miércoles, 18 de julio de 2012

NUEVE HORAS MENOS...

Nueve horas menos en San Francisco, así se llamaba un blog divertidísimo que hay por ahí, colgado en la red. Y ahora, un año después de nuestro regreso, os entiendo perfectamente. Qué lejos está la costa californiana; qué lejos está en kilómetros y millas, pero sobre todo, qué lejos está en minutos y horas. Los chicos llevan allí casi tres semanas y nos ha sido complicadísimo contactar con ellos y apenas sabemos que están bien y que lo están pasando bomba por sus escuetísimos monosílabos en Facebook.
Realmente lo que eran breves eran las contestaciones. A interminables preguntas: ¿Qué tal todo lo estáis pasando bien habéis visto a todos los amigos hace buen tiempo que planes tenéis para el fin de semana nos echais mucho de menos os acordabais de San Francisco estáis contentos?, concisas respuestas: "Bien". Pero en cambio de vez en cuando había todo un derroche literario claramente justificado: "Hola Papi, todo muy bien por aquí, pero se me ha roto el Ipod y he encontrado un sitio barato donde me lo arreglan y como me gasté todo el dinero en chuches y en petardos para las fiestas del 4 de julio, no sé como voy a pagarlo y he pensado que podías hacer una transferencia ¿verdad?". Y son esos momentos en los que uno deja de sentirse padre para sentirse banco, pero claro dudas si eres un banco bueno o un banco malo, si tienes activos tóxicos (quizás este catarro alérgico crónico que me hace carraspear como un abuelillo) y si debes o no conceder el crédito que te están pidiendo, no vaya a ser que permitas que el chaval viva por encima de sus posibilidades y luego lo pague. Él y su prima.
Pero lo de las nueve horas es un gran inconveniente, a la vez que una gran excusa. De hecho yo me pasé medio año sin dar un palo al agua con la excusa del horario. Es verdad, cada vez que me preguntaban algo por mail, cuando contestaba habían pasado ya dos días y a nadie le importaba ya mi opinión. Bien es cierto que nunca les ha importado mucho, aunque esté en el mismo uso horario y latitud. Con los chicos pasa igual, cada vez que te acuerdas de algo y vas a preguntárselo, resulta que allí es de madrugada y no te atiende nadie, y cada vez que ellos escriben con urgencias monetarias, sólo pueden oír mis ronquidos y tienen que esperar a que desayune, se me pase el mal humor matinal y les conteste, ya cuando están dormidos de nuevo. Auténtica conversación de besugos, merluzos o cualesquiera pescados al horno con limón. Creo que tengo jet lag.

2 comentarios:

  1. El verano que viene me voy yo a SF. Si se me acaba la pasta, a mi también me mandaràs una transferencia o a la mierda, papi?..........

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  2. Quede claro que su prima no va a pagar el arreglo del Ipod, es un activo tóxico.

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