lunes, 30 de noviembre de 2015

BOMBARDEO O BUENISMO

Ana Pastor insiste en acorralar a Pablo Iglesias para que se decante: "bombardeos sí o bombardeos no".
Me revienta el simplicismo con que se tratan temas tan delicados. La guerra es uno de ellos. Tras los salvajes atentados de Egipto y París ha surgido la inevitable necesidad de reaccionar contra el agresor de la manera más dura posible y ante los inmediatos bombardeos franceses y rusos han aparecido las esperadas voces discrepantes, rápidamente minimizadas con el simplista "o estás conmigo o contra mí". Dicen que en estos momentos hay que estar unidos y mostrarse contundentes contra el enemigo común, pero eso no puede significar dar un cheque en blanco a estrategias que ya han demostrado su fracaso.
Quienes son contrarios a los bombardeos o a la guerra abierta contra el DAESH no son o somos sus defensores, les odiamos como el resto de la sociedad, queremos acabar con ellos, pero discrepamos en la forma. Se puede llegar a entender que Hollande, con la rabia acumulada ante tanto dolor, envíe rápidamente sus aviones a bombardear Raqa, algo que sirve para acallar a la opinión pública occidental, para debilitar mínimamente al ISIS y para provocar más dolor y muerte entre los sirios que son las primeras víctimas de estos locos desalmados. Sencillamente los bombardeos indiscriminados sobre ciudades de Siria producen más islamistas radicales.
Que el problema es mucho más complejo de lo que imaginamos lo saben todos los mandatarios mundiales desde hace muchos años y por eso no han hecho nada por atajarlo en todo este tiempo y por eso mismo no se puede esperar que de la noche a la mañana, para vengar la muerte de conciudadanos europeos vilmente asesinados, se pueda arreglar con la varita mágica de los misiles.
Si alguien piensa que va a vencer por la fuerza y desde el aire al islamismo radical, está muy equivocado o desconoce su nivel de implantación y sus múltiples y desestructurados grupos repartidos en Oriente próximo, Asia, Egipto, Libia, Túnez, Mali... Los talibanes, Al Qaeda, Boko Haram, Daesh o ISIS no dejan de ser franquicias de una misma maligna interpretación del Corán, contra la que sólo se puede luchar con una compleja estrategia a corto, medio y largo plazo. Y ¿eso como se hace?: los políticos como los buenos profesionales deberían saberlo, se empieza por el largo plazo, fijando cual es el escenario que quieres que resulte al final del viaje, después se ponen en marcha los mecanismos lentos que van a dar resultado a medio plazo y cuando eso está claro, se remedia lo inminente, incluso bombardeando si la gravedad de la situación lo requiere, pero suele ser interesante saber antes a quién atacas y con quién te alías.
La experiencia no hace más que recordarnos la cantidad de veces en los últimos años en las que no hemos dado los pasos en ese orden, hemos quitado a dictadores por la fuerza, hemos armado hasta los dientes a supuestos rebeldes revolucionarios y no hemos gastado ni un minuto en establecer un plan duradero. El resultado ha sido que todos esos Kalashnikov se han vuelto contra nosotros y jode eso de que te maten con las armas que tú has regalado.
Cuando explicas esto te acusan de buenismo o te dicen que si hubieras perdido a un familiar víctima de estos asesinos, no pensarías igual. A lo que me gusta responder que prefiero el buenismo al malismo y que está demostrado que no es bueno legislar en caliente y que las víctimas deben recibir apoyo y solidaridad, pero no marcar la agenda. Todos queremos acabar con esta lacra, pero definitivamente, y eso conlleva un plan algo más trabajado.
Como punto de partida hay que reconocer y asimilar que los grandes perjudicados de esta situación son los musulmanes y que son muchos millones de personas que viven asustadas ante esta radicalización que les amenaza y que además les pone en el punto de mira de parte de "Occidente" que mezcla churras con merinas. Ese primer paso mirando al futuro debería ser diplomático, de acercamiento a los guías espirituales del Islam, de educación y de generación de esperanza para los jóvenes de países al borde de la quiebra social y estatal.
En paralelo habrá que construir un mapa geopolítico algo más consensuado que el que se hizo en la descolonización, construyendo un complejo equilibrio de fuerzas que no puede ser inmediato. Ya no vale lo de "echamos a Al Asad y hacemos elecciones" porque lo que viene es peor, ni tampoco lo contrario; ni podemos caer en limpiezas étnicas que nos regurgiten las tristes memorias de Hutus y Tutsis, ahora suplantados por Sunies y Chiies. Habrá que establecer un plan transitorio sumando fuerzas incluso con el propio Al Asad, exigiéndole unas claras contraprestaciones. Habrá que contar con Egipto, Turquía y el propio Irán como posibles benefactores. Habrá que reconocer su papel a los kurdos. Habrá que exigir su patrocinio a los "democráticos", pero millonarios, patrocinadores del Madrid y el Barça. Habrá que meter mano de una maldita vez al libre comercio armamentístico y a las hipócritas y sonrrojantes vías de financiación de los radicales. Habrá que aprovechar la ocasión para enfriar la guerra fría, vaya paradoja. Habrá que ocuparse de las víctimas, todas, no solo las de París, también los que han perdido además de su familia, su casa y su país. Lo mejor que podemos hacer para atacar la insensatez del DAESH es acoger a sus víctimas, a esos ciudadanos que huyen del terror de estos descerebrados, para que ellos tengan claro quién es su enemigo. Mientras estemos dando el trato que estamos dando a los refugiados que vienen de esa zona, estaremos fomentando la idea de que tan malo es esto como lo que dejan atrás, serán dobles víctimas, del ISIS y de Europa. En el fondo son los propios musulmanes los que tienen que acabar con ellos.
Y con todo eso en marcha, si hace falta, sí, habrá que actuar de forma quirúrgica y contundente para cercar y acabar con los núcleos activos del terrorismo. Igual esto es el buenismo.

