domingo, 11 de diciembre de 2011

EL CAZADOR CAZADO


El jueves me fui de caza. Era mi primera vez… y mi última. Con lo espectacular que es el cañón del río Salado y la cantidad de faunas y floras que en él habitan, no pude resistir la tentación. Hacía mucho que no veía tanto buitre suelto fuera de la gran ciudad y decidí aprovechar la oportunidad, subirme al risco más alto y sigilosamente acercarme a sus buitreras a ver si cazaba algo. Por el camino iba ojo avizor por si se me cruzaba un corzo, una perdiz, un conejo o cualquier otra pieza. Pero na de na, el día estaba muy tonto y lo único que encontré con vida eran algunas pulgas que dejan las cabras en los matorrales y que revoloteaban con entusiasmo al ver un mamífero a quién dar por saco.
Una vez en la cima, a escasos veinte metros de la guarida del buitre leonado, me percaté de que mi presencia asustaba a las aves, que habían salido en estampida hacia el otro lado del cañón. Quizás mi indumentaria con mi característico polo rosa, las gafas de sol y semejante trabuco entre las manos, no era lo mejor para pasar desapercibido. Así que decidí cambiar de estrategia y me escondí entre unos arbustos, tumbado sobre una roca. Apunté hacia la repisa de la buitrera y me armé de paciencia, como buen cazador, esperando mi momento. Pasaron los minutos y creo que alguna hora. Mi tono de voz, aunque sólo fuera en pensamiento, se parecía ya al de Félix Rodríguez de la Fuente hablando de “alimoches”. Recordé que hace unos años, cuando tenía el instinto comercial más afinado, me llamaban el alimoche. Seguían pasando los minutos y el buitre no se dignaba a bajar a casa; me estaba retando y desde luego me demostró ser bastante más inteligente que yo. En algún momento, cuando revoloteaban por encima de la cabeza, creo que incluso llegué a oír alguna risita de uno de esos enormes pajarracos descojonándose del estúpido humano del polo rosa.
No puedo decir que la espera fuese excitante porque no lo fue, pero mi mente se encargó de hacerme pasar el rato. Cuando uno se tumba durante horas en una piedra en medio de una montaña, o se lleva un libro o algo de comer o por lo menos el Ipod, pero ninguno de estos elementos es compatible con la caza. Así que tumbado, mirando hacia el cielo y esperando a la presa que nunca llega, uno se dedica a contar los aviones que hay en el cielo y a sorprenderse por ver hasta ocho al mismo tiempo. Estamos en un pasillo o corredor aéreo y siempre que levantas la cabeza ves uno, aunque por suerte no se oyen. Empecé a hacer mis cábalas, ¿de dónde venían?, ¿a dónde iban?, ¿Estamos solos en la galaxia?, ¿qué ha hecho el Madrid?, ¿estarían buenas las azafatas?… Como conclusión puedo deciros que lo único que saqué en claro es que ya me da menos miedo volar, porque si en cada momento hay encima de Santamera, provincia de Guadalajara, Castilla La Mancha, España, Europa, esa cantidad de aviones, ¿cuántos habrá volando al mismo tiempo en todo el mundo?
El cielo surcado por líneas blancas de humo y por lejanos buitres haciendo círculos, empezaba a cansarme cuando apareció un helicóptero volando bastante bajo. No es algo habitual en la zona y pensé que era Mariano Rajoy, que de vez en cuando aparece en casa de unos amigos, suyos, en Imón. Empecé a pensar lo que le diría si en ese momento apareciera paseando por la montaña. Pensé en el “no nos falles” o en el “no nos folles” y cuando empezaba a preparar mi discurso, un inocente buitre aterrizó revoloteando sobre el risco. Levanté deprisa el teleobjetivo, disparé varias veces pero nada, desenfocado y movido y con tanto ruido del obturador ese gigantesco “chisme” salió volando de nuevo. ¡Maldito Mariano!

1 comentario:

  1. Pues en uno de esos aviones me fui yo el jueves, y con el despegue y aterrizaje que tuve le volverias a coger miedo a volar, mucho miedo, pero en fin , no paso nada. Eso si por culpa de Mariano, Zapatero y sus amigos, para cruzar una plaza de 50 mts tuve que dar un rodeo de 1,5 km, y eso que no tengo pinta de sospechoso.

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