática. Desde atrás notabas la fuerza y los empujones de quienes querían seguir avanzando y delante estaba todo bloqueado y de vez en cuando había achuchones en el otro sentido. Tanto que llegaba un momento que costaba respirar porque te apretaban por todas partes y no se podía ni hinchar el pecho; estábamos unas diez personas por metro cuadrado, había niños, gente mayor, turistas, locales, imbéciles, histéricos, descerebrados y muchos irresponsables.
He de reconocer que hubo algún momento en que fui presa del pánico, al igual que otros muchos, pero como sé que es el peor enemigo que hay, hice un esfuerzo sobrehumano por controlarlo; empezaba a hiperventilar, a agobiarme en exceso y a marearme viendo que la situación era cada vez más tensa, que estábamos metidos en una ratonera y que crecían las posibilidades de que aquello acabara muy mal porque hubo varios mareos, gente que perdió los nervios y casi se pelea, gritos, tropezones. Mi salvación psicológica fue la llamada de una de mis amigas, que ya había conseguido salir, lo cual me llenó de esperanza, fue como saber que había vida después de la muerte. La salvación material llegó de la mano de unos descerebrados chavalillos marroquíes que se habían metido en el jaleo con una bicicleta y que ante los insultos de la masa enfurecida, se abrieron camino entre la gente con la bici en alto, en procesión por encima de nuestras cabeza. Fue surrealista, pero allí me enganché yo, detrás de los "moritos" ciclistas que consiguieron abrir un corredor "humanitario".
A la salida, taquicárdico perdido e indignado, encontré varias patrullas de policía que "vigilaban" desde fuera al gentío. Corrí a avisarle a uno de ellos de que a la vuelta de la esquina podían tener un "Madrid Arena" en cualquier momento. Con una sonrisa de desprecio me dijo que estábamos en un espacio abierto y que él no podía hacer nada. Me fui a dormir orgulloso de estar vivo, aunque deprimido por pertenecer a tan estúpida clase animal.

miércoles, 19 de marzo de 2014

SUPREMA FELICIDAD SOCIAL

Como últimamente este blog parece un libro de autoayuda con permanentes reflexiones sobre el bienestar y charlas de motivación dignas del más prestigioso y remunerado "coach", hoy os voy a hablar de la felicidad.
El otro día leí un titular de un libro de un autor español por el que siento cierto rechazo porque me parece un snob que siempre nos da lecciones de modernidad. No digo el nombre porque tampoco le conozco suficiente ni he leído nada suyo, con lo cual no me creo con autoridad moral para ponerle a parir en público. Simplemente no me cae bien; ya sabéis que soy un tío de prejuicios. Pues bien, el menda critica en su libro la actitud desaforada del ser humano en busca de la felicidad, rechazando esa actitud.
Me pareció el colmo de la estupidez. Quizás un buen tema para explotar en una historia y vender libros, pero una tontería. Qué tiene de malo buscar la felicidad. Lo horrible es lo contrario, no buscarla. Es como decir que no entiendes que los enfermos se empeñen en no sufrir dolor o que los hambrientos se obsesionen por comer. Qué bobada. Claro que sí, todos buscamos la felicidad, es nuestro sino; otra cosa será lo que para cada uno signifique la palabrita en cuestión. Para unos puede ser más superficial y para otros más profunda. Uno puede ser feliz leyendo a Kafka, otro haciendo autodefinidos y el de más allá, haciendo autopsias (por eso es el del más allá, je, je).
Entiendo que lo que este escritor quiere decir es que la obsesión por alcanzar la felicidad nos lleva por caminos erróneos o que hay gente que ha equivocado el concepto de felicidad y lo ha identificado directamente con el poder físico, político o económico. En eso estoy de acuerdo, para la mayoría de nuestros chavales la felicidad pasa por tener el nuevo mando de la nueva consola del nuevo móvil y para sus padres por tener el nuevo modelo del nuevo deportivo de la marca más molona de coches. Por eso criticaría lo que podemos entender por felicidad, pero no la felicidad en sí.
Y si hago este alegato de la felicidad es porque he escuchado que Maduro ha creado en Venezuela el Ministerio de la Suprema Felicidad Social. Vaya por delante que el elemento en cuestión no es santo de mi devoción como tampoco lo era su predecesor, por muchos momentos de carcajadas que nos hayan arrancado con sus apariciones de caras y sus desplantes a los gringos. Sin embargo he de reconocer que me parece mucho mejor para este mundo en que vivimos la existencia de muchos más ministerios de Suprema Felicidad Social y alguno menos de Competitividad como el que aquí tenemos. Os lo dice alguien que sí que busca la felicidad, incluso la de mis lectores, por pocos e infelices que sean.

domingo, 16 de marzo de 2014

SER DISTINTO

En la mili te decían que no destacaras por nada, que pasaras desapercibido. Es una actitud conservadora y en ocasiones mediocre, pero que te puede evitar responsabilidades o reprimendas en muchos momentos de la vida.
En el cole, tristemente, y por mucho que todos los profesores presuman de lo contrario, lo que se potencia es lo mismo: niños disciplinados que estén espabilados, pero sin pasarse.
En el trabajo, día a día se demuestra que los más grises triunfan en muchas ocasiones porque son especialistas en remar a favor de la corriente y saben pasar desapercibidos para no ensombrecer a su jefe.
En muchos ensayos sobre el poder, cualquier tipo de poder, se concluye que lo que busca el poderoso es siempre una masa homogenea, obediente y que no mee fuera del tiesto. Y en eso estamos, en ser buenos corderitos, en comprar todos la misma ropa, beber las mismas bebidas, escuchar la misma música y votar a los mismos partidos.
El resultado es este y lo podéis encontrar en cualquier cierre de cualquier tienda o incluso en el lateral del telefonillo de tu casa. Si eres cerrajero y quieres promocionar tu negocio, no hagas pegatinas, ni cuadradas, ni redondas, ni ovaladas, nadie te va a llamar porque nadie es capaz de elegir una sola de las 80 pegatas que hay en cada portal. Aunque veas que lo hacen el resto de cerrajeros, tú no tires tu dinero, inventa otro sistema, intenta ser distinto, destacar por precio, por calidad o por mear fuera del tiesto porque si haces lo mismo que el resto, estás muerto.
Pensaréis que se me ha ido la cabeza y que esto es una estupidez. No os quito la razón, pero sinceramente esta imagen me crea un gran desasosiego e inquietud porque me preocupa que los humanos seamos así de "ovejitas" que nos calquemos unos a otros los comportamientos por miedo a ser distintos. Y no tengo nada contra los cerrajeros, lo mismo pasa en todos los sectores y los anuncios de perfume son todos iguales, y los de los coches son exactos y los supermercados hacen todos el mismo catálogo que te encartan dentro del periódico y los telediarios tienen el mismo formato en todas las cadenas y los puticlubs tienen todos las mismas luces y los restaurantes chinos, los mismos cuadros horripilantes.
Y nos equivocamos, y mucho, porque cada uno somos bien distintos, porque todos podemos brillar por nosotros mismos y todos tenemos una importante dosis de creatividad, aunque este oculta, para destacar frente a la masa.  ¡Viva lo distinto!, ¡viva el distinto!

