lunes, 18 de marzo de 2013

¡CHOF!

No es muy original decir que no me gustan los "reality shows". En verdad, no puedo juzgarlo objetivamente porque nunca he seguido ninguno y el mando de mi tele tiene un resorte que cambia inmediatamente de canal cuando detecta cualquier tipo de concurso de jóvenes desvergonzados intentando hacerse famosos a cualquier precio, ante un jurado de famosetes histriónicos encantados de hacer el ridículo por un puñado de euros. Es lo que todo el mundo reconoce como telebasura, pero una buena parte de los españoles consume con gusto.
Siento cierta vergüenza de un país o un mundo, cuyas personalidades más ilustres son aquellos que más gritan, más insultan y menos rubor tienen ante la cámara. Gente que, lejos de pasar desapercibida, presume de los valores más repudiables en una sociedad medianamente civilizada. Personajes famosos, cuyos méritos se limitan a ser hijo de, exmarido de, viuda de o exladrón, excorrupto, exdeportista fracasado o simplemente payasete... pero que matarían por mantenerse de por vida en esa putrefacta alfombra roja que les aporta dividendos por hacer el tonto.
Pero ellos, en el fondo no tienen la culpa, porque al fin y al cabo, están aprovechándose de el mediocre negocio de la tele-tonta, la tele-imbécil que sólo se guía por audiencias y desoyendo de su responsabilidad como gran medio de masas, frivoliza con la capacidad intelectual del espectador. Vamos, que nos llaman idiotas con todas las letras y nosotros lo aceptamos. Esos gigantes mediáticos que después se ponen muy dignos a la hora de juzgar, exigir a los políticos y hacer periodismo de investigación de gran altura, son los mismos que nos envenenan, echándonos en el plato repugnantes dosis de Faletes, Olvidos Hormigos, Jesulines y Álvaros Bultós.
Como además carecen de excesiva creatividad y valentía, su línea de trabajo es siempre la misma, mirar de reojo al de al lado y copiar, copiar y requetecopiar. De ahí que por casualidad surjan a la vez dos programas sobre algo tan interesante y trascendental como son los saltos de trampolín. He visto sólo las promos de ambos y he quedado absolutamente alucinado con la estupidez humana. Nada nos puede hacer más felices que ver a alguien poco agraciado físicamente haciendo el más sonoro ridículo saltando torpemente al agua, siguiendo la histórica tradición hispana de los esperpentos.
Pero es como la política, pueden hacer lo que les dé la gana porque luego llegamos los españolitos y los refrendamos, ya sea en las urnas o con el mando a distancia. Y si mañana nos ofrecen el nuevo show multipantalla "mira quién caga..." ahí estaremos todos para reventar el medidor de audiencias comparando las heces de Julián Muñoz con las de Guti o incluso de Belén Esteban. Tiempo al tiempo.

2 comentarios:

  1. En mi casa solo se logra ver, no sé porque, Clan o Disney Channel, pero el otro día en el telediario entre Barcenas y Urdangarin, pusieron una imagen de Falete embutid@ en un bañador de volates, que me arrancó una carcajada..............vamos confieso q me mee.

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  2. ¡¡¡¡ que pedazo de vago ¡¡¡¡ .....

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