jueves, 17 de enero de 2013

Y NO SUPE QUÉ DECIR

Estoy muy desconcertado y desolado, podéis imaginarlo. Pero no os voy a hablar ni de Argelia, ni de Mali, ni siquiera de las Barcenas Reales. He almacenado demasiada información en la cabeza y tengo que procesarla. Y lo peor de todo es que se me ha mezclado con el examen de historia de mi hijo Martín y el batiburrillo es considerable.
Hoy toca el último repaso de la semana, el definitivo. Le llamo para que venga a estudiar, pero no me hace caso, está enfrascado en una apasionante partida de Minecraft en el ordenador y no hay forma de despegarle. Está conectado vía Skype con un amigo de San Francisco, un desconocido holandés y un compi de Alcobendas, todos ellos hablando en un incomprensible inglés lleno de jerga y términos frikies. De pronto paran la partida y el californiano le enseña a Martín a cambiar todos los reglajes del juego, buscar archivos en el ordenador y otras cuantas complicadas misiones informáticas teledirigidas desde la otra punta del planeta. El papá, asomado por detrás del hombro, con la boca abierta y los cables cruzados, se siente orgulloso de lo listo que es el chaval y desmoralizado por no entender bien el fenómeno.
Con cierta rabia tiro de él y le siento junto a mí a estudiar: "A ver, Martín, ayer nos quedamos en la formación del Reino de Aragón, <La zona central de los Pirineos estaba dividida en tres condados Ribagorza, Sobrarbe y Aragón, todos ellos bajo dominio franco. En el condado de Aragón, la familia del conde Aznar Galindo logró su independencia de los francos y situó la capital en Jaca. Pronto, el condado aragonés cayó bajo el dominio del reino de Navarra> ¿lo entiendes?"
A mi me cuesta enterarme y sólo saco en limpio que Franco y Aznar ya estaban por allí, pero él ni siquiera eso, me mira con cara triste y resignada y me dice: "¿Papá, dónde coño está Ribagorza y para qué me sirve aprenderme esto?". Evidentemente no supe qué contestar y no tenía ganas de sermón sobre la importancia de la historia. Como me vio dudando se acercó al ordenador y tecleó en la barra de Google: "Origen del Reino de Aragón" (realmente lo puso sin tildes ni mayúsculas, pero bueno) y de inmediato salieron en pantalla las primeras respuestas de los 1770 resultados que el buscador había encontrado en 0,23 segundos. Una vez más no supe qué decir.
Volví a tirar de él y le hice varias preguntas, simulando el examen, para comprobar si estaba preparado. Este fue el resultado:
-Actividades económicas en Al Ándalus: Agricultura, artesanía y márketing.
-¿Quién dividió el reino de Navarra entre sus hijos?: El Rey Sancho Panza.
-¿Cuáles eran los Reinos de Taifas?: Toledo, Sevilla, Málaga y Moralzarzal.
Y no supe qué decir.
Entre cabreadas carcajadas le obligué a repasar todo el tema, mientras él me pedía permiso para hacerse una chuleta... Y no supe qué decir.


2 comentarios:

  1. La respuesta es SI. Hacerse la chuleta supone un esfuerzo extra de concisión y comprensión del tema. Estudiar escribiendo ayuda a la memorización. Además ayuda a desarrollar el ingenio y la imaginación respecto al diseño que se elija.
    El permiso para usarla ese si que no deberías dárselo, otra cosa es que te haga caso... Claro que moralmente tampoco debemos negarles su uso, el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.

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  2. Otra ventaja de ser mujer de caderas anchas y muslos en expansion. Yo he llegado a escribirme en los muslos la tabla peridoca enterita, la segunda guerra civil y hasta un mapa del mundo con mares y sistemas montañosos.

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