miércoles, 12 de marzo de 2014

MI TIEMPO ES MÍO

Ya he argumentado muchas veces mis teorías demoniacas sobre la revolución digital y de como la creación de internet fue el origen de muchos de los problemas que ahora nos sacuden. No la propia red, sino la ausencia de legislación, regulación y precio de todo ese nuevo y maravilloso entramado. No es que sea un negacionista digital, todo lo contrario, pero creo que a los inventores de todo esto se les fue de las manos y dejaron demasiado libre y sin control el desarrollo de una tecnología demasiado potente como para ponérsela en bandeja al liberalismo devorador. El resultado fue un "marica el último" que ha enriquecido a los más avispados desarrolladores y emprendedores, mientras mandaba a la ruina a sectores enteros de todo el mundo como las agencias de viaje, los medios informativos en papel, las discográficas, el cine y otros cientos.
Pero lo más trascendente que la globalización digital o la digitalización global ha supuesto para nuestro día a día ha sido la aceleración del tiempo y la pérdida de control sobre él. No hay que ser un lince para afirmar que internet nos hace las cosas mucho más fáciles y que lo que antes podía suponerte una semana de trabajo, ahora se resuelve en unos minutos con unas cuantas búsquedas y mails. Pero como consecuencia, para lo que antes hacían falta cuatro o cinco personas, ahora sobran tres o cuatro. Nuestra eficiencia se ha multiplicado por mogollón y nuestro estrés también, porque en el mismo horario hemos infinitiplicado el número de gestiones y asuntos resueltos o tratados. Además el horario también ha aumentado con la movilidad de los cacharros digitales que te permiten seguir trabajando en casa, en el restaurante o en la casa de putas.
El resultado de todo esto son muchos más parados, trabajadores más ocupados y sin embargo una economía maltrecha por haber devaluado el coste de los servicios. Hemos hecho eso que siempre se buscaba, optimizar el tiempo, pero sin poner en valor esa mejora.
No obstante y reafirmándome como un fiel seguidor y defensor de cualquier innovación tecnológica y digital, he de decir que lo que peor llevo de todo esto es la falta de control sobre el tiempo propio. Una carta la contestaba uno cuando quería; un mail hay que contestarlo de inmediato porque si no lo haces el del otro lado se pone nervioso y te considera informal. Los SMS y WhatsApp, ni te cuento, yo me paso el día recibiendo recriminaciones porque no los leo al momento o no los contesto. Y lo que ya me saca de quicio son las alarmas o chivatos de las redes sociales que le dicen a todo el mundo si estás conectado, desde qué aparato, dónde y qué ropa llevas. Poco a poco me voy haciendo objetor de conciencia y defendiendo lo más valioso que tengo, después de mi familia: mi tiempo. Te sugiero que hagas lo mismo, ¿qué coño haces leyendo esta mierda de blog?

PD. La foto es una obra del artista Daniel Canogar que vi en ARCO y me encantó.

martes, 11 de marzo de 2014

ONCEME

Es verdad que en todos los aniversarios nos saturan con los monográficos y recopilatorios del hecho en cuestión. Es cierto que en general nuestra mente tiende a huir de estos recordatorios de acontecimientos luctuosos. Por eso no tenía ninguna intención de arrancar el día con el tema del día. Sin embargo, después de cenar con unos buenos amigos, he vuelto a casa enchufado a la radio y como había un monográfico recopilatorio recordatorio luctuoso: me lo he tragado. Y como resultado no he tenido más remedio que escupir lo siguiente.
Qué jodido tiene que ser que tu hijo, tu padre, tu hermano o tu colega coja el metro para ir a currar o a estudiar y una indiscriminada bomba intolerante le destroce en mil pedazos. Qué jodido tiene que ser enterrar a tu ser querido sabiendo que es uno más de una estadística y que tu dolor pasa desapercibido, es sólo tuyo. Qué jodido tiene que ser no entender por qué han segado la vida de tu amor y sentir que ha sido en balde. Qué chungo tiene que ser que la memoria de tu familia sea arma arrojadiza política para menospreciar al partido de enfrente. Qué irritante tiene que ser que tu horfandad sea además teñida de culpabilidad y de intereses conspiradores.
Trato de ponerme en la piel de cada uno de ellos y sólo encuentro la parálisis del dolor y el ahogo de las lágrimas para evitar salir a la calle a romperle la crisma a quien no sólo no se compadece de tu situación, sino que además se aprovecha de ella y hasta te insulta.
Sí, para mí y creo que para mucha más gente, lo ocurrido en el 11M fue la mayor vergüenza de la democracia española, la mayor demostración de intolerancia y de egoísmo político. El atentado fue la mayor salvajada que sólo insensatos hijos de puta sin cerebro pueden cometer; nunca nadie podrá llegar a entender lo que pasa por la mente de ese tipo de terroristas radicales sectarios y sin un claro objetivo político, que sólo buscan hacer daño al prójimo por el hecho de ser prójimo. En esto creo que todos estamos de acuerdo.
Sin embargo, a partir de ese momento lo que ocurrió fue la más cruel, insensible y despiadada demostración de canibalismo político, de manipulación, de mentiras, de infundadas acusaciones por un puñado de votos y por el poder. Desde entonces las víctimas recibieron esa patada moral y el resto de españoles el insulto de tomarnos por tontos, de hacernos creer que había sido ETA y después tener que aguantar durante años las intransigentes teorías conspirativas de ambiciosos periodistillas y penosos tertulianos que han cuestionado todo y llegaron a atribuir directamente el atentado al propio ZP y su partido.
Todo el mundo recuerda su propio 11M. Yo me despertaba como cada día con Iñaki Gabilondo (si lo hubiera hecho con Luis del Olmo igual tenía otro discurso) y recuerdo al segundo la evolución de las sensaciones: del espanto, al horror, al dolor, a la incredulidad, a la rabia, a la rebelión... Aquél era un momento para estar unidos, para abrazarse con la gente por la calle, sin partidos, ni ideologías. Para que el presidente hubiera llamado a todos los partidos a un gran pacto, a una unión frente a los salvajes. Te juro que hasta yo hubiera votado al PP al día siguiente.
Pero no, con los pabellones de Ifema llenos de féretros y forenses, los ministros del saliente Aznar daban órdenes manipuladoras y amenazantes y trataban de engañarnos. Les dijimos que no y entonces nos acusaron de aprovecharnos del atentado y de incluso promoverlo. Todavía hoy, diez años después, cuando ya el actual Ministro de interior, los jueces y el sentido común se han rendido a la evidencia, todavía hay algunos personajillos que encuentran en ese dolor rédito para captar cierto protagonismo, recuperar algunos votos o vender unos cuantos periódicos más. Qué vergüenza, qué penita.

