miércoles, 6 de noviembre de 2013

EL CHULAPO

Nunca había ido a la zarzuela ni tenía la más mínima intención de hacerlo. Aunque me gusta la ópera, la zarzuela siempre me ha provocado un cierto rechazo, como la mayoría de las costumbres y sellos folclóricos de esta ciudad que tanto me gusta y quiero, llamada Madrid. Sí, soy madrileño de los que presumen de ello, me encuentro más a gusto paseando por la calle Espoz y Mina que por los senderos del Yosemite, soy urbanita y Madrid tiene una magia especial de la que muy pocas ciudades pueden presumir. Sin embargo, no puedo con el rollito chulapo chulesco madrileño, ni con el chotis, ni con los entresijos y gallinejas, ni con la verbena, ni con San Isidro, ni con Florentino, ni con Mrs. Bottle... Vale que son parte de nuestra cultura, pero creo que el valor añadido que aportan a la identidad madrileña crea más rechazo que simpatía y nos confieren un toque de ciudad casposa del que poco a poco hay que liberarse.
Eso son prejuicios o lo eran, porque la semana pasada tuve ocasión de acudir al Teatro de la Zarzuela a ver la Verbena de la Paloma y quedé absolutamente maravillado con el espectáculo, por su calidad musical, su divertido argumento y el constante ajetreo de actores en el escenario. Reconozco que me costó mucho no tararear en voz alta y que desde entonces canto todos los días en la ducha lo del mantón de la China-na-na, Chi-na-na... Claro está que tenía alguna otra excusa de peso para estar entusiasmado con el show: la escenografía de la zarzuela estaba realizada tomando como base cuadros de mi madre y lo que podía haber sido anecdótico, he de reconocer que llegó a emocionarme. No he conocido a nadie más madrileño que a ella y sin duda supo transmitir esa pasión, pero tampoco la recuerdo nunca escuchando zarzuela e imagino su cara de sorpresa si hubiese llegado a ver esta representación. Dijo Camilo José Cela que Amalia Avia era la pintora de las ausencias, porque sus cuadros mostraban lugares con mucha vida vivida, pero sin ella, y esto fue lo que me resultó más chocante y conmovedor en la zarzuela: ver abrirse las puertas de los balcones y asomarse jovencitas cantando; novios apoyados en las destartaladas farolas o señales de prohibido aparcar; tabernas repletas de clientes... De repente las obras de Amalia Avia recuperaron sus presencias, regresaron a la vida, la misma que tenía su autora, la persona más vital del mundo.
Todo este homenaje a Amalia Avia se lo debemos y agradecemos al director de escena, José Carlos Plaza, y podéis verlo hasta el domingo en el Teatro de la Zarzuela. Yo le agradezco también mi reconciliación con la zarzuela y los chulapos madrileños. Ya me siento uno de ellos.

2 comentarios:

  1. Entrada para la Zarzuela 30 €, refresco en el bar durante el descanso 3€.....ver a Diego vestido de chulapo, cantando " el mantón de la Chi na-na", eso, eso, no tiene precio.

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  2. Entrada para la Zarzuela 30 €, refresco en el bar durante el descanso 3€.....ver a Diego vestido de chulapo, cantando " el mantón de la Chi na-na", eso, eso, no tiene precio.

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