PD. Se me olvidó comentar que también habrá que atender a Bertín Osborne, comentar el partido del Madrid y salir en el Hormiguero antes de tomar una decisión coherente al respecto.


domingo, 11 de octubre de 2015

EL PERIODISMO DE CLICS

Hace poco, en una reunión de trabajo, el editor y un redactor jefe de uno de los periódicos más vendidos en nuestro país me daban lecciones magistrales de como se distribuye la información en un diario digital: es muy sencillo, la redacción y los editores o portadistas van subiendo información según se va produciendo y son los propios lectores los que después deciden qué permanece y qué es condenado a ir bajando en la pantalla hasta desaparecer. Las noticias con más clics se quedan arriba y las demás se van hundiendo en eso que se llama scroll, hasta volatilizarse. Una mera cuestión de audiencias, muy similar a lo que ocurre en las televisiones, donde el programa que no da el share esperado se va al garete.
Vale, ya lo había notado yo hace tiempo, pero nunca pensé que los propios responsables iban a presumir abiertamente de tal aberración periodística. Los criterios democráticos no pueden ser aplicados a todo porque al final terminamos sumidos en la sociedad de Gran Hermano y sálvame, algo cuestionable en el entretenimiento, pero totalmente rechazable en la información.
Este sistema provoca la rápida desaparición de las portadas de temas de gran relevancia que son inmediatamente sustituidos por nueva actualidad, más jugosa y más sangrienta, aunque sea menos importante. Por eso asuntos que se meten de lleno en nuestras vidas y nos obsesionan durante unos días son efímeros y borrados de nuestra memoria como por arte de magia. Un ejemplo claro son los refugiados, que tanto nos enternecieron e indignaron, y que han debido volver a su país porque ya no se habla de ellos en ningún sitio. Ahora entiendo la teoría tan utilizada por ciertos políticos de aguantar los chaparrones informativos durante una semana porque no hay noticia ni escándalo capaz de mantenerse en el candelero más de ocho días.
Por eso los redactores tienen ahora más presión para conseguir "clics" en sus noticias, por eso los titulares han pasado a tener más importancia que nunca. Para entender todo esto, explicado por alguien que escribe un poquito mejor que un servidor, leed el artículo de Juan Goytisolo que me ha incitado a escribir esto. Se merece unos cuantos clics.
PD. La entrada, no lo sé, pero la foto sí que he conseguido que tenga muchos clics...

jueves, 1 de octubre de 2015

PERDEDORES

Una última reflexión para cerrar el culebrón catalán aunque solo sea por un par de minutos. Estábamos tan acostumbrados al espectáculo de cada noche de elecciones viendo las celebraciones de todos los partidos como ganadores de la consulta, que lo ocurrido el domingo en Catalunya nos ha dejado un tanto desconcertados. Es la primera vez en la que no solo no ha habido ganadores sino que todos han perdido.
Es verdad que el tema es tan complejo que cuando escuchas entrevistas a personajes tan distintos como Borrell, Baños, Arrimadas o Iceta piensas que todos tienen razón. Así que un día te levantas cantando Els Segadors y al siguiente vestido de "la roja". Sinceramente si fuese catalán no sabría qué pensar ni qué votar. Y eso se nota en los resultados, en la enorme división de pareceres, en la fractura social, posiblemente innecesaria, que los más radicales de uno y otro extremos se han encargado de alimentar con enorme inconsciencia.
Es curioso, pero los extremos siempre se tocan y al igual que pasa con los extremistas políticos, también pasa con los extremistas nacionalistas. Tiene cierta guasa ver como quienes atacan el catalanismo nacionalista lo hacen defendiendo un nacionalismo español tan antidiluviano, insolidario y corto de miras como el otro. Y viceversa. Tiene gracia como se interpretan los datos de la historia, las fechas y los movimientos de fronteras caprichosamente dependiendo del interés político de cada uno. Todo ello con la misma frivolidad y nula objetividad que cuando se discute si es mejor Leo Messi o Cristiano Ronaldo.
El caso es que hubo elecciones, parlamentarias para unos, plebiscitarias para otros y lo que es ya de partirse de risa es que todos las han perdido. Los nacionalistas porque las plantearon única y exclusivamente como un referéndum de apoyo a la independencia en busca de una sonada mayoría de votos y no consiguieron pasar ni siquiera del 50%. Los no independentistas porque no dieron validez a ese plebiscito y enfocaron la consulta como lo que técnicamente era, una elección de parlamentarios y perdieron porque los partidos independentistas sacaron más diputados. Y ya para troncharse verles a todos por la noche defendiendo lo contrario de lo que han dicho durante toda la campaña, Junts pel sí hablando de elecciones parlamentarias y los antinacionalistas hablando de referéndum.
La papeleta que hay ahora por delante es complicada y necesita de mucha más mano izquierda, empatía, diálogo y cordura. Sin tanta amenaza, tanta chulería, tanto insulto, tanta denuncia, tanto victimismo, tanto Mas, tanto Rajoy...
Tíos, que no ha ganado nadie, que habéis perdido todos y sobre todo los ciudadanos que siguen puteados sin que nadie se centre a resolver sus problemas de verdad. Que ha perdido Catalunya y ha perdido España, Espanya y Cataluña.