jueves, 6 de marzo de 2014

DESINTOXICACIÓN

Por primera vez en los últimos años, en esta ocasión no dispusimos de conexión a internet durante nuestra semana de estancia en el Sahara. Eso implica que he estado durante siete días desconectado del mundo y en proceso de desintoxicación, que realmente lo necesitaba. Es toda una experiencia en estos tiempos y creo que merece la pena.
En todo ese tiempo no he tenido ningún e-mail explosivo de los que tienes que contestar antes de que se autodestruyan llevándose por delante tu ordenador, tu casa y toda tu familia; tampoco he podido saber en tiempo real los cronos de entrenamientos de los pilotos americanos de supercross; ni siquiera me he enterado de que a tres amigos les gusta mi enlace; ni de que la actualización de software está lista para instalar, ni de que el 23F no fue lo que habíamos pensado, ni de que se había muerto Paco de Lucía... Durante siete días estuve rehabilitando mis tendones de los antebrazos, que sufren de tanto teclado y mi estresada mente que necesita saber al minuto lo que pasa en el mundo, en mi país, en mi ciudad y en mi red social.
Pues resulta que he sobrevivido y lo he hecho mejorando mi salud mental y dándole importancia a otras cosas más mundanas. Sí, se puede vivir sin internet, pero también sin noticias, sin WhatsApp, sin itinerancia de datos y, ahora que me doy cuenta, sin comprar. Sí coño, he estado toda una semana sin comprar nada, ni un euro, ni un dinar, no he entrado en ninguna tienda, no he dado el número de tarjeta a nadie, no he hablado con ningún estafador...
¡Cágate lorito!, vuelvo totalmente desintoxicado porque tampoco he fumado puros, ni me he cogido ninguna borrachera de las mías, ni siquiera he ido a misa... Lo único que tengo que confesar es que llamé varias veces a mi mujer y a mis hijos y que el lunes por la noche me senté en la jaima con mis hermanos saharauis a ver el partido del Espanyol. Hasta ahí podíamos llegar.
PD. En saharaui se dice "¡Meate camella!" en lugar de "¡Cágate lorito!", por eso la foto.


martes, 4 de marzo de 2014

PREJUICIOS

Ahora que ya estoy en la segunda edad y que con la barba que me ha salido en el Sahara parezco todavía más viejo, voy a reconocer una cosa: soy un tío de prejuicios. Aún voy a más, soy un ferviente defensor de los prejuicios, frente a la gran mayoría de la sociedad que los vapulea y desprecia como si fueran una lacra. Todo el que quiera ser políticamente correcto o diplomático, tiene que admitir que no tiene prejuicios e incluso repetirlo varias veces en su discurso: "no tengo prejuicios, pero me caen mal los albanokosovares... no tengo prejuicios, pero ese coche seguro que lo conduce una chica... no tengo prejuicios, pero desde que he visto a ese tío me ha dado mala espina". Pues bien, yo sí tengo prejuicios y cada vez más. Cada vez me fío más de la primera impresión que me dan las personas y si lo hago así es porque en mi dilatada experiencia de medio siglo en este mundo he comprobado que rara vez te llevas una sorpresa, ni para bien ni para mal.
Pongo algunos ejemplos. El otro día escuché en la radio que un árbitro había hecho repetir el saque inicial: sí tengo prejuicios, ese tío es un gilipollas con todas las letras y lo único que buscaba era llamar la atención y darse importancia. Voy al centro comercial a comprar el pan y me encuentro a dos niños repeinados vestidos con capa, sí tengo prejuicios y los padres de esos vomitivos angelitos tienen que ser unos fachas redomados trasnochados.
Vale, vale, estoy siendo intolerante y sectario, pero es que no lo puedo remediar, soy un tipo simplón y me dejo llevar por ese primer flashazo que te llega a la retina cuando te cruzas con alguien. Quizás por eso me fío a la primera de gente que no conozco de nada y desconfío de otro personal por mucho que tenga buenas referencias. No sé si es el físico, la actitud o el instinto femenino, pero hay algo que te invita a empatizar con el de en frente o a rechazarlo. De hecho mi mente va asignando un espacio distinto a cada ser que voy conociendo según la primera impresión.
También tengo que indicar que no soy el único y que hay mucha gente a la que le pasa aunque no lo reconozca. A veces soy víctima de esos prejuicios y hay gente que me mira mal porque no llevo corbata o que se piensa que soy imbécil porque no me quejo cuando me ponen el vino picado.
Ya sé que está mal visto reconocerlo y que lo bonito es decir que no se tienen ningún tipo de prejuicios, pero os estaría mintiendo. De todas formas, no os lo toméis a mal, porque si estáis leyendo esto lo más seguro es que seáis de los que el primer día me dieron buena espina.Y si no es así, no os preocupeis porque algunos pocos han conseguido cambiar esa percepción. Pero pocos, eh!

