miércoles, 2 de noviembre de 2011

SOY UN FANTASMA

Ya sé que la mayoría estáis de acuerdo con la afirmación. Lo que no sabéis es que el día de los muertos decidí ejercer de verdad, de fantasma, que no de muerto. Es lo que tenemos los miedicas, que nos gusta meter miedo. Resulta que el sábado cenamos en casa de unos amigos que tienen una vieja mansión en el campo, en la que los espíritus van saludándote por las esquinas. Una antigua finca en la que todos sus propietarios murieron en condiciones extrañas lo cual da mucho más jugo y juego a la hora de contar tenebrosas historias. Es curioso que para ser espíritu hayas tenido que morir asesinado o descuartizado o haberte caído por la escalera o haber sido ejecutado. No puedes ser un buen Iker Jiménez si se te aparece un señor que se murió de un cáncer de próstata o una buena anciana que no superó una pulmonía. Yo realmente no creo en ellos y me divierten esas misteriosas historias, como la del fantasma Ataulfo que se aparece en el Museo Reina Sofía; dicen que también está el de Picasso o los de algunas de las figuras masacradas del Guernica; los de la Casa América o el inquietante personaje de las fotos de la casa de Verdi; de todos ellos hablaban el domingo en la radio mientras yo conducía con el vello erizado, que sin ser tan pedante significa con los pelos de punta. Porque no creo en ellos pero en cuanto me cuentan alguna historia, entro en pánico, empiezo a girarme, a mirar por el retrovisor, a encender luces, a buscar compañía, a salir por piernas de donde esté.
Y todos los años, los periodistas aprovechan para hacer reportajes especiales con la muerte y los fantasmas como protagonistas. Tengo que reconocer que me gustaron las historias de una familia que le puso los auriculares al padre muerto para que escuchara la retransmisión del partido del Atleti durante su velatorio, o la del bético que acude al Villamarín con las cenizas de su padre metidas en un tetrabrik.
El caso es que cansado de pasar tanto miedo, a veces decido meterlo yo, el miedo. Así que en la maldita fiestecita de Hallowen de mi hijo Diego, el que no bebe, decidí vengarme de cinco o seis niñatas bastante cursis, que tampoco beben, pero hablaban con lengua de trapo. En mi labor de vigilante estaba yo en casa de mi madre y escuché como las chicas contaban historias de miedo sobre la casa abandonada, así que decidí intervenir con la ayuda de Steve Jobs. Saqué mi iphone, lo puse en función de linterna y alumbré mi mano mientras daba unos golpes sobre la ventana. El grito de las chicas fue tan agudo que casi anula mi carcajada... Fue mi particular forma de vengarme de la nochecita de Hallowen que me dieron. Rencoroso que es uno.

3 comentarios:

  1. Lo de ser mala persona asustando te viene de lejos, espero que mi hijo Mario escriba sus impresiones, cuando en su 5º cumpleaños hicimos una fiesta de disfraces. El mamonazo de su padrino se vistió de Joda sin avisar y llamó al timbre, creo que algunas de las niñas, (mi hijo sólo invitaba a niñas), todavía tiene pesadillas. Por cierto MI HIJA NO BEBE NI FUMA, eso espero y yo no ha he pillado, si la pillo... no ve la luz del sol en una temporada.

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  2. No lo se la verdad, cuando vaya a Madrid lo miro en el supercajón lleno de fotos antiguas. Si existe la foto del susodicho prometo colgarla.

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