viernes, 22 de febrero de 2013

HÉROES CON PIES DE BARRO

No me interesa nada el morbo del cojo famoso matando a su chica, aunque pueda ser un best seller mundial. Tiene todos los ingredientes perfectos para el amarillismo y la casquería periodística. Joven héroe mundial casado con rubia maciza, la mata y se escuda en una poco creíble excusa digna del mismísimo Hitchcock. La sociedad que le encumbró procede a lapidarle justamente. Cómo mola lo de lapidar héroes caídos.
Sin embargo, el caso no tiene mucho más que ofrecer que el de cualquiera de los cafres que por estos lares se llevan por delante, casi a diario, a decenas de indefensas mujeres. Es la lacra de otro tipo de héroe, el machote de orgullo herido, el más peligroso ser sobre la corteza terrestre. Pistorius, que se había superado a sí mismo en un ejemplo para toda la humanidad, ahora se ha auto destruido en otro ejemplo de inhumanidad.
Pero ya digo que no me atrae la cuestión y si escribo de ello es sólo porque me llama la atención la ejemplar rapidez de la justicia sudafricana, que está a punto de dictar sentencia cuando apenas se ha cumplido una semana del asesinato. Así, con los datos fresquitos, las memorias llenas y todos los testigos vivos es como se debe juzgar cualquier hecho. Así es como cualquier niño, con su inocente pero lógica mentalidad, nos sugeriría que se debe aplicar la justicia. Todo un ejemplo para aprender de él. Nuestra justicia es en ese sentido tercermundista. Con qué rigor se pueden juzgar hechos, diez años después de su desarrollo, fuera de su contexto, con personas desaparecidas, con recuerdos borrados y con mucho tiempo para que los culpables puedan esgrimir y utilizar triquiñuelas legales para esquivar a la justicia. Así ocurre que Ferrán le echa la culpa a su socio muerto o algún otro incluso a los padres o en la mayoría de los casos, realmente los testigos no se acuerdan de los detalles. Si estamos juzgando ahora el Prestige, la Operación Puerto, el caso Palma, la Gürtel y tantas causas graves que ocurrieron hace varios años, cómo podemos hablar de objetividad y justicia, si el simple paso del tiempo destroza principios como la presunción de inocencia, el derecho a la defensa o el resarcimiento a las víctimas.
Sólo en algunos casos aislados, la justicia consigue actuar de forma rápida y fulminante, como es el caso de otra "lapidación", la del juez Garzón.  No os quepa ninguna duda de que cuando se juzgue el caso Bárcenas, la niña de Rajoy ya habrá dejado las Nuevas Generaciones y los datos que ahora parecen tan contundentes habrán quedado diluidos en el tiempo.
Quién nos iba a decir que hasta Sudáfrica nos iba a dar lecciones de justicia, derribando con dolor a su héroe con los pies de barro... Perdón por el chiste malo y cruel, pero no me he podido contener.

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