domingo, 2 de marzo de 2014

MOMENTOS SAHARAUIS

Tumbado encima de decenas de maletas en lo alto de un vetusto camión rumbo hacia Tindouf. Delante van cuatro autobuses repletos de corredores solidarios. Acaba el Sahara Marathon y noto que me va dando el bajón de todos los años; una vez pasada la tensión provocada por el peso de la responsabilidad, todo el agotamiento de las últimas semanas sale a relucir sin avisar. Miro a las estrellas e intento repasar los mejores momentos del intenso viaje, pero me quedo dormido con el traqueteo del camión y los frenazos de la escolta.
Supongo que la mayoría de mis acompañantes coinciden en esos highlights de la semana: la hospitalidad de la familia, la grandeza del desierto, la música en las dunas, la alegría de los niños corriendo o los típicos gritos guturales de las mujeres saharauis. Yo no soy menos, pero quizás porque ya lo he vivido muchas veces, los momentos especiales que me llegan a la cabeza son mucho más tontos, casi anecdóticos, pero muy reveladores de lo que es este viaje.
Sin ni siquiera haber iniciado el vuelo, en Madrid, en la calle Príncipe de Vergara, tuve la primera inmersión en el profundo y mágico mundo saharaui. Mientras recogía los visados y ultimaba los detalles legales antes de ir al aeropuerto, Mahayub, el delegado consular, estaba algo estresado porque íbamos justos de tiempo, pero entre llamada y llamada me ofrecía un te calentito para que me fuera adaptando. Tomar te saharaui en el barrio de Salamanca es cuando menos relajante. Lo peor fue cuando volvió a sonar el teléfono y Mahayub me dejó esperando durante media hora porque llamaban desde el Sahara para pedirle la mano de su sobrina y allí me quedé yo escuchando el ceremonial de la jaima, el camello que iban a matar, los invitados, el novio... Inmersión inmediata en los campamentos.
Una vez allí, en Smara, os podría contar mis mejoras con el hassania porque Dumaha ya me ha enseñado a decir que tengo hambre, sed o sueño e incluso sé decir catorce y veintiocho con cierta fluidez. Pero me quedó grabado un momento que pudo ser dramático pero quedó en anécdota. El primer Ministro saharaui se dirigía a una delegación de corredores de todo el mundo y yo tenía que traducir su filosófico discurso. Empezaba a pasarlas canutas cuando vi que al fondo de la sala varios de los asistentes se levantaban angustiados por la presencia de un gran escorpión entre las colchonetas en las que estaban sentados. Un valiente saharaui lo cazó con una gorra y lo metió en una botella. Todos nos quedamos algo asustados por lo que podría haber pasado, pero en Primer Ministro siguió hablando de la moralidad en el deporte y yo translating.
No hay muchos animales en el desierto, aunque todos hemos visto alguna que otra cucaracha meterse por el agujero negro del retrete. Eso sí, su paulatina occidentalización les va llevando a tener cada vez más gatos o perros a modo de animales de compañía, cosa que las cabras y los camellos no son. También hay ratoncillos y nosotros teníamos un par de ellos como mascotas. Uno estaba en la oficina de carrera y nos controlaba mientras dábamos dorsales; el otro estaba en el almacén, donde yo me recluía en solitario para hacer las cuentas o repasar el programa. Se trata de un despacho muy particular, lleno de polvo y mierda, con las cajas amontonadas por todas partes, sin luz eléctrica durante buena parte del día... Pero yo me encuentro muy a gusto allí, escondido y con el ratoncito pasando entre mis pies. Si en Madrid veo un ratón, os aseguro que salto encima de la mesa, pero allí es parte de mi familia.
Pero ya que hablo de mi familia y si me tengo que quedar con un momento de toda la semana, sin duda me quedo con el rato que pasé con Mohamed, el padre de nuestra familia, jugando a un juego de mesa, o de alfombra, saharaui. Se juega con cacas secas de camello y es una mezcla entre las canicas y la petanca, pero con olorcillo. Lo pasamos en grande.
Ya sé que esperabais aventuras e historias más truculentas de tan apasionante viaje, pero es que yo siempre me quedo con las nimiedades. Eso sí, de toda esta experiencia he sacado una clara conclusión: no me vuelvo a dormir arriba del camión, menudo trancazo me he pillado.

viernes, 21 de febrero de 2014

¿SOY MULTIFACTORIAL?

Tengo una amiga que un día se echó un novio multifactorial. Así se autodenominaba él y todavía ninguno hemos entendido a qué se refería; supongo que mi amiga sí que lo sabrá, je, je. El caso es que hoy mismo me ha dado por pensar que a lo mejor yo también soy eso o cuando menos multifuncional. Me ha venido a la cabeza cuando salía de la rueda de prensa del Sahara Marathon con la mente inmersa en la jaima y me he subido al coche rumbo a la inauguración de ARCO, para ver los cuadros del "jefe" y a muchos amigos y en el camino me han llamado para negociar un complejo e interesante evento para los próximos meses. Y uno, que no sabe tirar de la cadena y mover la escobilla a la vez, se hace un lío y termina mezclando conceptos, sensaciones, valores y olores.
Quizás es que soy uno de esos que llaman bipolares o multipolares, porque en el fondo lo que me pasa es que tengo muchos y diferentes "yos" y tengo que ir adaptándolos a las circunstancias. De pronto estoy inmerso en un acto revolucionario, como estoy comiendo con un politicucho fachoso y supuestamente corrupto, o resucito como periodista de motor o soy mánager de ciclistas o saco mi vena musical o tiro de vinito y sofá en las tardes de sufrimiento perico, o ejerzo de jefe o me quejo de los jefes. Qué mareo, qué divertido, pero qué difícil hacerlo sin mezclar churras y merinas y sin caer en algún caso en contradicciones, consulte a su médico.
Este síndrome se ha visto acrecentado por las redes sociales, ese ameno patio de vecindario, en el que uno tiene distintas ventanas y al que me asomo unas veces como Sahara Marathon, otras como Hachetetepebarrabarra, otras como De Box en Box, otras como Last Lap, otras como hijo de, otras como padre de, otras como San Franciscano, otras como marido de, otras como plasta reivindicativo e incluso, alguna vez, como yo mismo. Total, que de tanto entrar y salir de un perfil a un grupo a un Tuit y a un muro, con distintas identidades y distintas contraseñas, llega un momento en el que el pene se te enreda y hablas mal de Rajoy a los moteros, saludas en Hassania a los marketinianos y negocias el presupuesto con los señores del desierto. Laberinto cerebral se llama y se me suele agudizar a finales de febrero. Es entonces cuando el médico me receta mucho te y sentarme a ver las estrellas en medio del desierto. Allá voy.

miércoles, 19 de febrero de 2014

TAMBORES DE GUERRA

No hombre no, la sociedad ya ha evolucionado y se ha civilizado lo suficiente como para dejar atrás esos momentos tan ruines, vergonzantes y salvajes de la raza humana. Ya no somos medievales, nadie se dejará arrastrar por ideales o identidades como para coger el fusil y si alguien lo hiciera, el resto de terrícolas le detendría para que la cordura siga reinando. Quieras que no, hemos alcanzado un nivel de bienestar, derechos y calidad de vida que no podemos echar a perder.
No es una reflexión mía ni de nadie de nuestro tiempo, es un resumen del sentir de los europeos a principios del siglo XX, tal como lo cuenta Stefan Zweig en "El mundo de ayer", su interesante libro de memorias. Cuenta el escritor austriaco que absolutamente nadie creía que podía estallar la I Guerra Mundial, que no había ni motivos relevantes ni ambiente para ello, pero poco a poco se fueron enlazando acontecimientos inoportunos y actitudes irresponsables y Europa se vio inmersa en una disparatada sangría. En el caso de la segunda, sí que el caldo de cultivo era más picante y justificado, pero antes de la primera, todos los comentarios previos al asesinato del Archiduque Francisco Fernando en Sarajevo hablan de tranquilidad, bienestar y prosperidad.
¿Y a dónde voy? pues es evidente: que aunque me llaméis catastrofista o tremendista, el mundo en el que vivimos ahora es un polvorín si cabe mayor que el de entonces, por mucho que no haya guerra fría, ni telón de acero, ni guerras multinacionales. Y no voy a la teoría de la conspiración, que comparto, de que los fabricantes de armas necesitan guerras, sino a una visión más economicista de los ciclos y creo que hemos pasado de un ciclo de plenitud y holgura a un ciclo de penuria y presión y a continuación pueden volver las golondrinas o los cuervos. La sociedad tiene una amplia capacidad de aguante, pero no infinita, va encajando, encajando, hasta que revienta y cuando reviente, no vale decir eso de ¿por qué te has puesto así?
Abre el periódico y elige tu escenario preferido: Venezuela, Ukrania, Melilla, Egipto, Mexico, Argentina, Corea, Irak, Ceuta, Gamonal... son algunos ejemplos de polvorín, de distinto origen e intensidad, pero en todos los casos con un elemento común, el grito del pueblo harto de ser oprimido, engañado, manejado...
Y para que me toméis en serio, os diré que mis fuentes son el periódico diario, Stefan Sweig y una canción del último disco de La Habitación Roja. ¡Toma Ya!

miércoles, 12 de febrero de 2014

COCA-COLA DEL PARO

La reforma laboral era uno de los mayores logros de la humanidad. Lo dijo una destacada dirigente de la ciudad de Madrid. Blanco y en botella... y Blanco no era. Me lo ha puesto a huevo para hacer el chiste fácil con su apellido y para enlazar el tema con el muy candente asunto del cierre de las embotelladoras de Coca Cola.
Los muy avispados dirigentes de tan rica bebida en todo el mundo y, por supuesto en España, están últimamente muy agobiados con las campañas de desprestigio de las bebidas gaseosas que están lanzando medios informativos, asociaciones con malignos intereses en favor de la salud de los humanos e incluso alguna mujer del presidente del país más poderoso del mundo que, por supuesto, no es España. Resulta que todos esos entes judeomasónicos y alguno incluso negro, se han unido para luchar contra la obesidad infantil y promover la vida sana. Insensatos. Han dicho que estas bebidas tienen demasiada azúcar y que hay que consumirlas con moderación, porque además el azúcar crea adicción. La torpe respuesta de los cocacolos por el mundo ha sido la de ir a la gresca, tratar de desmentirlo, hacer lobby para convencer a políticos y periodistas, en lugar de ofrecer a gritos sus opciones sugarfree. Con lo bien que hacen estos chicos los anuncios, el buen rollito que transmiten, lo felices que somos todos con una Light al limón en la mano, lo buenorras que están las chicas que beben Zero y lo hermanados que vivimos todos en Navidades bajo el espíritu rojo que invade todo y la musiquita del "always..." como soniquete.
Pero por si tenían poco con los niños gorditos, ellos solos, con la colaboración de Fátima y Mariano, se han inventado una original manera de cagarla. La anunciada reestructuración que pasa por mandar a la puta calle a cientos de trabajadores, cerrando plantas embotelladoras para centralizarlo en la planta de cataluña, no sé si va envuelta de contenido político nacionalista, como dicen por ahí, pero a buen seguro que va a ser la mayor campaña de antimárketing y desprestigio que la compañía ha tenido. Y que se anden con cuidado para que no les afecte a las ventas de forma peligrosa.
Por otro lado, el asunto sirve de lección, no de márketing sino de economía infantil, a nuestro amigo Mariano y sus secuaces. Era bastante obvio, pero quizás no lo has visto hasta que te lo pintan tan clarito: si pones mejores condiciones para echar a la gente, las empresas despiden a más gente; si en cambio dificultases los despidos con cláusulas que impidieran los "eres"
y los despidos masivos en empresas con elevados márgenes de beneficio, quizás habría menos desempleados ¿no?
En un mundo lógico, justo y civilizado, Coca Cola no podría jugar con tal libertad con el futuro de sus empleados en busca de mayores beneficios y más brillantes medallitas en las solapas de sus directivos. La ley no debería permitirlo, como tampoco lo permite la ética, esa gran desconocida.
Puede sonar a populista, pero este conflicto es el síntoma más visible de la grave enfermedad de este sistema. Y os lo dice un adicto a la Coke desde que tengo uso de sinrazón... Qué buena está... y no me refiero a la Botella.

martes, 11 de febrero de 2014

PERO VA A NEVAR DE UNA PUTA VEZ...

Sentado delante de la estufa, con los pies calentitos y la casa en silencio. Miento, habría estado todo en silencio si no fuera porque hemos colgado cuatro relojes distintos en el salón y aunque he conseguido sincronizarlos en hora, no es posible hacer que coincidan en sus tic-tac, con lo cual no pasa ni una décima de segundo sin sonar un tic o un tac, que la verdad es que no los distingo. A eso hay que unir el chisporreteo del fuego, siempre acogedor chisporreteo, pero que de vez en cuando me mete unos sustos del carajo cuando los troncos se mueven y me creo que han entrado ya por la puerta, Pietro Arkan, la santísima trinidad, Al Qaeda del Magreb o incluso algún ministro del ejecutivo. Qué estúpido me ha parecido siempre lo de llamar ejecutivo al gobierno y que estúpidos me parecen siempre la mayoría de los miembros del ejecutivo. No me gustaría ser ministro, pero mucho menos, miembro del ejecutivo. No he cenado con vino, aunque lo parezca y aunque sea una excepción. Lo que ocurre es que hace un frío de pelotas y da mucho gusto estar junto al fuego mirando por la ventana a ver si empiezan a caer copos de nieve que tiñan toda la ciudad y el país de blanco, para que los niños no puedan ir al cole, se monten unos atascos de narices y todos le echemos la culpa a Zapatero.
Bueno, eso y que tengo la mente bloqueada entre asuntos de trabajo y los preparativos del Sahara Marathon, con lo cual ni he leído la prensa ni me apetece hablaros de la infanta de naranja y su juez de limón, ni de los apreciados desprecios de Wert, ni de los Juegos Olímpicos de Chochi... Está siendo muy duro superar lo del suicidio. Lo sabía.

martes, 4 de febrero de 2014

SUICIDARSE

Una noticia me ha sorprendido durante el fin de semana. Después de un larguísimo silencio informativo provocado por un pacto corporativo inusual en este gremio y por una concienciación general de políticos para evitar hablar del tema, el otro día la portada del periódico abría con las cifras del inquietante aumento de suicidios en nuestro país. Cuando casi diez personas se quitan la vida cada día, muchísimos más que en los tan publicitados accidentes de tráfico, el tema tiene cierta relevancia como para abrir el debate.
Parece estar bastante claro que el hecho de hablar tanto del peligro de la carretera y de las cifras de muertos en ella, ha contribuido a mejorar los datos en base a una mayor concienciación de la sociedad (aunque buena parte de esa conciencia se moldee mejor con multas y puntos perdidos). Sin embargo, no es tan evidente que la enorme difusión que tienen los continuos crímenes de la llamada violencia machista, haya servido para mejorar y concienciar a los salvajes asesinos; lejos de ello, parece como si su difusión hiciese a veces de efecto llamada sugiriéndole macabras ideas a algún desquiciado.
Y estos dos ejemplos me sirven para enjuiciar el asunto de los suicidios con dudas. Quizás el apagón informativo no se debe a la supuesta ética periodística, de la que tantas clases nos dan los Pedro Jotas y Cebrianes de turno, sino a la nula rentabilidad que informaciones tan deprimentes pueden dar a los cazadores de audiencias y publicidad. Si realmente fuese una cuestión ética, quizás habrían desaparecido de sus páginas los anuncios de prostitución o dejarían de publicar esquelas de suicidados. La duda es saber qué pasaría si se contara abiertamente, sin ningún tabú, cuando alguien se ha quitado voluntariamente la vida. Todos tenemos a alguien cerca que lo ha hecho y en casi todos los casos el hecho está ocultado, maquillado, disfrazado de accidente o extraña enfermedad. Quizás la propia sociedad reaccionaría de una forma mucho más comprometida y solidaria si supiese que está rodeada de potenciales suicidas, que tu hermano, tu padre, tu hijo o tu amigo pueden pasar por un momento malo y tomar una decisión irreversible, que tú puedes evitar.
No pretendo que los periódicos abran todos los días sus páginas con la lista de suicidios, pero tampoco que vivamos en un mundo de gominola. A, por cierto, y hay maneras mucho más efectivas de suicidarse que asomarse al espigón a ver las olas... Cuanto idiota hay suelto...

domingo, 2 de febrero de 2014

BOCATA DI CALAMARI

Lo reconozco, soy de los que suelo ver la Botella medio hiena. Tal vez sea porque cada vez soy más intolerante a la estupidez. Por eso no me gusta contar con semejante esperpento como embajadora de mi ciudad y cada vez que abre la boca siento ganas de meterme debajo de la mesa, como cuando mis padres me pedían que recitase una poesía a las visitas. Quizás desde entonces mi sentido del ridículo, la vergüenza propia y la ajena, las tengo excesivamente desarrolladas. Así que en cuanto Anita abre la boca yo busco una mesa camilla porque lo paso muy mal, no quiero que nadie me pueda identificar con ese ser e incluso siento lástima por ella. Eso debe ser lo que llaman síndrome de Estocolmo.
La última vez que la he oído, que no escuchado, ha sido haciendo esa proclama o llamamiento a los turistas de todo el mundo para que visiten nuestra maravillosa ciudad con el pretexto de que tienen que probar los bocadillos de calamares. ¡No!, my friends, forget it, si vais a venir a Madrid hacedlo por su cultura, su ambiente, su clima, su buen rollo, sus museos, sus bares, sus galerías, sus restaurantes, su tradición, su historia, su tolerancia, su sol, su Puerta del Sol, su Velázquez, su cielo, su Goya, su cocido, su deporte, su gente, su olor, su color, su Prado, su alegría, su Guernica, su ópera, su movida, su chueca, su Rastro, sus fiestas, su Plaza Mayor... pero el bocadillo de calamares no merece tanto esfuerzo y gasto. No es que no esté bueno, que sí lo está, pero es muy incómodo de comer; la grasa te chorrea por las manos y los morros, las servilletas que te dan son muy poco absorbentes, los calamares suelen estar algo chiclosos y cuando intentas morder uno, lo habitual es que se estire hasta límites insospechados, se salga del bocata, se caiga al suelo o se quede colgando de tu boca cual piercing o le dé un latigazo a alguna abuelita que pase por delante. Definitivamente el argumento no es el mejor para contrarrestar la caída del turismo en Madrid y quizás debería esta señora plantearse si lo que necesita nuestra ciudad es alguien con una altura de miras un poco más elevada. Como decía el otro día un humorista, nunca pensé que del matrimonio Aznar, José Mari iba a terminar siendo el bueno.

lunes, 27 de enero de 2014

EL DELOREAN DE MARIANO

Tengo un amigo que vive al otro lado del mundo, a más de diez mil kilómetros del Palacio de la Moncloa. Es una suerte para algunas cosas, entre ellas poder observar lo que ocurre en España con la frialdad y objetividad que te otorga la distancia. Hace poco, hablando con él me sorprendió que mencionaba a nuestro país como "el Delorean de Mariano" y aunque imaginé a que se refería, escuché atentamente su explicación.
Supongo que todos conocéis el Delorean, ese revolucionario bólido con el que Marty MacFly se desplazaba al futuro y luego al pasado con una enorme facilidad. Reconozco que a mí me encantaba la película. Pues según está teoría, este es el cacharro que conduce el amigo Mariano, pero con el problema añadido de que sólo funciona hacia atrás, hacia el pasado, y que nuestro imprudente conductor nos ha llevado a todos a tiempos ya olvidados hace bastantes años, décadas diría. Sin poderlo imaginar cuando echábamos nuestra papeleta en la urna, convencidos de que eso era la democracia, los españolitos hemos aparecido de pronto en ese periodo post transición y post franquismo, que creíamos superado, pero que ha vuelto y ha impregnado todo con la más pringosa caspa beato regresiva.
El Delorean nos vuelve a traer los crucifijos a las aulas de un estado laico de mentira. El Delorean desmantela el sistema ejemplar de la sanidad mundial, que hasta Obama (el nuevo colega de Mariano) pretendía copiar. El Delorean revoca los derechos de las mujeres y da marcha atrás muchas décadas en una ley del aborto que estaba aceptada por la sociedad. El Delorean echa por tierra el trabajo de siglos de los trabajadores para fortalecer sus derechos y los degrada de manera indigna. El Delorean se carga de un plumazo la ejemplar conciencia humanitaria de nuestro país y machaca la estructura de la solidaridad y de las ONGs. El Delorean arremete contra la cultura y la lleva a tiempos de Nino Bravo y Chiquito de la Calzada. El Delorean se descojona del medio ambiente y tira por tierra todos los avances en energías alternativas. El Delorean se salta la democrática separación de poderes para evitar que ningún malintencionado juez le toque las bujías. El Delorean, como en tiempos del abuelo, toma medidas pensando en los intereses de unos pocos. El Delorean, como en los tiempos de la censura, ningunéa y menosprecia a la prensa no afín. El Delorean cambia las leyes para reprimir a quien no le deje retroceder o a quien se queje. El Delorean va a toda leche, más rápido que el Jaguar de Ana Mato, pero siempre hacia atrás.
Las excusas de Mariano son siempre las mismas, que se lo rompió ZP, que no lo conduce él sino la Merkel y que la única gasolina que lo hace funcionar es la "economía"... Pero nosotros ya no nos creemos estas películas.

miércoles, 15 de enero de 2014

CUTREAIR


Qué poquito me gusta volar. Lo digo ahora, mientras me dispongo a cruzar el Atlántico para visitar a mi socio Jesús y reencontrarme con todos nuestros amigos de San Francisco. Llevaba casi tres años sin subirme a un pajarraco de estos, pero el 2014 lo hemos empezado por los aires, tanto que en dos meses voy a tener que sufrir esa angustia del despegue en ocho ocasiones o más.
Pero lo malo no es eso sino lo que ha cambiado el cuento de los aviones en los últimos tiempos. Mientras casi todo evoluciona para mejor, con más tecnología y comodidades para los ciudadanos, los gestores de las compañías aéreas se han empeñado en lo contrario, en putear al máximo al pasajero, exprimirle y engañarle. Quizás tengan sus estudios de mercado y hayan comprobado que al viajero sólo le preocupa el precio y para poder bajarlos están usando unas artimañas de mercado, pero del persa.
No había tenido ocasión de viajar con Ryan Air hasta que hace diez días tuve la desgracia de volar por última vez con esta cutre-compañía. La elegí por el horario y no sé si el precio era mejor o no, pero nunca había viajado en autobús volador; además, pronto me percaté de que el resto de viajeros sí que tenían amplia experiencia en el asunto, lo cual les convertía en un furibundo ejército de hormigas despiadadas capaces de lo peor por conseguir un asiento libre o meter una maleta en un maletero lleno. Hombre come hombre. Pasé vergüenza cuando comprobé que era el único imbécil que había pagado 60 euracos por facturar la maleta. Pasé miedo cuando anunciaron la puerta de embarque y me vi rodeado por una avalancha de trolleys que corrían despiadados arrastrando a decenas de insolidarios viajantes, desencajados ante la posibilidad de no encontrar hueco para su equipaje. Pasé vergüenza ajena cuando les oía gritar y pelearse con las azafatas porque no había sitio para tanta maleta rodante y tenían que etiquetarlas para llevarlas en bodega. Pase angustia cuando comprobé que teníamos que viajar con mochilas encima de los pies y con todos los huecos del avión rellenados con calzoncillos y bragas, unos limpios y otros no. Pasé hambre y sed porque la Coke y los cacahuetes eran de pago, caretes y si los hubiese comprado me hubiera mirado mal el resto de hambrientos y sedientos porteadores de carritos. Pasé tortícolis cuando intenté dormir en un asiento en ángulo agudo después de dejarme las uñas buscando bajo los reposabrazos la palanca para abatir el respaldo. Sólo encontré mocos.
Y como no podía dormir reflexioné y me hice mi propio estudio de mercado. La conclusión es que con los asientos no abatibles igual ganan un par de filas, que son diez pasajeros, que es un dinerillo; con las bebidas y comidas no creo que hagan una caja de más de 50 napos; de maletas facturadas, una mierda (la mía) y de asientos reservados tres mierdas (las de dos insensatos abuelos que viajaban con su nieto). Por otro lado, deduje que a la compañía le es bastante más cómodo, seguro y posiblemente barato la facturación normal, y que la asignación de plazas no tiene ningún extracoste. Simplemente se trata de una mezquina teoría de marketing inverso; antes quien quería destacar tenía que dar mejor servicio y comodidades a sus clientes y así les podía cobrar más, ahora es al revés, te putean al máximo y si quieres dejar de sufrir, tienes que pagar. Cualquier día los cines venderán entradas separadas o en primera fila a no ser que pagues; los yogures serán todos de coco; los hoteles, con camas "supositorias"; las radios llevarán la Cope presintonizada y el As lo venderán sin la chica de la contraportada... Y yo dando ideas.

domingo, 12 de enero de 2014

CARTA AL HERMANO ABDELAZIZ

    Después de la irónica y reivindicativa carta a Mohamed VI, he sentido un irrefrenable impulso por escribir otra a mi hermano Mohamed Abdelaziz. En este caso permitidme que cambie la ironía por la complicidad que obviamente tengo o tenemos buena parte de los españoles con la causa saharaui.
Amigo Abdelaziz, hermano, en breve volveré a visitar los campamentos donde desde hace casi cuarenta años malviven decenas de miles de saharauis. Con cierta asiduidad tengo ocasión de hablar con muchos de ellos, grandes amigos, que me ponen al día de la situación y transmiten sus sentimientos, agónicos sentimientos, ante el paso del tiempo sin percibir el más mínimo avance en las negociaciones que pudieran desbloquear una situación a todas luces injusta. Tal es así que en la mayoría de los casos concluyen sus relatos o impresiones con un contundente: “tendremos que volver a las armas, no queda más remedio.”
No lo justifico, pero lo entiendo, porque no hay ser humano capaz de aguantar el paso inexorable del tiempo viendo como una generación tras otra ven hipotecadas sus vidas en espera de movimientos políticos lentos y poco concretos. El “status quo” les está devorando y es lógico que caigan en la desesperación, por mucho que digan y griten que nunca van a perder la esperanza.
Hermano, la razón está claramente con vosotros, esa es una verdad irrefutable; lo dice la historia, lo dicen las Naciones Unidas y, sin quererlo, lo dice el Reino de Marruecos que, incapaz de esgrimir ni un solo argumento, sólo puede combatir la verdad saharaui con represión, torturas y asesinatos encubiertos. Sin embargo, eso no basta, se lo digo a menudo a mis hijos como precaución ante accidentes y lo aplico aquí también: “De poco sirve tener la razón si el de en frente te manda al cementerio”.
Amigo Abdelaziz, cuentas con el respaldo de tu pueblo porque saben que eres uno de los suyos, que impulsaste el movimiento independentista, que te fraguaste en la batalla con gran valor y que durante décadas has gestionado con brillantez la difícil política internacional. Por eso, tú, mejor que nadie, sabes que las cosas no son fáciles, que la solución no va a llegar caída del cielo, que la política está presa de la diplomacia y de los intereses económicos y estratégicos y que vuestro peor enemigo va ganando poco a poco terreno: el maldito tiempo le favorece. El reloj no para y cada minuto que pasa favorece a Marruecos; esa es su estrategia, el desgaste, el olvido, la desesperación de las familias que hartas huyen a Mauritania, España o los territorios ocupados… Cada año se oyen los mismos argumentos, la situación no cambia y eso significa que el Sahara Occidental está ocupado por Marruecos, que los saharauis que allí viven son tratados como una clase marginada y los refugiados de Tindouf ven que su situación ya no es transitoria.
Estimado Mohamed Abdelaziz, creo que ya ha llegado el momento de dar un giro a tanta diplomacia y marcar un punto de inflexión antes de que tu pueblo te lo pida de una forma más rotunda. Toma ya la iniciativa, marca tú mismo el calendario, sigue el ejemplo de Catalunya que ha avanzado en un año más que en siglos. Propongo un plan de ruta en el que sean los saharauis, cargados por esa razón que les respalda, quienes marquen la agenda del conflicto internacional. Elige una fecha, simbólica o no, el 27 de febrero de 2015 podría ser buena, y comunica oficialmente a la ONU y a toda la comunidad internacional que ese día los saharauis iniciarán el regreso a su tierra a reunirse con sus hermanos saharauis que viven en el territorio ocupado. Lanza un ultimátum y marca también una fecha posterior para el referéndum, entregando a la ONU el censo propuesto.
Ya sé que no es tan fácil, que puede sonar ingenuo o infantil, que hay muchos obstáculos en el camino, que hay que superar la zona de minas, que Marruecos no se quedaría parado, pero sin lugar a dudas un jaque de este calibre removería los despachos de Nueva York, de Washington, de Rabat, de París, de Argel, de Moscú… (Madrid volverá a ser comparsa). Es posible que el objetivo final no se consiguiese, pero mientras tanto se habrán tomado más en serio el problema y se habrán buscado posibilidades reales de solución, ante el riesgo de que todo estalle por los aires
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En su defecto podemos seguir esperando a que todos hayáis y hayamos muerto o a que alguno de esos desesperados jóvenes que llaman a la guerra haga una tontería que Marruecos celebraría con licencia para más represión. Hermano, piénsatelo.